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13 de septiembre de 2012

2.3. Epifanía.


“Los Sabios Traidores todavía no habían acabado con todos los Sabios Apóstatas que continuaban con vida, camuflados aquí y allá entre la gente con mayor anonimato que antes de la llegada de los primeros. El Fantasma que escapó de la ciudad que fue reconstruida de nuevo aguardaba en algún inhóspito lugar, alimentándose de la misma Oscuridad de la que hubo nacido, esperando a que llegara su tiempo. Mi Señor Krtka, el Valiente, había puesto como comandante de Ret a Saira, una Traidorea, para que le ayudase en la difícil tarea de evitar el avance de las peligrosas tropas Atlántidas hacia el norte; aunque, a decir verdad, los hombres-lagarto parecían no tener la menor intención de continuar su peculiar colonización, ya que las tropas de exploradores de Ich Tzaka cerca de la Cordillera Andalusia y los altos del Río Lenguamar eran escasas por no decir inexistentes durante esas primeras semanas de incertidumbre. Por todo ello, el papel de los Sabios en las denominadas “guerras Atlántidas” fue mínimo desde el principio.

No obstante, y a pesar de que los lagartos ya controlaban la totalidad de los campos cultivables en torno al Desierto Occidental, La Resistencia comenzó a forjar su propia leyenda escapando del letal alcance de sus reptiles garras y creciendo, silenciosa y sigilosa, día a día en los recónditos parajes rojos y terracota del desierto ocupado…
… esta es la historia de Mihail, un iosifista que llegó a convertirse en Sabio.”

3. EPIFANÍA.

Había convertido en propios cada uno de los argumentos de Iosif durante años. Incluso escribió un libro adornando y ensanchando la vieja doctrina, convirtiéndose de ese modo en uno de los principales ideólogos del beligerante partido. Sus ojos verdes hablaban de ira, de furia, de llevar las ideas al plano de lo material, y ejecutarlas de la forma más agresiva y pragmática. Siempre fue, dicho por sus profesores y cuantos le rodeaban, un chico muy listo. Pero errado en sus caminos. Su retórica violenta, llena de una demagogia tan estudiada como perversa, se fue apoderando poco a poco de su ser, de su espíritu; hasta transformarse en una de sus cualidades existenciales más enraizadas en su personalidad e inherentes a la imagen que cualquiera tuviese de él. Lo tenían por inteligente sí, pero también por un muchacho de mal genio, fácil de alterarse y antipático. Y era que la violencia de sus palabras se reflejaba constantemente en el trato cotidiano con el resto de seres humanos.
Escapó con mucha fortuna de Nueva Germania, y conoció al grupo de Hans e Iván cuando éstos, tras cargar en los caballos cuanto pudieron, huyeron de la granja de Frederick hacia las ardientes dunas. Había estado todo ese tiempo vagueando, perdido y sediento, sin rumbo bajo el sol cruel por el gran desierto…
… lo hallaron medio muerto.

Cuando despertó, los ojos le brillaban de una forma extraña… ninguno de los presentes había visto nada igual pues jamás se habían topado con uno de los Sabios que llegaron del Oeste. Sonrió al incorporarse sobre la manta en la tienda de campaña donde lo pusieron.
- ¿Estás bien? – Le preguntó Leon nada más despertarse.
- Sí… muy bien: nunca había estado mejor antes. – Respondió con voz suave pero tono firme. Todos los que le oyeron sintieron al mismo tiempo un súbito bienestar que les renovó los ánimos y la esperanza.
Al interesarse por al naturaleza de sus salvadores, éstos le relataron cómo escaparon y se unieron, y él decidió en el acto juntarse también al grupo rebelde.
Se dispusieron a levantar el campamento y largarse a otro sitio por si los lagartos les localizaban cuando una tropa de exploradores atlántidos se presentó de improviso…
Ídem a las dos anteriores...
 
Antes de que los lagartos comenzaran a dispararles o, simplemente, se aproximaran para averiguar de qué tipo de gente se trataba; los miembros de La Resistencia desenfundaron cuanto armamento tenían preparándose para el inminente combate. Mihail, al ver que sacaban sus armas, cambió de gesto y respiró hondo.
- No son necesarias. – Dijo. El resto lo miró con sorpresa: no comprendían por qué el de ojos brillantes había dicho aquello con tanto aplomo. Él, al comprobar su mueca, habló de nuevo: - La violencia sólo engendra más violencia. Vuestras armas no son necesarias… dejad que me ocupe yo de ellos.
- ¡¿Estás loco?!  - Exclamó Hans.
- No… todo lo contrario, os aseguro que jamás he estado más cuerdo... veréis, en el desierto, en el límite luminoso que separa la vida de la muerte, tuve una visión… una revelación como una epifanía: vi pasar mi vida ante mis ojos, una vida llena de odio, de nerviosismo, antipatía y mal genio… de soledad e incomprensión, de falta de cariño y de más caras disfrazado de alguien que no era yo… y una voz en mi cabeza entonces me dijo que era hora de cambiar todo eso, que me dejaría continuar con vida a cambio de una promesa que debía hacerme a mí mismo: la de actuar con bondad, mansedumbre, diligencia y tranquilidad en todo momento. Por muy estresante que resultare una situación, por mucho que el entorno quisiere cabrearme, ante cualquier peligro u obstáculo, y por encima de todo… me aseguró que obtendría la victoria si actuaba siempre y sin excepciones ni condiciones de ese modo: sin ira, sin prisas, sin nerviosismo; y creo que ésta es al primera prueba. El primer obstáculo que em separa de esa triunfante victoria.
No supieron de qué se trataba, pero algo había en al voz de Mihail que les convenció de que lo que decía era la verdad, y le dejaron hacer. Minutos después, el exiosifista caminaba lentamente por al arena en dirección a la tanqueta azul marino de los colonos extraterrestres.

Nadie excepto Mihail y aquellos lagartos sabrá nunca qué les dijo; pero tras convertirse en Sabio, desplegando un ala blanca y gigante a la izquierda de sus lomos y levitando sobre las testas de los invasores, habló. Y los atlántidos se detuvieron. Y Mihail, que desde entonces pasó a llamarse Mihaira, volvió a hablar. Y los atlántidos se largaron por el camino por donde hubieron venido.

Desde ese momento Mihaira y La Resistencia se convirtieron en la peor pesadilla del nuevo y terrible enemigo.

“Y aun mientras va el necio por el camino, le falta cordura, y va diciendo a todos que es necio. Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas. Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del príncipe: la necedad está colocada en grandes alturas.” Ec. 10 : 3-6.

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