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29 de junio de 2012

24. Canción triste de Megalisboa III

"El plan de Artorius, desafortunadamente para la mayhor parte de la población media y pobre de la urbe, se aceleró tras el bombardeo extraterrestre a los insurgentes de Caius.
Armó a todos los efectivos policiales y miltares dcon los que contaba su poderoso ejército, sin dar descanso a ninguno por mínimo que fuera su papel en aquella empresa, y los echó a la calle con una única misión: esclavizar a toda la ciudad. Llamó a aquéllo "detención masiva", y consistió en ir, puerta por puerta, calle por calle, y barrio por barrio, deteniendo a lso no-ciudadanos conforme los hallaban y, literal y sistemáticamente, encadenándolos al más largo grillete común jamás fabricado antes en la miserable Hisoria de la Humanidad.
Obviamente, la "detención masiva" no se dio de forma ordenada y pacífica en muchas ocasiones... grupos de gente que no estaba dispuesta a entregarse fácilmente tirando agua hirviendo o cócteles molotov de aceite a las tropas desde los balcones; otros que armaron barricadas de mobiliario y escombro en las entradas de los edificios, que tenían que ser voladas y demolidas por los militares para hacerlos salir; auténticos enfrentamientos bélicos a pie de calle por parte de tantos traficantes de drogas, proxenetas y otros mafiosos quienes poseían armas sustraídas al mismo ejército, y que fueron quienes mayor resistencia opusieron y más número de bajas crearon en las filas de Artorius; e incluso, desgraciadamente, suicidios colectivos de familias y comunidades enteras, que prefirieron la muerte y la sombra a una vida de desastres y calamidades como esclavos laborales de un Gobierno asesino y traidor.

Las historiadoras de la Akademia bautizarían aquellas cuarenta y ocho horas de debacle, caos y extrema violencia como "el último miércoles". Y se convertiría, trágico e infernal, en el episodio más macabro y vergonzoso del corto trayecto histórico de Megalisboa tras el ya lejano 'gran catapum'...

...mas como siemrpe, y gracias al Cielo, donde impera la oscuridad, se abre paso la gigante esperanza, y al final o en el fondo aparece ufano hacia el frete aun triste hacia atrás un pequeño rayo de luz... y este ray ode luz en esta macabra escena, fue un ex-ministro de Artorius llamado Caius Julio Capdeto."

24. CANCIÓN TRISTE DE MEGALISBOA III.

Cuando el pitido, agudo e hiriente, cesó Caius abrió los ojos. La devastación habái sido el superlativo de demoledora. No se distinguían algunos edificios, y muchos de los vehículos habían quedado desintegrados de igual forma que las personas. el hedor a muerte apocalíptica era cuanto menso que insoportable y arrebatador. Durante las horas siguientes a la devastación, Caius anduvo perdido y atormentado por las calles, deambulando sin sentido... cuando la razón regresó a su mente, y realmente fue consciente de cuanto hubo sucedido, huyó dirigiéndose al este, queriendo escapar de la urbe para no regresar jamás.
Pudo sortear en varias ocasiones los cada vez más escasos controles policiales conforme avanzaba a los perímetros exteriores. pero llegando al final del octavo perímetro; en un lugar que a él le abominaba igual que lo hizo la matanza; unos militares le dieron el alto y él echó a correr por los sucios y hediondos callejones para tratar de despistarlos. Al hacerlo, sin saberlo, entró en un barrio que los lugareños conocían como el "Territorio Violeta": un entramado de callejones, con los tejados de los bajos edificios conectados por infinitos puentes, donde los Violeta, una familia mafiosa, tenían absoluto control de sus habitantes, inmuebles y comercios.
Una bolsa de tela negra y un fuerte golpe en la cabeza fueron el preámbulo del posterior despertar de Caius en un garaje equis de los Violeta... Sansón Violeta, uno de los matones de la familia, reconoció la insignia gubernamental de la cual Caius no se había desprendido, colgando de su cordón de oro en el cuello. Eso le salvó la vida...
- ...quieren esclavizar a la población... por completo... - aseguró Caius con las manos todavía atadas tras el respaldo de la silla a la que le encadenaron. Sansón le creyó e hizo una llamada a su tío, Lucas, quien fue a entrevistarse en persona con el ex-ministro...
- ¿No nos estarás contando todo esto para salvar el pellejo, eh?... de todas formas, no perdemos nada por creerle... serás nuestro rehén hasta que lo que dices suceda, si es que ocurre, y en ese momento ya veremos qué hacemos contigo y qué plan de choque trazamos...

