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5 de octubre de 2012

II. El Bien Supremo está en ti. Pt. 1.


“Mont era un mecánico de Oi’Demlok cuya vida se regía más por el trabajo cotidiano y el afán de superación como montador de Armaduras que por el Bien Supremo, la doctrina absolutista que la Casta de los Etéreos o Aun impusieron a los Tau para terminar con su Mont’au o Guerra Civil y expandir las fronteras de lo que hoy ya es un gran Imperio más allá del Segmentum Ultima de los Humanos. Pero su vida cambió de la noche a la mañana cuando, un día cualquiera, la visita de uno de estos Aun, Elan Kor, trae consigo el despiadado ataque de dos “despistados” incursores Infiel de las Fuerzas del Caos, más concretamente pertenecientes a los temibles Corsarios Rojos de Huron Blackheart. Mont, enervado en ira, sólo quiere que ese tal Elan Kor, a quien no le tiene el menor respeto pues él no se deja manipular por la “fe” como el resto de sus congéneres, dé explicaciones de por qué ha traído la destrucción y la guerra al pacífico y pequeño planeta; de ese modo, inicia una cruzada en solitario para conseguir tal objetivo, que le lleva a colarse en el Kass’l Elsy’eir Run, una aeronave Orca, donde viaja Elan Kor huyendo de Oi’Demlok tras el ataque del Caos…

…ahora es un polizonte que ha llegado a amenazar con un cuchillo a Elan Kor en busca de respuestas, pero lejos de morir a manos de Cal’ka, el guardaespaldas de la Casta del Fuego del misterioso Aun’ui Elan Kor, éste le acaba de dar la primera contestación al sinfín de preguntas que se ha hecho el bueno de Mont desde que llegó el Aun a su tierra… estaban buscándole a él, y parecían tener todo previsto: que los siguiera sobreviviendo a los bombardeos, que se colara en la nave, y que estuviera en su presencia…

¿Qué busca un Aun, jefe del más misterioso y extraño de todos los Clanes Tau, los “Intelectuales del Ocultismo”, en un simple mecánico de la Casta de la Tierra…?
Sólo el Destino lo puede saber.”

Elan Kor


CP. II. PT. 1. LA PARADOJA. 

Mont apuró el brebaje de un trago aun sin saber qué era. El alcohol le quemó la garganta al bajar y cayó como una bomba en su estómago; no obstante, le despejó de súbito. Dejó de sentir náuseas y se le aclaró la vista. Cal’ka y Elan Kor lo miraban, uno con cierto desprecio; el otro, con una sonrisa paternal y malévola al mismo tiempo. Mont no sabía cómo sentirse… tal vez quiso expresar algo, pero cuando fue a hablar, Elan Kor comenzó su discurso:
- Los Elsy’eir Run buscamos por todo el Imperio a gente como tú Mont… - se sentó en frente del mecánico y su túnica, de color púrpura oscuro con un bordado dorado en derredor, pareció flotar al hacerlo; aspiró aire y continuó tras la breve pausa – el Bien Supremo es nuestro objetivo, como el de todo Tau, pero nosotros necesitamos a… cómo decirlo: individuos especiales para que entren a formar parte de las filas de nuestro Clan. No podemos aceptar a cualquiera debido a nuestro afán de superación diferente al del resto de Tau: nosotros queremos ser mejores, aumentar nuestra voluntad de poder, llegar a ser supertau. Y para ello debemos sentir el Bien Supremo de una forma distinta que debe a su vez ser innata en nosotros… me explico, el poder de la fe ha sido la panacea que ha llevado a nuestra raza a extenderse en el Universo de manera exponencial desde que finalizó el Mont’au, pero se ha convertido con el tiempo en un arma de doble filo: ahora todos batallan y conquista por la fe, dejando de lado muchas veces al ego, por no decir la mayoría, y este hecho les ha… entontecido de alguna forma. Por ello nuestro clan no puede permitirse tener idiotizados a los suyos debido a que nuestras misiones no son… convencionales, - cuidaba tanto sus palabras, su tono era tan certero y perfecto, que Mont ni si quiera se estaba dando cuenta de que estaba siendo poseído por su voz, como una cobra por el movimiento cadencioso de una flauta – dime Mont… ¿por qué no eres como los demás? – preguntó y Mont no se esperaba la pregunta.
- Porque no temo a los Aun. Porque no creo en esa chorrada del Bien Supremo… me da igual.
            Elan Kor sonrió ampliamente y miró a Cal’ka, quien sonrió también por primera vez.
- Exacto Mont… - su sonrisa se amplió todavía más, y prosiguió: - por eso te hemos venido a buscar: tú no eres como el gentío que había en la Plaza Circular, disfrutando como idiotas de una demo insulsa donde un par de Armaduras se cargan unos monigotes de cartón-piedra. Tú eres especial, a ti te mueve la paradoja.
- ¿La paradoja?
- Es el término que utilizamos los Elsy’eir Run para describir nuestro sentimiento de adentro, que nos mueve hacia un estatus quo superior. La paradoja quiere decir que el Bien Supremo está en nosotros de un modo superior al resto de seres de la Creación… te preguntarás: si acaba de decirme que el Bien Supremo es una debilidad del ego, ¿cómo es que tener más de ello pueda ser un síntoma de superioridad? Sencillo… - le apasionaba lo que decía, era un instructor perfeccionista disertando sobre su propia teoría de una manera magistral, estaba explicando algo tan difícil de comprender y sin embargo las palabras le fluían de una forma mágica… Mont lo entendía todo, asimilándolo, presa de ese hechizo que las palabras del Aun creaban: - el Bien Supremo no es sólo una idea política, sino que es palpable, sustancial: gracias al mismo los Aun controlan al pueblo Tau y lo guían hacia la expansión y la victoria, gracias al mismo tú en estos momentos estás escuchándome y asimilando mis palabras. Pues bien, los Elsy’eir Run hemos aprendido a que con el Bien Supremo ejercitado en nuestras entrañas, en nuestro espíritu, no sólo es un método para el control y la búsqueda de un estado superior, sino que además es un método de control del otro aplicable en batalla. ¿Entiendes el concepto?
- Creo que sí… - Mont se sentía algo mareado con tanta parábola filosófica, pero gracias a la paradoja estaba empezando a comprender e interiorizar el enrevesado discurso de Elan Kor.
- Mont, imagina por un momento que seamos capaces de utilizar la idea del Bien Supremo en nuestros enemigos en plena batalla… ¿cómo se quedarán éstos al entender, sin hacerlo de forma consciente claro está, que su victoria es imposible pues nuestro fin está por encima de forma totalitaria del suyo?
            Mont abrió los ojos: lo había entendido perfectamente. Lo que Elan Kor estaba afirmando era que, por medio de la teoría del Bien Supremo, los Tau podrían postrar de rodillas a cualquier enemigo si éste entendía que sus objetivos estaban por debajo de ese bien, convirtiéndose de forma inexorable en peleles al comprender que su ego era insignificante ante tal idea, dejando de pelear en el mismo instante en que se supieran total e implacablemente inferiores.
            Elan Kor adivinó que Mont lo había captado y afirmó rotundamente y sonriente:
- Esa pues es la paradoja. Tau exentos del Bien Supremo para ser dominados pero que, por el contrario, lo interiorizan y ejercitan para dominar al enemigo. Eso, y nada más que eso, somos los Elsy’eir Run… y tú, amigo Mont, puedes ser uno de los nuestros. – Hizo una última pausa, se recostó en el cómodo sillón de piel y, como si con él no fuera la cosa, preguntó: - ¿Qué me dices?
           
