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2 de noviembre de 2012

III. ¡Malditos Tiránidos! Pt. 4.


“Las XV-33 Jikita han resultado todo un éxito entre las filas de los Elsy’eir Run en el campo de batalla de Phaeb contra los Tiránidos. Viendo la destrucción total próxima de su Clan, el Aun’ui Elan Kor ha decidido pasar a la acción… pero no de cualquier forma, sino a su manera y con su particular prisma con el que sopesar las cosas… el poderoso místico ha ejecutado un descabellado plan para sobrevivir a esa muerte segura, la misma que los Etéreos de T’au, que le odian, le tenían preparada en esa guerra que debían en primera estancia perder…
En lo alto, un tal O’Kunas Kais, Almirante a cargo de la defensa de Phaeb y expulsión de los invasores Y’he, ha ordenado bombardear los prados bajo el manto nocturno y aniquilar a la amenaza enjambre… cree que los Elsy’eir Run han caído puesto que, si los ojos no le mienten, lo ha visto a través de la gran pantalla de control habida en el puente de mando del Gal’leash en el que viaja…
Los barracudas están listos para alumbrar con su fuego la oscura noche.”

CP.III.PT.4: EL FRAGOR DE LA BATALLA.

¿Dónde estaban las estrellas ahora que la noche había acudido? Opacadas por el humo, columnas interminables, que ascendía de los montones de carne quemada. Aunque para los dirigentes de la Kor’vattra, lacayos fieles a los Aun y la doctrina omnisciente del Bien Supremo, la batalla había cesado a pie de campo por la fulminante y aplastante victoria de los Tiránidos masacrando a los desleales, la realidad era bien distinta y, para cuando el Aun’vre de Phaeb se quiso dar cuenta y avisar a O’Kunas Kais de la ilusión, el bombardeo ya era imparable.
El Aun’vre de Phaeb preguntó al militar que tenía más cerca que por qué el Almirante habái dado la orden de pasar a la fase dos de su estrategia prediseñada; éste le contestó que, según parecía, las fuerzas Tau desplegadas en la vanguardia como cebo ya habían sido eliminadas, siendo testigo el Almirante de ello a través de las cámaras-dron que solían utilizar los altos cargos Tau para ir reorganizando a las tropas según el desarrollo de las campañas a tiempo real desde sus puentes o puestos de mando donde se instalaban los receptores, las pantallas. Pero el cristal feromonígeno del inteligente Aun’vre distinguía perfectamente el olor de los Elsy’eir Run, y de Elan Kor, aun estando a decenas de kilómetros del frente… sabía, por lo tanto, que los Tau de la vanguardia no habían caído todavía, y continuaban peleando contra las fuerzas tiránidas.

- Ese Elan Kor… - dijo el Aun’vre de Phaeb sabiendo lo que acababa de ocurrir – nos la ha jugado otra vez. – O’Kunas Kais se le quedó mirando: “¿otra vez?”. No entendía la artimaña utilizada por el guía ocultista. El Aun’vre, asimismo, no podía permitirse que el Almirante dudara ni un segundo, por lo que añadió cambiando drásticamente de tema: - ¡Ahora no se puede abortar el ataque de los barracuda: dé las órdenes pertinentes para acabar con los Tiranos de inmediato!
- Sí señor… ¡qué los barracuda punta de flecha catorce y diecisiete se dirijan directamente a la posición de los Tiranos! – Ordenó por los intercomunicadores. - ¡Desconectaremos los lazos psíquicos entre los bichos y la nodriza al eliminarlos!