Y el último miércoles llegó. Y Lucas Violeta supo que Caius había dicho la verdad... los militares ya habían llegado al perímetro ocho, donde se ubicaba el famoso Territorio Violeta, y éstos debían adaptarse y pensar rápido cómo reaccionar ante el dramático ataque del Ejército de Artorius.
- Les encerraremos... - dijo Sansón, - rodeándoles por la cuatrocientos dos y hacia la izquierda... - con un plano del perímetro desplegado sobre la mesa.
- No... - se atrevió Caius - ¿Cuántos sois: trescientos? Ellos son miles... ¡os aplastarán aunque vosotros acabéis con el primer contingente que os ataque de forma directa!
- El político tiene razón... sólo podríamos contenerles durante un tiempo y, si se les pusiese muy difícil hacerse con nuestro territorio...
- Os bombardearían como hicieron con los manifestantes el otro día.
- Jamás un Violeta ha huido a un enfrentamiento. - Sentenció Sansón.
- Pero es mi misión, - replicó Lucas - preservar la integridad de la familia: la supervivencia, en ocasiones como esta, tiene que estar por encima del honor...
- Pero sólo a primera vista, Señor Violeta. - Dijo Caius: - Si hoy somos capaces de escapar de Megalisboa: todo su clan quien quiera que desee unírsenos en esta huida, pues es ilógico pensar ahora en cuestiones de lazos de sangre; podremos planear el enfrentamiento que vamos a dejar pendiente desde fuera y... quién sabe, un día podremos saciar, mejor preparados que en estos momentos, nuestra sed de venganza.
Lucas asintió y guardó silencio. Caius tenía toda la razón...
- Está bien, - admitió Sansón plano todavía delante, y añadió: - por esta boca, se llega a un túnel... ¿recordáis cuando tuvimos que esconder aquellas armas que les birlamos a los soldados el año pasado? - los secuaces que les acompañaban asintieron - el entramado de túneles termina en unos tubos anchos cuyas salidas están en el desierto, a un par de kilómetros de la linde de la ciudad.

Gracias al perfeccionado sistema de comunicación silenciosa de la mafia, cuando los pirmeros militares entraban en el Territorio Violeta, sus habitantes (relacionados todos de algún modo con la familia) ya estaban recorriendo, armados de teas y linternas además de esos viejos rifles y pistolas, los túneles de las cloacas megalisboetas. Caius iba, sin esposas y armado como uno más, a la cabeza junto con el propio Lucas... charlando del porqué miserable de ese atentado de Artorius contra su ciudad...
...conforme iban viajando al este, al final, unos exploradores iban avisando a quienes podían del éxodo; y muchos de aquellos que sufrieron toda su vida la brutalidad de aquel sistema injusto de clases, se les anexionaron haciendo de la marcha subterránea el mayor movimiento migratorio simultáneo de toda la Historia de Megalisboa.

Horas después, el sol del amanecer les sorprendió en el desierto. Miles de exiliados, de refugiados apátridas, en silencio y mirando al sol naciente emularon al pueblo de Jacob después de atravesar las vastas arenas del Néguev.

FIN

"Aunque tengamos la evidencia de que hemos de vivir constantemente en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza." Pío Baroja 

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