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7 de agosto de 2012

IX. (Epílogo) La caída de los Apóstatas.


“Los Traidores llegaron a la Península sobrevolando durante largas jornadas el Océano que antes fue llamado Atlántico. Entraron por el oeste, divisando la grotesca figura de Megalisboa desde las alturas… y aterrizaron en territorio bajo el  protectorado de mi Noble y Valiente Señor Kratka. Al posar sus sandalias sobre el suelo terracota y gris del desierto que circunda la preciosa, preciosísima, Génesis, sus cuerpos y sus espíritus sufrirían parecido trauma al que padecieran los Apóstatas al llegar primero… las alas se desvanecieron y las armaduras se convirtieron en polvo y ceniza: ya no eran necesarias en el nuevo hábitat. Eso sí, como el Todopoderoso había planeado para ellos en el Albor de los Tiempos, conservaron sus armas, tanto de fuego como de acero, bendecidas para acabar con su siguiente Enemigo: los Sabios hacedores de la Apostasía. Si bien éstos vieron sus ojos reducidos a un disco azul mate carente de luz para ser distinguidos de los inferiores humanos; los Traidores comprobaron que sus globos oculares, por completo rodeando sus preciosas pupilas del crisol de todos los colores, refulgían levemente… brillando en la oscuridad pues ellos eran la Luz que había venido para ahuyentar a la Oscuridad, y devolverla a sus Tinieblas.

Cuando los soldados de la Guardia de Génesis hallaron al enorme grupo de Sabios, tratando de comprender cómo era el nuevo sitio y deambulando sin rumbo definido por los aledaños de la bella ciudad, luz de las naciones, pensaron en principìo que se trataba de nuevos superhombres malvados que los hados habían traído para continuar con ese incomprensible castigo a la Humanidad… no obstante, cuando Aira y Sfera, ya elegidos líderes de los Traidores por la vox populi silenciosa de los mismos, se presentaron a los capitanes de la Guardia, éstos sintieron todo lo contrario de lo que pudiera sentir un humano, sagugi, hombre-lagarto o mutante, frente a un Apóstata… mientras éstos infundían temor y animadversión en los corazones; los nuevos irradiaban un halo de calor, ternura y templanza que daba valentía a los espíritus y enaltecía los pechos de quienes les rodeaban.
Por ello, y siguiendo el Plan Maestro Universal, fueron llevados a palacio ante la presencia del Rey Kratka, quien organizó un gran banquete para los poderosos invitados.

Allí, durante el banquete, los Traidores pudieron comer y beber por primera vez en sus vidas y se tomó una importante y trascendente decisión que cambiaría los destinos de la gran mayoría de los habitantes de los territorios bajo la protección de Kratka, el Inteligente: los Sabios Traidores fueron elegidos “Guardianes de la Paz y el Orden en Génesis”, extendiendo este cargo en cualquier lugar de la península o más allá donde fueran solicitados sus valiosos y temibles para los malvados servicios.

Un nuevo mundo, el año 130 surgió sin que nadie supiera realmente el verdadero porqué… y si los Apóstatas hubieron traído consigo la incertidumbre y la muerte; los Traidores nos brindaron la esperanza y la quietud… en unos pocos meses, en apenas unas semanas, como se ha narrado a lo largo de esta primera temporada de krónikas, la Historia giró más que todo lo que lo hubiera hecho desde el asentamiento de Unkh, el Elegido, hasta el día en que Chicco decidió robar aquel trozo de carne.”

