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9 de octubre de 2012

II. El Bien Supremo está en ti. Pt. 2.

"Mont ya ha cambiado su nombre: ahora, aunque por nacimiento formó parte de la Casta de la Tierra, pertence a la Casta del Fuego por orden del poderoso Aun'ui Elan Kor, jefe y guía del Clan Elsy'eir Run, o los "intelectuales del ocltismo". Ha abandonado Oi'Demlok, su planeta natal, y llegado a la estación orbital A-4 del Imperio Tau junto con sus nuevos compañeros: los reclutas miembros del místico clan.
No sabe qué le depara el mañana; ni si quiera la posición exacta de la estación en la que ahora se halla; o si regresará alguna vez a su taller de montaje de Armaduras de Batalla... sólo es consciente de que el Destino le ha llamado y que está obligado por unas sensaciones que todavía no controla pero que son muy poderosas, a responder a la misma.

Elan Kor le ha prometido, como al resto de los Elsy'eir Run, controlar el Bien Supremo y convertir de tal modo un ideal - el que sustenta el dominio de la Casta de los Etéreos sobre el resto de castas del Imperio - en algo sensible e incluso palpable; para utilizarlo, según le ha dicho, como arma en la batalla...
¿Podrá Mont cumplir con ese objetivo? ¿No será todo un montaje para aprovecharse de él? ¿Llegará algún día el momento en que se enfrente a los Corsarios Rojos, quienes atacaron La Capital de Oi'Demlok, pra consumar la silenciosa sed de venganza que va creciendo sin mesura en su inteiror...?

Sólo los hados pueden saberlo."

CP. II. PT. 2: KAMARADAS.