Entretanto, allí abajo Elan Kor mantenía sus manos abiertas en alto, con el yelmo de la Armadura en el suelo, y los ojos cerrados presa de una concentración reservada sólo a muy pocos. Le rodeaban decenas de Tau, entre ellos también guerreros Vash’ya quienes, si bien no entendían por qué, habían tenido a bien a través del Shas’vre Vash’ya Naga’va, su alto mando allí, ayudar a los Elsy’eir Run y ayudarse a sí mismos: todos sabían ya, por mucho que la influencia Aun persistiera en sus espíritus dominados, que el Imperio les había “castigado” con esa posición desprivilegiada en el campo de batalla. La estratagema de Elan Kor, cuando vieron los bombarderos aparecer y atacar a los Tiránidos desde atrás de su propia línea, había surtido efecto: gracias al poder de la Paradoja, había creado la súper ilusión de haber desaparecido del mapa para que la Kor’vattra creyera que habían muerto y obligarles, como lo hizo, a pasar a la siguiente fase de la táctica.
Elan Kor abrió los ojos; soltó el aire de su pulmón; y bajó los brazos. En ese instante, O’Kunas Kais vio, atónito, cómo los supervivientes de los clanes cebo reaparecían en la pantalla combatiendo contra los Tiránidos. Miró al Aun’vre, que no sabía qué hacer para enmascarar lo ocurrido… cuando fue a abrir la boca para preguntar, el Etéreo volvió a cortarle ordenando a la desesperada:
- Almirante, una vez hayan caído los Tiranos, bordearemos Phaeb y la Kor’vattra reventará la bionave Y’he… los restos de su enjambre serán aniquilados, junto con los desleales que todavía están batallando, durante el resto de la noche en un bombardeo indiscriminado, que no cesará hasta que todo el prado haya sido devastado. – Su tono había variado: ahora era suave, casi melodioso a pesar de las duras palabras. El Kor’O no pudo resistirse: asintió y ejecutó las órdenes.

