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27 de octubre de 2012

III. ¡Malditos Tiránidos! Pt. 3


“Habían ido a Phaeb por una cuestión puramente alimenticia. El planeta era fértil, y cubierto por más masa terrestre que acuática, por lo que un pequeño número de Tau gestionaba la producción de alimentos del planeta ayudado por un ejército colosal de drones y maquinaria pesada agrícola a control remoto. Al parecer, el enjambre de pequeño tamaño comparado con las grandes flotas-enjambre de los Tiránidos, había llegado a Phaeb y sus guerreros (o bichos, como se les llamaba comúnmente) habían aniquilado a los pocos ciudadanos que habrían hallado para ensañarse inmediatamente con el obvio numeroso ganado que se criaba en Phaeb aprovechando sus ricos pastos del uno al otro confín. La ventaja de los Tiránidos cuando las primeras naves de la Kor’vattra llegaron sería su posición y su increíble y brutal agresividad; y la de los Tau, con clanes “poco leales” en la vanguardia como era el caso de los Elsy’eir Run, el número (menos el contingente de O’Shaserra que seguía a lo suyo) puesto que se había desplazado un buen número de Gal’leash y Lar’shi’vre repletos de soldados de la Casta del Fuego, y la infalible táctica contra los Y’he que siempre habían venido utilizando en las incontables incursiones devoradoras de los bichos en territorio imperial: atraerlos a un cebo, rodearles y cortar las conexiones psíquicas de la colmena, dividiendo al “ejército” Tiránido y enfrentarse a él por grupos cuanto más pequeños mejor.
La bionave Tiránida, conector principal de la Mente Enjambre y los bichos que estaban comiéndose literalmente el planeta, se hallaba en la estratosfera, a la vista de la Kor’vattra que fue aterrizando en el lado opuesto del planeta… se dirigirían al frente mediante naves más pequeñas dentro de la atmósfera evitando el contacto visual extra-planetario con esa grotesca y peligrosísima “nodriza”.
No hace falta decir que los “odiados” por los Etéreos comunes Elsy’eir Run de Elan Kor formaban parte del escuadrón o Tio’ve que haría las veces de cebo…

Rebobinando… Mont, un mecánico incrédulo del ideal de Bien Supremo que defienden los Aun, se ha convertido en Shas’ui del clan Elsy’eir Run (los Ocultistas) tras colarse en una de las naves de dicho clan para vengarse sin conseguirlo de su capataz: Elan Kor, quien le ha revelado intuyendo el gran poder psíquico del mecánico que ni él sabía que poseía el poder de algo llamado “la Paradoja”; esto consiste en crear ilusiones basándose en dos fundamentos de la biología social Tau: el poder del ego y la emisión de feromonas olfativas, son de hecho los pilares del dominio de los Etéreos sobre las otras castas, sobre los ciudadanos y guerreros Tau; mas “la Paradoja” va más allá del dominio pacífico… controlándola, un Tau es capaz de hacer creer a cualquiera (menos a los Etéreos y a seres irracionales como lo son los Tiránidos entre otros alienígenas) cualquier cosa, especialmente con motivos relacionados con el miedo y las sombras… Mont tiene la paradoja en su interior, Elan Kor sabe que más que ningún otro de los muchachos de su diminuto clan, y ahora viaja en dirección a Phaeb con un puñado de Shas’la (soldados) y unas cuarenta Armaduras de Combate XV-33 Jikita, que él mismo creó en la clandestinidad basándose en el cuerpo de los Kroot… el deseo de Mont es probar personalmente su prototipo en combate; y en él le esperan los dos Tau más importantes en su nueva vida como Shas’ui (veterano) del clan: Doran, su mejor amigo; y Anuk, su novia…

Sin el poder de las ilusiones que aterroricen a los Tiránidos, y desplegados como cebo, carnaza, en el campo de batalla, sólo su destreza en la Mont’nan (esgrima) y la versatilidad de las novedosas XV-33 Jikita podrán evitar que el clan de los Ocultistas desaparezca bajo las dentelladas y las garras puntiagudas de los temibles Y’he… emisarios de la muerte”.

