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13 de mayo de 2012

I. El Principio.

Léase antes EL CORAZÓN DE LAS RATAS, de EL KRONISTA DE KRATKA.
 
"Después del 'gran catapum' que lo asoló todo; y muy lejos de la lejana península donde la tribu de Unkh llegaría a ser el único obstáculo en los planes de dominación del territorio cultivable de Europa de los demonios verdes de Megalisboa; existió la sombra.
Y en las sombras habitaban los Fantasmas, que eran espíritus de terror con cuerpo de hombre y de mujer y se alimentaban de la oscuridad que les rodeaba. Pero a Dios la sombra le era abominación, y ordenó a sus ángeles que crearan la luz; y la luz se hizo, y Él vio que era buena. Mas los Fantasmas renegaron de la luz y habitaron las cavernas y las profundidades de los edificios que habían quedado en pie tras el 'gran catapum'.
Y como nadie habitaba en la luz, Él pensó que debía haber seres que la habitaran; y ordenó a sus ángeles que poblaran la luz con seres humanos del pasado para que alabaran la luz y vivieran en ella. Y fueron llamados Sabios, porque es sabiduría habitar en la luz y abominar la oscuridad.
Pero los Fantasmas, cuadno la sombra de lanoche se cernía en la ciudad derribada que fue reconstruida de nuevo, mataban a los Sabios y hacían gran mortandad entre ellos aprovechando la sombra de la cual se alimentaban. Y Dios vio que era malo; y ordenó a los ángeles que juntaran ese amanecer a todos los Sabios, hombres y mujeres del pasado, y que se postraran al unísono en el valle, que fue llamado el Valle de la Bendición, mirando al este, a la salida del Sol, ataviados con armaduras de metal y armas de metal tanto de filo como de fuego.
"Y su gloria cubrió los cielos; y la Tierra se llenó de su alabanza; y el resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de sus manos".
Y los Sabios fueron bendecidos; y los Fantasmas fueron malditos. Y cuando los FAntasmas, al cubrir la noche la ciudad, fueron a asesinar a los Sabios, éstos contraatacaron...
... conviertiendo la ciudad qeu fue reconstruida de nuevo en un campo de batalla..."

I. EL PRINCIPIO.

Aira apoyó su puño cerrado derecho sobre la arena del Valle de la Bendición, rodeado del resto de Sabios, también se hallaba arrodillado; como les habáin ordenado los ángeles que lo hicieran; en gesto de vasallaje y pleitesía. Tal y como los demás, lucía una armadura de bellos reflejos azules y grises, con una apertura en la coraza a la altura del omoplato izquierdo para que su ala, pues todos tenían una indistintamente a la derecha o a la izquierda de su espalda, quedara en plena libertad de movimiento.
Tras un breve pero solemne silencio, la múscia comenzó a llenar sus oídos. Aira miró hacia arriba y su rostro fue bañado por la cálida luz que brillaba en lo Alto. La melodía, hipnótica, lenta y dulce, imprimió ánimo en su corazón con un súbito bienestar que le provocó una amplia sonrisa de plenitud. De los rayos solares que copaban la bóveda celeste blanca y rosa y azul, surgió una voz que dijo, estentórea aunque clara, potente y armoniosa, en todos lados y dentro de su cabeza:
- Id, y luchad contra los Fantasmas; pues vosotros sois Luz, y ellos Oscuridad; pues vosotros sois para el Bien, y ellos significan el Mal.
Y los rayos se fueron apagando paulatinamente mientras todos contemplaban el juego de colores y luminosidad qeu era aquel espectáculo; y el silencio regresó al valle.

Los Sabios se levantaron casi al mismo tiempo, y Aira pudo sentir un gozo eterno e inmenso en sus adentros. A su lado, Sfera, una Sabio, le sonrió clavando sus hermosos ojos verde aguamarina en los azul turquesa de Aira.
- ¿Cómo te sientes?
- Igual que tú, supongo... bien.
- Bien.

En la marcha de regeso a la ciudad, que llamaremos Apocalipsis, casi ninguno hablaba. De hecho, tras el 'shock' de haber sido bendecidos y oído la voz de Dios, que es el Metatrón, nada tenían que decir que no fuera mejor que el recuerdo de esas bellas palabras grabadas a hierro al rojo vivo en su corazón.
Los edificios, la silueta de Apocalipsis recortada en el horizonte junto al mar, que una vez los Hombres llamaron Océano Pacífico,. dibujaban un collage irregular de fachadas derrumbadas y otras en pie; de tejados por los suelos, otros colgando y algunos encima, donde debían estar; también había un puente: al norte, que se mantenía con sus fuertes y largos cables de acero sobre un barranco inmenso por el que quizá antes hubo fluido el agua. Los Sabios ya no podían sentir hambre o sed, por lo que no les debió importarles en absoluto que todo fuera desierto, menos la ciudad, otrora cubierto el asfalto de fina y caliente arena, y el ancho mar. Azul, que reflejaba en esos momentos la brillante luminosidad del cielo abierto y sonriente.

Atardeció tas la línea imaginaria donde termina el agua, bañando ésta de amarillo, naranja y rojo después. Y los Sabios se sintieron por primera vez en su recién estrenada Historia preparados para enfrentarse al seguro e inminnte ataque de los Fantasmas.
Aira y Sfera respiraron con profundidad al unísono, blandían cada cual su espada, de doble filo y acero brillante y limpio, y aguardaron frente a las puertas de un garaje a que salieran los Fantasmas que habitaban en él. De las tenebrosas entrañas del sótano de aquel rascacielos totalmente abandonado surgió, antes del enemigo, su torturada y terrorífica voz. Un grito ultra-animal que llegó a erizar el vello de los Sabios sin, por fortuna, llegar a atemorizarlos.
- ¿Preparada? - Preguntó Aira a Sfera aunque la pregunta era para sí mismo en realidad.
- Preparada.

Los Fantasmas salieron, etéreos y blancos, con brazos de hueso de humo y calaveras de gas, con los ojos transparentes y levitando sin piernas a gran velocidad hacia ellos.
Cuando el primero de los Fantasmas fue decapitado por la rápida espada de Aira, el resto sintió algo que nunca antes hubo sentido, y los Sabios pudieorn ver sorpresa y temor en los rostros óseos y evanescentes de sus enemigos tras al muerte de su compañero, qeu después de ser separada su cabeza el resto del cuerpo ardió en fuego azul emitiendo un chillido esperpéntico génesis de la locura.

Uno de los Fantasmas, el más osado del gurpo que emergió de aquellas lóbregas cocheras, asió del cuello con su mano de hueso y aire plateado de Sfera y se la quedó mirando a los ojos. Ella sonrió y le clavó el filo de su espada en lo que sería el estómago hasta ensartarlo completamente apareciendo la punta por detrás. El Fantasma expiró en fuego tal y como lo hubiera hecho antes el primero, y el resto retrocedió... regresando sin presentar más batalla a su alimento de silencio y oscuridad.

Aira y Sfera se miraron y sonrieron recíprocamente.
La guerra acababa de empezar. Pero ellos habían vencido al miedo... quizá la más fuerte de las armas de su temible enemigo.

FIN

Léase después HEREDARÁS LA TIERRA I, de EL KRONISTA DE KRATKA.

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