La lluvia de fuego de los barracuda, junto con el ataque de los Tiránidos que portaban armas disparadoras de biomasa; y que, viéndose acorralados como las fieras irracionales que eran, pasaron a una fase de defensa ultraviolenta; transformó la pradera nocturna en una hoguera grotesca donde los fuegos artificiales eran proyectiles letales… la mayor parte de los Shas’la y Shas’ui de los Vash’ya cayeron por el fuego amigo… los Elsy’eir Run, en cambio y gracias al avanzado nivel de Mont’nan resistieron un poco más… pero había que salir de allí: el Imperio quería acabar con ellos, por eso los barracuda habían empezado su ataque desde atrás, y no más allá de la línea de fuego. El caos lo inundó todo, y los bichos se crecieron… en el campamento, los miembros de los demás clanes desplazados pertenecientes a la Casta del Fuego, cumpliendo órdenes, se retiraban a puestos seguros o bien regresaban a sus naves, que se enfrentarían inminentemente a la “nodriza” que quería aterrizar en Phaeb después de que su progenie “preparase” el planeta…
Aquel cazador cortó por la mitad una de las XV-33 que Mont tenía más cerca. No sabían si los Tiranos, conectores de los bichos con la Mente Enjambre, habían sucumbido al bombardeo. No obstante, los bichos seguirían atacando por instinto aunque no fuesen teledirigidos por tal ente superior. Mont disparó sus cañones de inducción y el cazador saltó por los aires… descubriendo algo peor, que le seguía, y que ningún Elsy’eir Run había tenido ante sí antes… parecía volar sobre una nube de gas amarillenta, se movía rápido e iba hacia ellos; hedía aun en la distancia. Tenía tentáculos y lanzaba gas por todos los poros de su fétido e inmundo cuerpo, por llamar de algún modo a la masa informe que constituía su exo-esqueleto. Mont pudo ver cómo tres Shas’la Vash’ya le plantaban cara, tiroteándole con sus rifles de inducción desde muy cerca. La bestia ni se inmutó y, en un abrir y cerrar de ojos, lanzó esas nubes de gas contra el trío de soldados que cayeron al suelo retorciéndose de dolor: el gas era tóxico y el bicho poseía una resistencia descomunal.
- Es un venómtropo. – Dijo Doran. – Sólo los había visto en fotografías… dicen que su piel es tóxica, así como esas esporas que lanza, no os acerquéis a él bajo ningún concepto.
- Está bien… - susurró Anuk. – Cal’ka, que nos cubran a los que llevamos las XV-33 los que lleven Eclipse disparando a ese grupo de bichos… ¡nosotros nos moveremos en curva, hacia la derecha, y dispararemos todos los cañones al mismo tiempo contra esa criatura!
- De acuerdo, - Cal’ka dio la orden: - Fuego a discreción contra el grupo de las dos en punto… ¡movámonos!
Una horda de solados Tau pareció aparecer de la nada al unirse y comenzó a disparar sus rifles, a troche y moche, contra una hueste tiránida de tamaño importante. Entonces, los pilotos de XV-33 excepto Elan Kor, que nadie sabía dónde se había metido tras el fin de la súper ilusión, se juntaron rodeando el flanco izquierdo del venómtropo (quien a su vez “jugaba” con los cuerpos de los desafortunados soldados Vash’ya que tenía más cerca), y después de que Cal’ka pronunciara una cuenta atrás, dispararon al unísono los potentes cañones de inducción de las armaduras, haciendo explotar el cuerpo infecto del Tiránido. Como la sangre y los fluidos del venómtropo eran corrosivos, allí donde cayó un resto, fuera sobre ellos o sobre un soldado Tau, hubo heridos sino muertos.
De repente, y casi al mismo tiempo, todos los Tiránidos se detuvieron en seco la mitad de lo que dura un segundo, emitiendo un chillido atronador que consiguió aturdir a más de un Tau… los Tiranos, generales de las huestes Y’he en Phaeb, habían debido ser eliminados… por lo que desde ese momento, los hermagantes y los pocos cazadores que los guiaban empezaron amoverse por su propio instinto de supervivencia sin seguir un rumbo o estrategia común.
No obstante, seguían siendo millares de bichos rajando cuerpos Tau que disparaban en todas direcciones al poderoso enemigo… y ellos, a pesar de que Vash’ya era un planeta viejo y grande, habían menguado a unos pocos miles que resistían, dibujando media circunferencia en constante retroceso, fundiendo como auténticos bravos los gatillos electrónicos de sus rifles y cañones.