CP. III. PT. 3. XV-33 JIKITA, MENUDO INVENTO.

Sho’re, la piloto del Orca que llevó a Mont y los siete soldados a su cargo a Phaeb, no dejó de quejarse todo el camino por el trato recibido por parte de los administrativos y burócratas de la estación A-4: estaba claro, cada vez más, que los Elsy’eir Run no caían bien dentro del Imperio.
Cal’ka corrió sobre el improvisado Juntas en el frente; el Orca se detuvo y todos pudieron oler la guerra: la peste a sangre arrebataba en el aire fresco y ay no tan limpio sobre los verdes prados de aquel precioso mundo. Saludó a Mont y a Sho’re e informó que ellos, los Elsy’eir Run, debían incorporarse a la misma línea del frente, a tan sólo un par de kilómetros del campamento Tau en el que se hallaban ahora, ese mismo ocaso… Mont se interesó por la suerte de Anuk y Doran, y de las centurias que éstos dirigían; “están ya allí… han informado hace apenas unos minutos de su llegada a la vanguardia de nuestras tropas”. Mont deseó que no les hubiesen herido o peor todavía…
- Traigo algo que nos puede ser útil, quisiera mostrárselo a Elan Kor… - comentó.
- Nuestro señor Elan Kor no se encuentra aquí, tiene reunión Aun; ¿qué es eso que traes?
- Di a los muchachos que salgan… - en ese momento, los siete primeros portadores de la XV-33 salieron del Orca. Cal’ka sonrió maravillado.
- ¿Puedo llevar yo una de éstas?
- Por supuesto.

