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12 de julio de 2012

26. Love Story.


“El mapa del nuevo sitio, de la nueva Península se estaba componiendo aquel caluroso y húmedo verano del año 130… fue en aquellos días de cielo azul claro, sin nubes por ninguna parte ni de mañana ni de noche, de la fragancia de las últimas rosas en los jardines, de días largos esperando a que las primeras luces del manto estrellado anunciaran el frescor que permitiera dormir, que llegaron los primeros Sabios a la Península… los llamados Apóstatas, quienes abandonaron la misión de exterminar a los Fantasmas en busca de nuevos retos…
La llegada de los mismos supuso cambios no esperados, más todavía tras todo lo acaecido hasta el momento, en nuestra tranquila forma de ver las cosas en Génesis…

Como la llegada de los Apóstatas a la Península no agradó al Todopoderoso, éste aguardó un poco de tiempo para ver cómo reaccionaban ante lo que no conocían: la civilización humana; pero debido a que su reacción fue violenta: mataban indistintamente a quien se cruzaba en ese turbio y fantasioso camino hacia la Conquista del Mundo, el Creador decidió que no merecían ya más los antiguos privilegios: la capacidad de volar, la invulnerabilidad a las armas convencionales, la falta de miedo… y fue así que les cortó las alas y los convirtió en meros mortales… lo único que les diferenció, tras la Apostasía, de cualquier otro ser humano fue la llamada Marca de los Ojos: continuaron teniendo las pupilas vacías de luz, un disco invariable de color claro y mate, que denotaba así la carencia de un verdadero alma en su interior…[fragmento de Fuego o Bendición]

Y esta es una historia que ocurrió cuando los Apóstatas dejaron de ser superiores, y fueron así obligados a convivir con el resto de los hombres…”

26. LOVE STORY.
Liro y Arza desconectaron los teléfonos al mismo tiempo. Nunca antes habían estado hablando durante tantas horas con otra persona sin ni tan sólo haberse visto las caras… y esa vez la llamada había comenzado a eso de las diez de la noche, prolongándose hasta las seis y pico de la mañana; cuando decidieron que ya era suficiente, y los párpados, pesados y llenos de arena, les aconsejaron irse a dormir.
Se prometieron enviar fotografías a través de correo urgente y, al día siguiente de esa interminable llamada, ambos hicieron lo prometido… aunque a Liro, a decir verdad, poco le importaba el aspecto de Arza: su voz, sus palabras, ya le habían conquistado hasta las entrañas…
… y cuando la vio: con esa melena negra y rizada cayéndole sobre los hombros en la fotografía, con los brazos metidos en los bolsillos de la corta sudadera azul marino, y un gesto provocativo que le dijo que Arza tenía por costumbre “posar” ante las cámaras, se dijo que debería llevar cuidado, que tenía todas las papeletas para acabar enamorado.
Algo parecido, aunque se repitiera que no le gustaba físicamente demasiado Liro, sintió Arza al ver la foto del muchacho, tumbado en el césped bajo el sol del verano, con el torso desnudo y unos vaqueros azules ajustados.

Arza y Liro, tras verse en fotografías, quedaron.
Y Liro contó los minutos, subido en su vehículo de motor de agua, que le separaron en el corto viaje desde su tribu, Kanzor, hasta la de Arza, Vehela, ambas en el sureste de los territorios de mi Señor Kratka.
Cuando se vieron, frente a frente, Liro con una de esas últimas rosas rojas y grandes en la mano y Arza, tan vergonzosa que incluso retiraba la mirada de la de Liro, ninguno de los dos supo qué decir… se gustaron. Liro propuso ir a tomar un café. Arza cogió la rosa y asintió… mientras él se devanó los sesos, y el corazón que ya empezaba a galopar por ella sin saberlo aún, porque ella le mirara y le dijera dos frases seguidas… pero una cosa llevó a la otra y, al fin, estando ambos sentados en un banco de madera de un café equis en el centro de Vehela; sin saber ninguno de los dos a santo de qué; ella se giró hacia él, y él, sin decir nada, la besó.
Y en ese mismo instante dicen que en algún lugar del mundo hubo de nacer una flor.

La noche sorprendió a ambos paseando, sin rumbo real ni dirección, tras comer unas hamburguesas, por las calles oscuras de Vehela, que era más grande que Kanzor, y tenía largos paseos que conectaban los distintos barrios de lo que ya podía llamarse, sin lugar a errores, una ciudad.

De repente, y cuando sus arrumacos crecieron sentados en el bordillo de la acera bajo la tenue y frágil luz amarilla de un farol de aceite, unos ruidos los pusieron en alerta… qué podría ser, que iba a lograr romper la magia de esos maravillosos momentos de conocimiento y romanticismo que tanto les había costado a los dos llegar a vivir… Liro se asomó a la pequeña tapia que hacía esquina mientras Arza aguardó tras él: era un grupo de hombres y mujeres: llevaban armas de fuego y blancas, y por sus pintas eran de fuera… Liro agudizó la vista cuanto pudo y sus pupilas se dilataron al tiempo que su corazón empezó a latir con más fuerza: los ojos de los que se acercaban los delataban: eran Apóstatas. Crueles asesinos que sólo tenían capacidad e iniciativa para promover el Mal.
- Ven, son Apóstatas…
- ¿Cómo? – se aterrorizó el corazón de Arza nada más oír aquel nombre.
- Tranquila… no te he contado algo, un don que tengo, y que nos puede ayudar…
Arza se lo quedó mirando con extrañeza y sorpresa en la mirada. Le daba igual, en esos momentos, de qué estaba hablando Liro: lo único que deseaba era que hiciera lo que tuviera que hacer pronto y que los Apóstatas no les hicieran daño.
Liro la cogió y la abrazó fuertemente, pegándose los dos a la pared. Aspiró profundamente y contuvo la respiración. Arza no entendía… parecía que no estaba ocurriendo nada, pero cerró los ojos y esperó…

Los Apóstatas miraron la calle. No había nadie allí, y continuaron con su paseo silencioso y tenebroso avenida arriba. Los cuerpos de Liro y Arza se habían mimetizado con la pared, de tal forma que nadie fuera capaz de distinguirlos…
- Soy un mutante… ¿no te importa verdad? – Le preguntó Liro cuando el peligro pasó.
- Si me vas a proteger, por supuesto que no.
- Te protegeré siempre, cariño… estaré contigo, amándote, donde quiera que tú estés.

FIN

Dedicado a Andrea, mi peque… ella sabe por qué. ;)

Pereza - Todo


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