En el grupo de soldados del Clan que acompañaban a Elan Kor había algún que otro veterano, pero la mayor parte eran reclutas como Mont. Tras abordar la estación, los dejaron en una sala bajo la tutela de un Sargento y el Aun y Cal'ka, su guardaespaldas, se perdieron por los pasillos grises, alumbrados por plafones rectangulares de luz blanca en el techo. Los muchachos se sentaron en butacas habidas para tal efecto y algunos comenzaron conversaciones distendidas, aparentemente aleatorias, aquí y allá. Mont, el chico nuevo, no había abierto la boca todavái; intimidado inconscientemetne por el influjo de Elan Kor tras su discurso acerca de la paradoja... en esos instantes, sentado en silencio con los ojos cerrados, aislado de todo lo demás, Mont empezó a dejar de sentirse presa de tal influencia paranormal... y sentimientos y pensamientos parcialmente nublados afloraron en su alma y su mente de nuevo. ¡Había culpado al Etéreo del ataque del Caos desde el primer momento y, sin embargo, estaba allí: sentado aguardando sus órdenes! ¡ Cuándo lo que debía haber hecho hubiera sido rajarle el cuello y vengarse por todas las inocentes víctimas de Oi'Demlok!
- ¿Qué estoy haciendo... - susurró hablando en realidad para sí mismo - por qué me he dejado convencer...? - Detuvo su soliloquio al comprobar que otro recluta, pálido y larguirucho, le estaba mirando y podría haberle escuchado. "La Paradoja," pensó sosteniéndole la mirada al otor, "Elan Kor ha utilizado su poder para controlarme... y yo no he podido resistirme... wow...", se maravilló a pesar de sentir rabia al mismo tiempo por su torpeza y el hecho de sentirse manipulado, "imagina Mont, tener ese poder..."
- Hola, - el pálido y larguirucho le saludó sin más, estaba justo en frente, sentado como él, seperados a unos tres metros - me llamo Shas'saal Doran'Da, pero todo el mundo me conoce como Doran.
- Ahm... yo soy Mont. - Era evidente que el otro había pertenecido a la Casta del Agua por nacimiento y le habían cambiado el nombre al convertirlo en guerrero del Clan. - Oye Doran... ¿cómo te han reclutado? - En realidad esa pregunta era para intentar sacarle información, si la tenía, puesto que no le importaba el hecho en absoluto,.
- Bueno... el Aun'ui Elan Kor me ha dicho que, como tú y el resto de Elsy'eir Run, tengo algo especial... que no me dejo influir por la doctrina de los Etéreos como el resto de nuestros congéneres. - Hablaba suavemente, debía ser culto por su forma de expresarse y la musicalidad que otorgaba a su impecable acento.
- Ya... - Más de lo mismo. Mont no sabía qué hacer: una parte de su ser bramaba por levantarse, enfrentarse a ese Sargento o lo que fuera, y liarla parda... pero otra, y al parecer más fuerte y sensata, le aconsejó aguardar y ser prudente.
- ¿Y a ti? 
- Por culpa de Elan Kor y su visita; supuestamente para buscarme a mí; a mi planeta, Oi'Demlok, unos incursores infieles del Caos arrasaron la ciudad, - el otro asentía: él lo habái presenciado todo desde el Retha, aun así dejó hablar a Mont - y movido por la rabia me colé como polizonte en el Kass'l que nos trajo aquí cuando Elan Kor me contó la misma historia que te ha relatado a ti... uf... - respiró con brusquedad, mostrando abiertamente su desacuerdo con su actual estado de paciente. 
- Dices que "por culpa de Elan Kor"... y por lo que intuyo en tu discurso sigues queriendo vengarte de él por lo que le ha ocurrido a La Capital; te recuerdo que yo lo he presenciado todo; pero creo que has pasado por alto un razonamiento importante...
- ¿Cuál?
- Que los culpables del ataque no éramos nosotros: me refiero a nuestro guía y al clan, sino los propios Corsarios Rojos que nos persiguieron a través de eso que ellos llaman disformidad... ¿quién atacó Mont? Fueron las fuerzas del Caos, no el Aun'ui Elan Kor... medítalo. - Dijo y sonrió.
- Pero... si él no hubiese venido...
- ¿Qué te dice que no habrían atacado esos engendros tu planeta igualmente? Son salvajes, bestias... quienes normalmente actúan sin motivo aparente, movidos únicamente por los designios de unos demonios horribles. Siembran la destrucción allá por donde viajan... por eso se llaman Caos, no son como nosotros... civilizados. - Doran tenía razón: Mont debía dejar de enfocar su ira por la tristeza de ver la destrucción de su ciudad natal en Elan Kor y centarla en los verdaderos culpables: esos asesinos de los Corsarios Rojos.
- No sé... quizá tengas razón...
- Imagínate Mont cuando, si llegamso a conseguirlo, controlemos el poder que tiene Elan Kor a través de la paradoja y puedas descargar todo ese potencial de furia contra Eleazar Bocanegra.
- ¿Eleazar Bocanegra?
- El lugarteniente de Blackheart, el segundo en la jerarquía de los Corsarios Rojos.
En ese instante, la entrada de Elan Kor y Cal'ka cortó la conversación. El Etéreo parecía indignado, y no se preocupaba en ocultar ese sentimiento...

Mont, de igual forma que el resto de los Elsy'eir Run, no hizo caso a lo que los dos cabecillas hablaban entre sí. Y resultaba que, cuando el Aun estaba entre ellos, las sensaciones de dominio regresaban a los ánimos de ellos... de tal manera que las preguntas que Mont se continuaba haciendo perdían fuerza; y al contrario, las respuestas de Doran: que el verdadero enemigo era el Caos y no Elan Kor, cobraban todo el sentido necesario para volverse tan ciertas como cualquier axioma sobre la física del Universo.
No obstante, la conversación entre Elan Kor y Cal'ka sí merecái todo el interés por parte de los muchachos...
- Llama a los Kor'vre que tengamos más cerca, y que uno de nuestros Manta nos lleve hasta el Lar'shi Elsy'eir Run... nos retiramos a Elsy'eir; y que todas, y digo todas, las tropas del Caln se reunan con nosotros en las próximas jornadas en el Continente Sur, ¿de acuerdo? - Ordenó Elan Kor a Cal'ka mientras recorrían la estancia en la que, al unísono, todos los reclutas se levantaron de sus asientos.
- Sí Señor. - Contestó Cal'ka, quien iba a su vez acopmpañado de un dron que levitaba a su lado y le servía al Shas'el o Caballero para, entre otros menesteres cotidianos, clasificar las órdenes y de emisor-receptor de telecomunicaciones cifradas (algo así como un super-ordenador móvil autómata que incorporaba aplicaciones de telefonía móvil). Fue, pues, a traveés del pequeño dron y yéndose aparte cómo Cal'ka pudo contactar con un Kor'vre del Clan que estuviese en un Manta cercano para recoger a la comitiva y quienes ya estaban en A-4 antes: dejarían la entonces "aparcado" el Orca en los gigantescos hangares de la estación orbital de Vior'la; y viajarían a Elsy'eir, el planeta origen del Clan.