            Mont vio pasar toda su vida delante de sus ojos. Era lo que siempre había estado buscando sin saber que buscaba algo. Respiró profundamente y miró a Cal’ka… en el rostro del fortachón había algo que antes no había percibido Mont: aceptación. E incluso parecía mover un poco el mentón hacia arriba y abajo como asintiendo. Miró luego la moqueta granate: allí estaba el abismo, el futuro, la oscuridad. Y finalmente alzó su mirada hacia el Aun… en la mirada del otro había luz, paz, verdad…
- Por supuesto que sí. – Afirmó Mont y los otros dos sonrieron de nuevo…
- Preséntale a los muchachos antes de llegar a A-4. – Ordenó Elan Kor a Cal’ka, quien a su vez ordenó a Mont:
- Recluta, ya no te llamarás más Fio’ui Oi’Demlok Mon Mont’da… a partir de ahora eres Shas’saal Mon Mont’da, puesto que los Elsy’eir Run no pertenecemos a ningún mundo y nadie tiene por qué saber si procedemos de éste o aquel planeta…
- Sí señor. – Admitió Mont si dudarlo: ya era uno de los nuestros.

            Los muchachos se pusieron en pie en cuanto se abrió la puerta que daba a la bodega; los asientos estaban justos para los cuarenta, dieciocho a un lado y veintidós al otro, pero había un hueco, el último a la derecha… reservado por la providencia del Aun para Mont. Las literas estaban muy ajustadas, por lo que, al levantarse, todos dieron un paso al frente evitando golpearse con ellas en la cabeza. Mont se dio cuenta en seguida de que el grupo era más variopinto de lo que podía suponerse… había Tau de todas las castas, incluso del Agua y del Aire, genéticamente más frágiles que los de la Tierra o el Fuego y menos preparadas para la guerra… no obstante, como ya había presupuesto, todos ellos tendrían esa extraña cualidad en su interior: la paradoja.
- Este es el nuevo Shas’saal, Mont, tratadlo como a uno más pues pronto luchará codo con codo junto con vosotros y puede que os salve la vida algún día.
- Sí señor. – Afirmaron todos al unísono.
- Tu uniforme está en tu litera, cámbiate… estamos ya muy cerca de la estación orbital A-4.
- Sí señor. – Respondió Mont y fue a cumplir la orden.

            No habían sido respondidas algunas cuestiones… ¿cómo habían encontrado a Mont entre el gentío por tener la cualidad de la paradoja? ¿Por qué les habían seguido los Corsarios Rojos hasta Oi’Demlok para destruirles? Todo en realidad había quedado en el aire…
            … pero a Mont, por prodigios tal vez de la fuerza de las palabras de Ui’Elan Kor, ya no le importaban.

- Kass’l Elsy’eir Run pidiendo permiso para entrar en embarcadero diecisiete… - dijo el piloto del Orca, y se oyó por los altavoces internos de la nave.

Continuará…

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