Páginas vistas en total

24 de agosto de 2012

El 'gran catapum' IV: La Muerte.

es.wikipedia.org
saintseiyaforos.net


“Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dad potestad para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra.” Ap. 6 : 8.
“EEUU fue le primer país que desarrolló armas nucleares y es el único que las ha usado en tiempo de guerra en los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. Antes y durante la Guerra Fría, EEUU condujo más de mil pruebas nucleares de largo alcance, como el ICBM. En la actualidad, mantiene un arsenal de 5113 ojivas.
El ex director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, considera a Israel como un Estado poseedor de armas nucleares; sin embargo, Israel mantiene una política conocida como “ambigüedad nuclear” (también conocida como “opacidad nuclear”). Israel nunca ha admitido tener armas nucleares… en la actualidad, se estima que Israel posee entre 75 y 400 ojivas.
El Reino Unido conserva alrededor de 225 ojivas. Francia cuenta con alrededor de 300 ojivas.
El programa nuclear actual de Irán consiste en varios sitios de investigación, una mina de uranio, un reactor nuclear, y algunas facilidades de procesamiento de uranio que incluyen una planta de enriquecimiento. Las sospechas de la OIEA y de las potencias occidentales aseguran que persigue dotarse de armamento nuclear.”
Wikipedia: “Armas nucleares de…”.

            El hotel que el régimen de Kim Jong-Un negaba que existiera a pesar de reinar en Pyongyang como el edificio más alto de la ciudad, se veía desde la bahía en que la barcaza donde Kovalski y Marie decían adiós a Korea del Norte. Los servicios secretos estadounidenses rezaban porque el belicoso y agresivo ejército norcoreano no se percatara del movimiento, cadencioso y lento, de la pequeña embarcación. La noche era ya cerrada y el militar, Brown, que remaba había decidido no encender ninguna luz; estaban ya cerca de aguas surcoreanas y aliadas, y sólo tenían que aguantar la respiración y remar deprisa y en línea recta.
            Cuando subieron a la regata de los guardacostas del sur todos los ocupantes de la barcaza respiraron aliviados. Habían logrado salir de Pyongyang sin que el enemigo lo supiera… pocos podían decir lo mismo. En seguida llevaron a Kovalski y al joven médico Yang, norcoreano disidente, ante varias autoridades militares americanas que estaban muy interesadas en la información que los dos galenos tenían que darles… pues, según las primeras noticias, la seguridad internacional estaba en serio e inminente peligro.
            Fue le mismo Brown quien los presentó al General McAllister, del Ejército de la Marina de los EEUU. El hombre, canoso y de tez morena y facciones angulosas, no evitó mostrarse impaciente desde el mismo instante en que apretó la mano del joven Yang. Kovalski, que hablaba coreano, y había tenido en su mano los documentos que habían iniciado ese proceso de “rescate y reacción”, les hizo de intérprete. Los norcoreanos, por regla general, tenían prohibido hablar inglés por tenerlo como el idioma del imperialismo capitalista: su peor enemigo.
            “Van a comenzar el ataque”, afirmó Yang con el expediente incriminatorio húmedo en sus nerviosas manos, “junto con Venezuela, Cuba e Irán en menos de cuarenta y ocho horas…”. En efecto, y para horror del propio McAllister, el ataque nuclear a larga distancia de los países comunistas contra el adalid capitalista: América, era ya un hecho según las pruebas y el testimonio presentados. “Yo puedo certificarlo general…”, arguyó Kovalski, con seriedad en el tono, “tienen la capacidad para ejecutar el ataque a suelo americano desde Korea y el Pacífico por el oeste, y desde el Caribe por el sudeste… además del alcance de las ojivas iraníes a Israel y las bases americanas del Mediterráneo Oriental.”
            El teléfono rojo sonó antes de que despuntara el alba en aquel punto cercano al contiente asiático del Océano Pacífico.
            Pocos, muy pocos, fueron los informados de cuanto silenciosamente estaba ocurriendo. Pocos, muy pocos, fueron los que ese fin de semana se quedaron, mordiéndose las uñas con el corazón sobrecogido, mirando al cielo… con la esperanza tal vez de que los super-misiles nucleares no sobrevolaran sus cabezas contaminando el aire.
            “Los escudos antimisiles y todas las plataformas de lanzamiento de armas de destrucción masiva han sido activadas, Señor…”. Dijo McAllister al Presidente Obama el día después de que se supiese lo del ataque de Pyongyang y sus aliados… “¿Todas?”; “Sí Señor… todas.”
            Y menos de veinticuatro horas después, decenas de champiñones radiactivos salpicaron la totalidad del planeta.
            Y menos de veinticuatro horas después de las explosiones, el silencio.
            Sólo el silencio.

            130 años más tarde, Kratka el Valiente, Rey de Génesis en los restos de la lejana Península Ibérica, mandaría a su kronista escribir las presentes krónikas…

FIN DEL PRÓLOGO.

No hay comentarios:

Publicar un comentario