Cuando Elan Kor y Cal'ka desaparecieron de nuevo, mientras los reclutas se alistaban e iban caminando por los interminables pasillos hacia el embarcadero indicado, Doran y Mont reanudaron la conversación aunque en un putno radicalmente diferente:
- ... no entiendo por qué Elan Kor parecía tan irritado... - comentó Mont.
- Se nota que nunca has salido de La Capital Mont, - sonrió Doran, quien en seguida le explicó: - nuestro guía, ahroa que hemos aceptado pertenecer al Clan, debía ser Aun'el Elan Kor, y no un simple Aun'ui, - los Aun'el o Benditos eran el segundo rango más alto entre los Etéreos y entre los mismos Tau; Mont estaba sorprendidio y se sentía intrigado, - pero la paradoja, de la que no podrás hablar a nadie que no sea del Clan, no sirve para con los Etéreos, que a su vez desconocen su potencial e incluso puede que su existencia. Esto te lo digo porque, de poder, Elan Kor ya habría utilizado la paradoja contra la cúpula imperial en todas las ocasiones en que ésta no le ha permitido aspirar a más dentro de su casta... y el motivo de que, a pesar de que ninguno de ellos jamás ha aceptado batirse en Duelo Aun con él, no le permitan dirigir más que a us propio clan es porque le temen. Dicen, - Doran entoces transformó su voz en un susurro para que sólo Mont pudiera oírle: - que nuesro Elan Kor es el más inteligente de todos los Etéreos, incluso más que los invisibles Aun'O, y que es su envidia y temores los que les instan a chafar sus planes de crecimiento jerárquico en el Imperio.
- Vaya... - Mont estaba asimilando todo cuanto Doran le relataba, - y oye Doran... ¿cómo es que sabes tanto siendo un simple recluta? - Los muchachos se detuvieron: para subir al Manta que por cierto todavía no había llegado a A-4, debían pasar primero por un estancia de transición gravitatoria exenta de generadores de oxígeno artificial, por lo que debían ponerse unos yelmos y mochilas de respiración artificial para atravesasrla.
- Hasta hace bien poco, antes de que Elan Kor me reclutara para el clan, mi nombre era Por'el Fi'rios Doran'Da... he visitado en misiones de paz casi todos los rincones que los Gue'la (humanos) llaman Segmentums del Universo. - Doran, efectivamente, parecía haber pasado mucho tiempo en el espacio y tenía una educación y una inteligencia superiores difíciles de ocultar... Mont se maravilló de saber que un diplomático que ganaba un sueldo indecible viajando a los confines del cosmos pudiera dejar toda esa vida de lujos a cambio de un uniforme militar, una promeas y las órdenes que germinaran del capricho de un Shas'ui quien, posiblemnte cno le llegara como Tau ni a la suela de los zapatos.

El Manta llegó. Todos se encasquetaron las mochilas y los yelmos aerogeneradores. Y el futuro se convirtió, porque sí, en una gortesca nave Lar'shi rumbo a Elsy'eir. Lo único que supieron los muchachos tras comer algo en el compartimento-restaurante del crucero acerca del mañana, fureon las palabras del rudo Sargento sin nombre:
- Ahora sois huecos, estandartes de vacío exentods de sustancia... pero tras vuestro entrenamiento en Elsy'eir, nuestra fortaleza, el fuego del Or'es Shas de la paradoja os hervirá la sangre azul de vuestras arterias desde adentro.

Continuará...

 

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