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14 de junio de 2012

V. Exterminio Fantasma I.


Léase antes EL RETORNO DE LOS SABIOS, de FUEGO O BENDICIÓN.

“En algunos lugares que, de haberlos conocido la Humanidad, ésta los hubiera dado por sagrados, los espíritus de los Héroes fueron despertados. El despertar completo no podía darse, hasta que los espíritus, envueltos en una pompa mágica como de jabón y flotando en el aire, se fundiesen con o entrasen en los cuerpos que cerca de la ciudad que fue reconstruida de nuevo habían depositado los ángeles.
El primer Héroe en regresar a la Vida fue el de Itzachá-Azumi. Éste no se hallaba en la Tierra, sino en el cielo, y por eso fue el primero en llegar, venido desde más allá de la estratosfera, al lugar donde su doble cuerpo le esperaba. El alma era uno solo: tanto se amaron Itzachá, el hombre-lagarto; y Azumi, la hija del Jefe Satsuma – el último samurai -, que Él les concedió la gracia extraordinaria de fusionarse en un único espíritu para así, inseparablemente, morar unidos toda la Eternidad [Léase F&T VI: Revoluciones]. Por tanto, el alma dual halló en el sitio pre-indicado dos cuerpos que habitar…

…los Fantasmas sintieron un estremecimiento inusual, terrible, cuando al fusión se dio… y los Sabios supieron, al verlos acercarse por la linde del desierto, que sus plegarias de ayuda para exterminar a los seres oscuros habían sido escuchadas.”


V. EXTERMINIO FANTASMA I.

Zafira, una Traidora poseedora de una recortada bendecida de proyectiles ilimitados, fue la primera en ver a los Héroes aparecer sobre las dunas ardientes… cuando el alba comenzaba a despuntar sobre el horizonte dorado de ondas y arena.
El paso de la pareja era lento y preciso, parecían no tener ninguna prisa en llegar. No hablaban entre ellos y sus ropas: él una túnica gris y ella con un traje ceremonial de geisha, ondeaban de manera cadenciosa. Como, y así en realidad era, si fuesen dos semidioses preparándose interiormente para la última y definitiva de sus batallas.
Sfera se acercó a Zafira, comprobando su ensimismamiento en aquella impracticable terraza cerca de la frontera. Dirigió su mirada a donde miraba Zafira y los vio, ya muy cerca, aproximándose…
- Voy a avisar a Aira… - dijo.
Y minutos después una comitiva; mejor dicho, todos los Sabios que en la ciudad se quedaron; les aguardó en la primera calle, trozo de asfalto ajado por la arena y el sol del último siglo, de su inhóspito feudo.

Ninguno de los Sabios había visto en esta segunda vida nada igual. Itzachá extendió su garra de escamas verdes y doradas a Aira, quien la estrechó; y sus miradas se cruzaron comprendiéndose al instante. El sirio cerró los ojos y escudriñó la mente y el corazón del Sabio, que les mostraron todos sus recuerdos desde el principio hasta ese momento: cómo pelear contra los Fantasmas, la Apostasía, la Bendición… todo. Incluso sus ocultos sentimientos hacia Sfera que quizá, se dijo Itzachá, ni si quiera él sabía que tenía…
- Esta noche, cuando el Sol caiga, elegiremos un punto cardinal de la ciudad y les atacaremos en su propio terreno… les demostraremos así – dijo el hombre-lagarto – que ni tan sólo la Oscuridad es ya su aliado.

Y la noche llegó. Y los Fantasmas temieron en el cantón del Oriente…
La tela elegante, finísima e infinita, del kimono de Azumi parecía danzar con el aire caliente al descender a las sombras de a pie de suelo. Los Fantasmas se arremolinaron, ignorantes de quién era ella y qué fuera capaz de hacerles, en su alrededor. Aullando ferozmente para tratar de infundir un miedo que jamás se daría en la Heroína japonesa. Quien comenzó a girar sobre su propio eje y de sus manos extendidas, en el imaginario centro de esas mangas volubles que asemejaban alas flores de azahar blancas que, al posarse en los centenares de frentes de los Fantasmas, los hacían consumirse en el fuego destructor de su maldición. Azumi se paseó, casi danzando, alegremente entre la inmensa multitud de seres oscuros; repartiendo esas flores de olor grato y dulce y eliminando, en todas direcciones, a los etéreos que huían, sin lograrlo, de su exquisita y majestuosa presencia.

En cuanto al sirio, a Itzachá, su danza bélica era algo diferente a la de su amada inmortal. El Héroe venido de más allá de las estrellas desenvainó sendas katanas en la vanguardia del grupo de Sabios que liberaba; en él se hallaban Aira y Sfera y los otros; asestando certero y a discreción sablazos en los no cuerpos aéreos de los Fantasmas, que corrían delante de él como pollos sin cabeza.
Los Fantasmas de los otros cantones de la ciudad se escondieron pronto en lo más profundo de los sótanos oscuros que habitaban; temerosos de que la matanza se extendiera por toda la urbe en una única noche de aniquilación… y los del Oriente fueron cayendo, minuto tras minuto, gemido tras gemido, fuego del Abadón tras fuego infernal, hasta que completado el hipotético círculo, se encontraron de frente el Héroe y la Heroína y sólo quedó un Fantasma resistiendo entre los dos. El aire quieto casi costaba ser respirado. Era una calle estrecha, totalmente cubierta de arena hasta el segundo piso de los altos edificios, y el ser oscuro se hallaba encaramado al sobresaliente de una farola arqueada. Sabía que ése era su fin… los dos héroes salieron corriendo hacia él a la vez desde su correspondiente dirección y, al llegar junto al Fantasma, ambos golpearon a la vez; haciendo de él decenas de diminutos fuegos que pronto se desvanecieron en ese pesado y ennegrecido aire.

Muy poco después, y antes de que el alba tiñera de novedosos colores las fachadas de la ciudad que fue reconstruida de nuevo, la pareja rescatada de los Azares del Tiempo se dispuso a despedirse de los Sabios Traidores:
- …y recordad, como os hemos enseñado en esta noche, - dijeron los dos que eran uno al mismo tiempo: - una de las mayores fuerzas que existen, y existirán por siempre pues fue incluso antes que el cosmos, es la Unión, y no hay mayor unión que la resultante del Amor… - se besaron y, sin dar oportunidad a los Sabios de decir nada, se volatilizaron y desparecieron.

Sfera, inconscientemente, asió la mano de Aira; y éste se la quedó mirando. Todos estaban en absoluto silencio. La primera luz del Sol apareció sobre las dunas. Y Sfera y Aira chocaron miradas. Reflexionando acerca de las palabras de los Héroes sobre la fuerza del amor.

¿Se llamaba amor, se dijeron sin decirlo, aquello que todavía no sabían que ambos estaban sintiendo?

Léase después CANCIÓN TRISTE DE MEGALISBOA I, de EL KRONISTA DE KRATKA. 

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