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19 de julio de 2012

VII. EXTERMINIO FANTASMA III

Léase antes LOVE STORY, de EL KRONISTA DE KRATKA.

“El nuevo mundo ya estaba conformado… o a punto a decir verdad, pero los Sabios Traidores todavía tenían cosas que hacer en la ciudad que fue reconstruida de nuevo, y aún no habían llegado a la Península para hacer frente (pues sólo ellos podrían medirse al enemigo) a los Apóstatas asesinos y violadores…

El tercer Héroe estaba a las puertas.”

VII. EXTERMINIO FANTASMA III. 
Aira y Sfera cruzaron sus miradas, cómplices, una vez más esa calurosa tarde contemplando los lados del desierto. En el cantón del sur todavía bramaban por la noche los Fantasmas, recluidos en sus espacios cerrados sabiendo que, antes o después, su fin se aproximaba de manera inexorable; con la certeza de que saldrá el sol mañana y que el agua hervirá al alcanzar los cien grados de temperatura.
No lo sabían todavía… pero se amaban.

Otros dos amantes, en el Cielo donde van a parar los hombres buenos, se despedían en ese mismo momento. Él se llamaba Kondena, y ella Eddelweiss, y fue por amor que se ganaron en el pasado el galardón de estar junto a Él para siempre… pero la responsabilidad volvía a llamar al corazón de Eddel, la Hechicera del Bien, la Heroína. Y el beso frío de los dos espíritus se desvaneció, prolegómeno de su descenso a ese desierto marrón, terracota, rojo y casi azul a veces en que se había convertido el suelo de la olvidada California.
En una burbuja igual a la que hubieron descendido Takeshi-Itzachá y Azumi, descendió Eddel sola… se sobraba para acabar con quien fueran esos Fantasmas, por mucho número de ellos que hubiera.

- Mira, - advirtió Aira a Sfera; ambos continuaban en pie, con el ocaso cerniéndose por el oeste sobre las antenas, en la azotea límite del sur – alguien se acerca.
- Es una mujer.
- Y no camina… levita.
Eddel no precisaba pues de caminar. Volando a ras del suelo, separando la arena en dos arcos a ambos lados del surco que su energía dibujó en las dunas a su paso, se aproximó a gran velocidad comparando el caminar lento de sus tres predecesores a los primeros edificios de la urbe de los Sabios.
Los Traidores bajaron a las dunas ardientes y saludaron a Eddel, quien se presentó. Todos pudieron sentir un grato bienestar, una súbita sensación de paz; percibieron el calor y la serenidad que desbordaba el cuerpo y el espíritu de la Heroína, expandiéndose a su alrededor y por doquier.
- ¿Dónde están esos Fantasmas? – Preguntó. Sus ojos, del gris más imposible que haya creado Dios para pintar unas pupilas, hicieron estremecer a los que tenía justo ante sí.
- Quedan los del sur y los del oeste, los que están pegados al mar. – Respondió Aira… Sfera sintió que no podría articular palabra en presencia de Eddel, maravillada con el aura vital que rodeaba a la hechicera.
- Está bien, mostradme dónde es el sur, y el Mal será erradicado antes que caiga del todo el sol.
“¿Cómo?”, se preguntó Aira: los otros habían precisado de toda una noche para ir aniquilando a los Fantasmas uno por uno hasta no dejar títere con cabeza y ella, “¿Los matará a todos en menos de una hora… que es lo que queda para que el sol descienda del todo…?” Aunque era obvio que desconocía el poder de aquella visitante, le costaba creer que pudiera realizar tal milagro en tan poco tiempo… además, “es muy pequeña, casi una niña…”
- Sé lo que estáis pensando… que no es posible matar a unos millares de seres en menos de una hora… pero he venido, como los japoneses a enseñaros el Amor y el rumano a enseñaros la Esperanza, a mostraros qué es la Fe. Tened fe, y seréis libres.
“Amor…”, pensó Sfera al oír esas palabras… y miró instintivamente a Aira, quien le devolvió el gesto y añadió una sonrisa… él también pensó en esa misma palabra.
- Vamos, - ordenó Eddel – hay Fantasmas que exterminar.

Todos creyeron que iría andando: entraría por una calle y, a troche y moche les daría zumba tumba a los Fantasmas, y saldría por el otro extremo del cantón meridional; pero no fue así. Eddelweiss ascendió en el aire aún caliente, y sobrevoló las cabezas de los Traidores, quienes le siguieron en el acto. Ascendieron y ascendieron hasta ser capaces de ver los contornos de la ciudad que fue reconstruida de nuevo y, una vez allí, Eddel dirigió su vista al Cielo, ése del cual provenía y donde le esperaba, impaciente y echándola de menos a pesar del corto espacio de tiempo transcurrido, su fiel Kondena. [Léase F&T Episodio III: Civiles] Así, comenzó una oración que el resto pudo oír:
- Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundida en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa. Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué. Dios, tú conoces mi insensatez, y mis pecados no te son ocultos. No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, oh Señor de los Ejércitos; No sean confundidos por mí los que te buscan, porque por amor de ti he sufrido afrenta… Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto, porque he aquí que rugen tus enemigos, y los que te aborrecen alzan cabeza. [Sal. 69 : 1 – 7; Sal. 83 : 1 – 2.]
Y en ese mismo momento, cuando Eddel terminó de pronunciar la última palabra los cielos se abrieron y de una franja oscura, como una cicatriz sangrante en el tapiz rojizo del crepúsculo, surgió una espada de fuego de dimensiones ultra titánicas, divinas, cuyo filo candente y llameante rozó el cantón del sur de la ciudad y los bramidos de los Fantasmas se convirtieron en silencio, absoluto y sepulcral silencio.

Los Fantasmas habían muerto.

- Ahora, he de irme. – Dijo aun estando todos sobrevolando la ciudad y cuando ya el cielo había regresado a su estatus normal. – Recordad lo que os hemos dicho: buscad el Amor, conservad la Esperanza y actuad con Fe; y nunca, nada ni nadie, podrá abatiros.
Los Sabios al completo se maravillaron con el prodigio invocado por la Hechicera del Bien, que se desvaneció en el aire como si nunca hubiera estado allí…

En la madrugada, cuando se hizo la oscuridad, Aira y Sfera se quedaron a solas en el lugar donde solían dormir… ella acercó su rostro al de él, cerraron los ojos al unísono, y se dieron el primer beso. Nunca antes un Traidor hubo hecho nada parecido.

FIN

 Léase después EXTERMINIO FANTASMA IV, de FUEGO O BENDICIÓN.

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