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5 de julio de 2012

25. Fuego.


“Las noticias de que las puertas, tanto para la entrada como para la salida, de Megalisboa se habían cerrado las dio al gobierno de mi Señor Kratka el propio ex ministro Caius.
Ya era un hecho que las detenciones masivas y la expropiación total de la urbe habían cambiado la forma de estado de la ciudad. El sistema totalitario de Artorius había dado su último paso evolutivo: ahora el gobernador de reelección continua era un faraón, y los obreros de las factorías eran esclavos que trabajaban de sol a sol para el sistema. No habría impuestos, pero tampoco habría propiedad. Y el sueldo se convertiría, así, en un plato de comida diario y un camastro en los nuevos e interminables barracones que ellos mismos, los esclavos, construirían donde antes estuvieron los altos y hacinados edificios de apartamentos.

Los exiliados, los que se marcharon con Caius y los Violeta, pidieron un extraño favor al Rey Kratka… en lugar de solicitar un territorio para constituir una nueva tribu bajo el favor del Monarca, rogaron formalmente constituir su propia y nueva Nación, a la cual, y tras el beneplácito de Kratka y la Jerusía o Consejo de Ancianos de Génesis, llamaron Demos, y se ubicó en los territorios limpios más jóvenes del norte… más al este que Bläckadia y al sur de lo que, con la llegada de los Sagugi desde lo que antes fue Francia, ya todos llamaban Ratia basándose en el aspecto roedor de sus habitantes.

El ex ministro Caius pasó a ser, cuando los `demosi` se establecieron colonizando aquellas tierras despobladas, el cónsul de los mismos en Génesis y se le dio una casa en el centro de la ciudad, justo al lado de la de 304; por lo que, según el carácter del robot y del megalisboeta, no tardaron mucho en hacerse buenos amigos.

Pero otra gran noticia se difundió por todo el vasto y bello territorio de mi Señor Kratka… al parecer, los atlántidos u hombres-lagarto, que trabajaban como mercenarios para el Ejército de Artorius dejaron de estar de acuerdo con éste y, tras la llegada de una nave interestelar más grande que las pequeñas que habían llegado a la Tierra hasta entonces, habían decidido cesar su contrato de vasallaje bélico con Megalisboa para constituir, como cualquier otro pueblo de los nuevos que llegaron a la Península Fértil ese año 130 que cambió el curso de la Historia, su propio Estado…
… tanto fue así que los vehículos atlántidos partieron de la ciudad del Oeste hacia el sur, habiendo elegido sus comandantes el territorio inmediato tras el mar, en el continente del sur que por escritos de la Era Anterior fue llamado África, como lugar a habitar. Como los genésicos desconocemos el lenguaje de los atlántidos y no hay comunicación entre ambas civilizaciones, desconocemos asimismo cómo han llamado ellos mismos su Estado; por lo cual las Akadémicas convinieron en llamar a la costa septentrional de África ocupada por los hombres-lagarto La Colonia.

De este modo, con tantos cambios migratorios consecutivos, el mundo que antes era pequeño y estrecho se ensanchó enormemente… y por ello quizá, el año 130 después del ‘gran catapum’ no fue el centésimo trigésimo aniversario del holocausto sino el verdadero año cero que dio paso al resto de la Andadura del Hombre…”

25. FUEGO.

Uno de los vehículos atlántidos que, en escuadra de combate como era su costumbre, sobrevoló los amplios bosques de Andalusia disparó, divirtiéndose quizá con la cacería, a un grupo de animales herbívoros, postciervos tal vez, que corría debajo del ruido infernal de su ignoto motor… el disparo no hirió a ningún postciervo, pero la tragedia que desencadenó fue mayor que la simple muerte de un animal salvaje en mitad del bosque…

El disparo de luz naranja y amarilla dio en un árbol seco, cuyo tronco centenario comenzó a arder dejándose llevar por la euforia del abrazo de las llamas… una chispa de ese tronco prendido, prendió a su vez el árbol que tantas décadas le hizo compañía a su lado izquierdo… y el fuego de éste al de su otro compañero… creando así una cadena sin fin.

El lobo Ruz olisqueó el ambiente. Aquello no le gustaba nada… era fuego. Y el fuego no era amigo de los lobos. Con un aullido largo y grave convocó a su manada, él era el abuelo de todos ellos y su pelaje gris y sus ojos azules y sabios así lo ratificaban. Les dijo a todos que debían huir, y debían hacerlo de inmediato y unidos, porque las llamas que habían empezado en el corazón del mágico y frondoso bosque pronto llegarían a sus inmediaciones, a lo que ellos tanto tiempo llamaron con cariño “hogar”… Set y Jar, sus hijos mayores varones se miraron entre sí, sabiendo que un ciclo había dejado de existir y que otro nuevo, como seres vivientes integrantes del Ciclo de la Naturaleza que eran, debía amanecer. Antes de comenzar la larga carrera entre los árboles y los innumerables arbustos, Luy y Fan, las jóvenes madres, hablaron un momentito con sus cachorros… “Sujetaos bien”, les dijeron… “Mami va a correr mucho y muy rápido, y no nos podemos quedar atrás…”. Zen, el más pequeño y de ojos azules y morro todavía rosado, rompió a llorar… él, a pesar de su cortísima edad, también distinguía el olor a fuego y muerte que avanzaba sin tregua desde el norte… él también sabía que su vida, tranquila y ufana en aquel maravilloso bosque, habría de terminar.

Todos salieron corriendo.

Y su hogar se quemaba por detrás.
Como una colilla girando hasta estrellarse contra el asfalto.
Como Valencia esta semana.

Los lobos sobrevivieron, pero el bosque no. Y Ruz lloró el resto de todos sus días… porque el desierto que quedó, cubriendo la ceniza negra la tierra, de palillos ennegrecidos que parecían antenas de muerte, no podía ser llamado, nunca jamás, “hogar”.

Dedicado in memoriam a Gonzalo Martos, bombero fallecido durante las tareas de extinción de los fuegos forestales de Valencia esta semana pasada. Qué Dios te tenga en su Gloria.

http://goticflamiger.blogspot.com.es/search?q=foc 
Este es un emocionante poema de mi buen amigo Carlos A. sobre el mismo tema.
Gracias a todos los que os encargáis de que no ardan  (más) nuestros bosques!

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