Los enjambres Tiránidos solían ser muy variopintos: con toda clase de monstruosas formas de bichos gigantes arrasándolo todo, también con sus armas de proyectiles biológicos, por donde pasaban. Pero esta vez, en Phaeb, la progenie era menos heterogénea y más compacta: pero su número era muy superior al supuesto en un principio por los estrategas de la Casta del Fuego y los Aun: eran decenas de millares de hermagantes.
Anuk se movió rápido; había llevado a sus cien hombres y mujeres Tau hasta ese extremo de la línea enemiga y ahora estaba trabada en pleno combate; cortó con su espada la cabeza del Y’he tratando que los líquidos vitales de éste, usualmente corrosivos, salpicaran su armadura regular. Al girarse, tuvo fortuna y envainó a tiempo para rodar por debajo de las patas de un cazador tiránido y correr el cinto que sujetaba su rifle de inducción, colocándolo al frente y disparando a bocajarro dos veces a la espalda; desintegrando la columna vertebral del gigantesco insecto. Entre el caos y el fragor de la batalla pudo rastrear un olor que le fue grato comprobar como presente muy cerca de ella… se giró y lo vio encaramado en lo alto de un vehículo terrestre de apoyo (otros cuatro como ése le acompañaban transportando la treintena vacante de XV-33 que fabricó en tiempo récord antes de viajar) sonriéndole y agitando los brazos. En ese momento un Élitro sobrevoló la cabeza de Mont, quien ávido cogió su rifle de inducción y disparó al insecto volador una escueta ráfaga suficiente como para derribarlo: la explosión viscosa supuso el superlativo del asco.
Las cinco camionetas consiguieron dibujar un pentágono en primera línea de confrontación, y los que ya portaban la Armadura; Cal’la entre ellos; saltaron sobre los Tiránidos comprobando la prodigiosa utilidad de la misma.
- Gracias por sobrevivir. – Dijo Mont a Anuk y se besaron.
- Gracias a ti por luchar a mi lado.
- ¡Tortolitos! – La voz de Doran, a unos treinta metros de ellos, les devolvió a la realidad quebrantada por el latir unísono de sus corazones, - ¡Hay una plaga que fulminar!
La pareja rió y Mont hizo un gesto a Doran para que se acercara. Doran salió corriendo en tal dirección pero, de repente, un Y’he se cruzó en su camino; el Tau se detuvo en seco y esquivó el par de estoques que el bicho lanzó con sus púas de hierro; luego, con una finta se situó a su derecha y disparó una ráfaga a quemarropa… era evidente que se trataba del día de suerte de los tres Shas’ui.
- Están masacrando a los Vash’ya y ahora somos nosotros su presa… son muchos… - dijo Doran.
- Cambiaos las armaduras mientras nos protejan las camionetas, - aconsejó Mont señalando su invento, que ya se estaban ajustando los escasos elegidos – debemos lograr que los Elsy’eir Run sobrevivan… según Sho’re, la piloto que me llevó a Oi’Demlok, hay rumores de que el Gobierno Central quiere permitir que nos destruyan…
- Descuida Mont… qué la paradoja te asista. – Dijo Anuk, volvió a besarle esta vez en la mejilla, y corrió a cambiarse.
Doran asintió con el mentón e imitó a Anuk.
“Qué la paradoja nos asista…”; pensó Mont, que ya llevaba puesta la XV-33, se encasquetó el yelmo con cámara detectora de calor, y saltó sobre la camioneta más cercana… allí, en mitad del debacle sangriento, todo era muerte, fuego y… ¿gloria?
Los cañones de inducción de la espalda de la XV-33 solaparon el ruido del griterío. El terror abominable se había apoderado de las infinitas y ricas praderas del hemisferio sur de Phaeb. El aire hedía a sangre y a muerte. “Los buenos tiempos, los viejos tiempos, los tiempos del todo o nada, habían vuelto”. Y Mont estaba allí, pilotando su propio diseño letal, para hacer explotar a los culpables de la devastación irracional de la belleza. Los rifles kroot mejorados en ambas extremidades abrieron su paso hasta estar completamente rodeado de esos sucios hermagantes. Doran en seguida se plantó a su lado; y Anuk un poco después… formaron en triángulo y, eligiendo objetivos con el sistema electrónico de ‘target’ de la XV-33, comenzaron su indiscriminada versión de rock and roll, hiriendo y matando a cuantos Tiránidos pretendían acercárseles. Y si alguno, por los hados, lograba acercarse demasiado, seguían disparando sus cañones mientras los sables largos incorporados a juego con la Armadura Jikita se encargaban de desmembrarlos.
Aun así, la ventaja numérica de los bichos resultaba demoledora…
- ¿Dónde están los barracuda? ¡Vimos decenas venir en los cruceros de los clanes poderosos! ¡Y aquí no hay ni uno! – se quejó Anuk; con la ayuda de toda al fuerza Tau desplazada a Phaeb, los Y’he no tendrían la mínima oportunidad de proliferación y supervivencia.
- Los comandantes están esperando, - todo esto lo oían mediante los intercomunicadores de los yelmos evidentemente – los Vash’ya harían algo que no gustó a los Aun, así como algún desplante por parte de nuestro señor, Elan Kor. – Comentó Doran mientras atravesaba con la guadaña superior de su rifle kroot izquierdo el maxilar inferior del cazador Y’he con el que peleaba: el duro entrenamiento en la Mont’nan, unido a la increíble capacidad de movimiento del prototipo, hacían del combate cuerpo a cuerpo una tarea relativamente fácil para los hábiles guerreros Elsy’eir Run. - ¡Me encanta tu idea, Mont!
- Aunque el poder ofensivo no es como la de una Crisis o superior, - explicó Mont al tiempo que sus rifles no dejaban de reventar cuerpos del enemigo – los dos cañones de inducción y los rifles kroot mejorados son muy potentes, programé un interfaz muy sencillo como veis para que un simple Shas’la sin entrenamiento específico pueda manejarla… y las piernas están diseñadas para un salto mayor así como los brazos con mayor movimiento para poder utilizar espadas u otras armas de mano adicionales… todo surgió, ¡uhm! – acababa de golpear con los mismos rifles, que sobresalían por delante y por detrás de los brazos con sus guadañas, a un Élitro que le estaba acosando – cuando fui a Pech, de vacaciones, los kroot son unas criaturas realmente fascinantes.
Cal’ka entonces interrumpió la curiosa conversación tratándose su contexto de una batalla campal, con un comunicado en frecuencia abierta para todos los Elsy’eir Run, independientemente del  yelmo que portasen…
- Nuestro señor Elan Kor ha terminado su reunión y se dirige en estos momentos hacia aquí; ¡me ha informado que luchará codo con codo con nosotros, Elsy’eir Run! ¡Qué la paradoja nos asista!
- ¡¡Qué la paradoja nos asista!! – Y el incremento bestial de la violencia.