IX. LA CAÍDA DE LOS APÓSTATAS.

Évora e Idara, quienes comenzaran la Apostasía, se habían hecho fuertes en los suburbios de Zarad-Thor, una lejana ciudad del norte, cercana a Bläckadia, donde vivían bárbaros y toscas gentes acostumbradas a los gélidos inviernos, la carne de caza y la vida austera y el lento tiempo… aquella noche, no tan fría por la incidencia del sol del verano, bebían cerveza en una taberna de su propiedad en compañía de algunas mujeres de moral laxa. Reían y bromeaban jactándose de su perniciosa forma de ganar poder y dinero en aquella zona inhóspita de los territorios genésicos, burlándose del camarero que, atemorizado bajo la siempre patente amenaza de muerte, trataba de contentar los caprichos hosteleros de los dos Sabios.
La música, de cítaras y timbales a compases aturdidores y casi violentos, cesó de golpe al abrirse la puerta de madera mal labrada de la taberna. El golpe de la hoja dio en una silla cercana haciendo que un cíclope cayera al suelo desparramando un barril de cerveza. Todos, incluso Évora e Idara, se quedaron perplejos ante la presencia de las dos figuras que atravesaron el quicio de la puerta. Sus uniformes, diseñados por el sastre real de Kratka, de cuero negro, altas botas y cinturones carmesí, ya eran conocidos por todos cuantos se atrevían a obviar la Ley y transgredir sus normas… pero era el fragor de sus ojos brillantes lo que más temían las almas de los malvados.
- Podéis marcharos todos, - dijo con voz suave Sfera al aire viciado y maloliente de la tasca – menos vosotros dos. – Señaló en ese instante con el dedo índice de su mano derecha a los Apóstatas.
- Venid a por nosotros. – Susurró a regañadientes Évora levantándose lentamente de su silla apartando a la muchacha que hacía un segundo le divertía.
Los sables, las espadas de hoja ancha, bendecidos de los Traidores hicieron el ruido de la magia al salir libres de sus fuertes vainas. Por su parte, disparos de bolas de acero surgieron de los cañones de las pistolas de Évora, quien era un gran tirador según las buenas y las malas lenguas. Cuando las balas esféricas arribaron a donde estaban los Traidores, éstos las partieron, con la velocidad de los relámpagos que nos envía el Cielo, con el filo reluciente de sus espadas, dejando atónitos a todos los que la escena presenciaban.
- Moriréis. – Sentenció Aira y, en lo que dura el aleteo de una mariposa, se plantaron él y su amante, Sfera, frente a Évora e Idara.
- Nos mataréis ahora… quizá acabéis con todos nosotros… - dijo Évora sonriendo con las encías ensangrentadas sosteniéndole con el poco valor que le quedaba la mirada a Aira, - pero no podréis, ni aunque un millón de años pasara, cercenar el Mal de la naturaleza misma de los hombres que os rodean.
- Eso no es de mi incumbencia.
Y el acero bendecido por el Creador del Universo se hundió en la carne de Évora, atravesándolo desde el tórax hasta la espalda, formando un lago de sangre grana y hedionda sobre la mesa, las sillas y el suelo de madera ajada por la carcoma.
Algo parecido sufrió el cuerpo de Idara, ensartado en la espada brillante de Sfera…

Cuando los dos Sabios se giraron para comprobar el estado de la taberna tras sendas muertes, todos se habían largado dejando cuentas sin pagar a un camarero que, al contrario de lo que se pudiera pensar, sonreía desde la barra sabiendo que ya no volverían a molestarle aquellos dos asesinos quienes, noche tras noche, le sometían a sus voluntades zafias.

- El Mal será por siempre… en eso el pérfido de Évora tenía razón… - comentó Aira a Sfera montando en sus caballos negros de regreso a Génesis.
- Cierto, - repuso Sfera con media sonrisa de esperanza en su bello rostro – pero por siempre también habrá gente como nosotros para impedir que se reproduzca.

Lejos de allí, cerca del puerto marítimo del perímetro uno de Megalisboa, un vigilante de seguridad contemplaría el fenómeno más extraño que jamás hubieran presenciado sus ojos… una sombra, como una luz, de un ser etéreo e informe llegaba desde el mar, caminando sin caminar sobre él, tenía la cabeza como una calavera de gas y le hizo estremecer… “He visto un Fantasma”, confesaría a su mujer al terminar el turno a la mañana siguiente. 

FIN DE "FUEGO O BENDICIÓN".

FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA DE "EL KRONISTA DE KRATKA".

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