Pero en el aire, se libran dos importantes batallas adicionales: una la que ha comenzado la Kor’vattra contra la bionave hostil; y la otra la que la Kor’el piloto del Lar’shi Elsy’eir Run tiene delante… se ha negado a seguir a la Flota Tau hasta recibir órdenes de Elan Kor, y ahora está hablando con él acerca de los próximos pasos a dar:
- Estamos detenidos en la ionosfera, y se acerca un Kir’qath hacia nosotros del clan T’au…
- ¿Cuál es la distribución de nuestra flota propia, y en qué actitud se acerca el Kir’qath?
- Bueno, hemos interferido las comunicaciones internas no públicas de nuestros superiores… saben que sólo estamos los miembros de la tripulación básica, y quieren abordarnos… supongo que la orden de no respuesta la darán en breve; por otro lado, como hemos perdido parte de la flotilla al tener que cederla antes… bien, sólo tenemos seis Manta y un Sketer’qan, desprovistos de soldados a excepción de la tripulación básica… y ya es un hecho que las naves de los Vash’ya han sido “tomadas” por el clan T’au y se dirigen junto a la Kor’vattra hacia la posición del elemento hostil.
- Está bien Kor’vre Is’kaara: como las seis Mantas no son suficientes, habrá de venir usted con el Lar’shi a por nosotros… ¿está preparada?
- Sí señor.
- Ejecute de inmediato sin hacer caso a cualquier orden T’au.
- Si señor. – Is’kaara cerró la comunicación y, en el puente de mando, ordenó a los suyos con voz autoritaria: - ¡Inicien descenso, vamos a rescatar a los nuestros y a los Vash’ya de ahí abajo!
Ante la sorpresa, y la rabia, del Kir’qath que los perseguía, el Lar’shi inició un descenso en picado en el aire negro de Phaeb… rumbo al interior del campo de batalla.
Elan Kor, por su parte, regresó a donde sus valientes continuaban la resistencia contra los hermagantes, cazadores y los pocos élitros que quedaban vivos… todos sabían que no aguantarían mucho más puesto que, a pesar de que los Y’he sufrían más bajas, los Tau que quedaban eran realmente muy pocos… de los mil quinientos soldados Elsy’eir Run sobrevivían un millar escaso; y de los Vash’ya, que habían desplegado casi diez millares, quizá quedaban seis mil soldados – de los cuales al menos mil portaban Armaduras Eclipse y Sombra, no habiendo sido transportada ninguna Armadura de alta gama puesto que, obviamente, el Gobierno Central tenía pensado “quitárselos de encima” ocurriese lo que ocurriera durante la desigual batalla. Así, eran unos siete millares de agentes los que debían, de cualquier modo, subir al Lar’shi en cuanto éste tomara tierra…
…las grandes naves como el Lar’shi no aterrizan del todo (no tienen puente de aterrizaje y descansan en puertos gravitatorios de las órbitas extraplanetarias), por lo que la maniobra era extraordinariamente difícil. No obstante, para Elan Kor parecía no haber nada imposible; y mucho menos “difícil”…
El Lar’shi no descendió solo: las seis Mantas le acompañaron; mientras el Sketer’qan aguardó en los límites de la atmósfera de Phaeb y el espacio vacío. El Kir’qath que les seguía tenía órdenes de abordar y tomar el mando de la flotilla Elsy’eir Run, pero su piloto no atacó en ningún momento, dando desde el comienzo su misión por perdida suponiendo bien que si atacaba, las torretas del Lar’shi – con los tiradores pues éstos sí formaban parte de su tripulación básica – lo destruirían sin despeinarse.

Mientras todo esto sucedía, la Kor’vattra llegaba a las inmediaciones de la temible “nodriza” tiránida que había lanzado su progenie por medio de esporas a la superficie de Phaeb. La Mente Enjambre tendría que aplazar su conquista del planeta para otro momento; aunque se defendió, en un par de hábiles maniobras de O’Kunas Kais y su armada invencible, los Tau consiguieron eliminar la amenaza… siguiendo a través de sus pantallas, frenéticos porque no podían creer lo que veían, el transcurrir de su plan para eliminar a los desleales al otro lado del pequeño y ya no tan verde planeta.

La noche se iluminó de nuevo, pero con distintos fuegos: los barracuda del Imperio Tau estaban masacrando a los Tiránidos desde el aire, y una última bomba cayó en territorio “amigo”… aquello supuso un duro golpe en los ánimos de los Vash’ya, una de cuyas partes huyó de la contención hacia posiciones retiradas… el flanco derecho del semicírculo se quebró tras la explosión, y se vieron rodeados de la masa irregular que eran esos inquietos hermagantes. Las luces, por fortuna y como digo, del imponente Lar’shi aturdieron a los Y’he y supusieron un soplo de aire fresco a priori para los soldados Tau. Kor’vre Is’kaara, Elsy’eir Run de las primeras, no lo dudó un solo momento, y ordenó a los pilotos de los Manta algo que nadie, ni tan sólo Elan Kor, se esperaba:
- ¡Derribad a los barracuda! ¡Derribadlos sobe los Y’he! ¡No dejad ni uno!

Una revolución, como jamás se había dado en el Imperio Tau, había dado comienzo con el simple disparo de un Manta: el que derribó sobre las hordas tiránidas al primer barracuda.

Continuará…

Barracuda; fte: wiki.reliccomunity.com

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