El crepúsculo ser cernió sobre las sanguinolentas praderas de Phaeb como una sábana de oscuridad rojiza. La promesa en el sonido era una balada de destrucción inigualable. Y el hedor a muerte se introducía en los yelmos de la élite Tau… los barracuda, bombarderos de la Kor’vattra, parecían tardar adrede: el Gobierno Central quería acabar con la resistencia interna de los Vash’ya y los Elsy’eir Run de aquella forma cobarde, cruel e indirecta; lavándose las manos dejándoles morir a manos de los Tiránidos; para luego masacrar con todo su potencial bélico a los bichos, pues toda una flota Tau estaba esperando órdenes en la aburrida y segura retaguardia.
- La noche cae, y lo apoyos no vendrán… - dijo Elan Kor por medio de su intercomunicador con una XV-33 puesta. – No podemos crear una ilusión para los Y’he; pero sí para los nuestros… - Elan Kor relató un plan que sólo los Elsy’eir Run podrían ejecutar y, ante la alegría de los ultradiezmados Vash’ya que se maravillaron de los a priori increíbles resultados, trazaron a la perfección.

Allí arriba, en el Gal’Leash principal desplazado a Phaeb, Kor’O Dal’yth Kunas Kais, contempla en una gran pantalla el desarrollo de la batalla. El Shas’ka, o estrella, ya no ilumina con tanta intensidad los prados. Pero todavía se puede ver cómo los Tiránidos están aplastando a la vanguardia exceptuando un grupo, no muy grande, de soldados y Armaduras Eclipse y Sombra formado tanto por Vash’ya como por Elsy’eir Run, que se abre paso desde la línea de contención, donde se encuentra el campamento base y los almacenes improvisados de abastecimiento, hacia el corazón de la vasta horda Y’he, dirigida por los Tiranos descomunales de los que los de ahí abajo desconocen su existencia… la pantalla, por la falta de luz, deja de emitir en visión real y pasa automáticamente a modo ‘nightshot’. Y en ese mismo momento la batalla da un giro que todos los militares de alto rango, cumpliendo órdenes de los Etéreos que se han quedado en su mayor parte en T’au, estaban esperando…

…los Tiránidos al fin han traspasado la línea Tau. Hecho que corrobora que los agentes desleales han caído en el campo de batalla; y ya pueden dar paso a la siguiente fase de la estrategia particular para esta singular campaña de cebo en Phaeb…
- Elan Kor… por fin tienes tu merecido… - dice O’Kunas Kais en voz alta aunque par así mismo, y añade a través de los intercomunicadores de la Kor’vattra de inmediato: - Bombardead a esos bichos.
- ¿Desde qué latitud, mi Almirante? – Pregunta el segundo en la cadena de mando, que se encuentra en la retaguardia, a pie de suelo.
- Desde el mismo umbral del campamento.
Haciéndolo así, y contando en los anales del Imperio Tau como daños colaterales por fuego amigo, aniquilarían a los pocos supervivientes que aparecían en la pantalla en blanco y negro.

Continuará…


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