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10 de septiembre de 2012

Sinopsis comercial: "Hasta cuándo"



Esta es la breve historia de un linaje. Toda la aventura de esta familia empieza cuando en el campo de Albertos, un labriego manchego, se estrella una avioneta soviética en la posguerra española. El piloto, malherido, le dejará en custodia un extraño objeto electrónico… este hecho marcará para siempre, con la cortina del miedo propio de cualquier comunista en la clandestinidad durante el franquismo, la forma de actuar y vivir de este abuelo…
El segundo capítulo pertenece al hijo pequeño de Albertos, Enrique, quien verá su vida truncada al ser detenido por actividades subversivas en los últimos coletazos de la Dictadura en la controvertida década de los setenta, y su relato de esperanzas y sinsabores que conllevó la Transición…
Por último, la tercera parte tiene como protagonista a Kike, hijo de Enrique: un joven ‘redskin’ cuya única meta en la vida es enfrentarse al Sistema que cree culpable de todos los maleficios de una sociedad a la que opina que no pertenece. Su mundo se verá revolucionado por el amor de Estrella, una estudiante argentina, que le mostrará que el amor puede ser más poderoso que el mayor de todos los odios.

“Hasta cuándo” es una novela corta y directa donde se evalúa, desde una perspectiva que pretende ser histórica, el porqué más violento y arraigado en la España actual de la división que sufre nuestra sociedad por motivos de hace casi cien años. Y trata de dar a entender la necesidad obvia e imperiosa de olvidar esos escabrosos asuntos.
Si usted es de quien está a favor de esta necesidad, “Hasta cuándo” es la obra que estaba esperando.

Muestra de escritura:              55 páginas de texto más 9 de imágenes históricas.
“La cambra se dividía en tres estancias por medio de biombos de cañizo con cortinas de tela: la habitación principal era para almacenar el grano, la oliva y la almendra, y secar en sus paredes encaladas pimientos, ajos y chorizos; después estaba el dormitorio de la pareja cuyo lecho era de heno y contaba con una mesa para el jarro de agua y un taburete a juego de madera de haya; y por último, el lugar más caliente pues una ventana siempre abierta oreaba el interior desde el extremo opuesto de la casa, estaba el dormitorio de Engracia y Genoveva: de cinco y tres años respectivamente, ambas nacieron, más o menos, en plena guerra. En el treinta y cinco, en mayo, cuando Julia dio a luz a Engracia, contaba con sólo dieciséis años y acababa de casarse, ya encinta, con Albertos el invierno anterior. Éste acababa de cumplir los dieciocho cuando sostuvo en brazos por primera vez a su hermosa primogénita. A la pequeña Genoveva la engendraron en un permiso de éste desde el frente (estuvo en San Sebastián primero, y en el Ebro después), y la conoció cuando la niña ya había cumplido los dos meses, pues su nacimiento le cogió aislado en algún punto inexacto y perdido entre Castellón y Teruel.
            Julia se asomó tras la barrera de cañizo, con una cortina de hilo de cáñamo teñida de azul cobalto que hacía de la estancia un lugar casi elegante, y sonrió para sí misma contemplando, a duras penas por la opaca oscuridad, el dormir plácido y lento de sus tranquilos retoños.
            Se acostó junto a su amado marido y abrazó su cuerpo semidesnudo. Él se hizo el remolón, en su papel de durmiente, y sin delatarse, la abrazó con torpeza sintiendo cómo ella se dormía casi en el acto golpeándole su cálida respiración en el pecho, haciendo erizar su vello y proporcionándole una seguridad inenarrable que, de haber creído en Dios, a éste hubiese agradecido. Abrió los ojos y su brillo verde de albahaca y de trigo reflejó el poder de la Luna. Selene se filtraba por el vano que aireaba la paja.
            El viento hizo una pausa en su sinfonía de cañerías de uralita y tejas de barro sobre varas. La noche era un templo de quietud y el sueño una meta del alma.” [Extracto de la página 3].

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