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6 de noviembre de 2012

III. ¡Malditos Tiránidos! Pt. 5.

Nicassar
"El cénit de la irreverencia de los Elsy'eir Run; y el cénit de la silenciosa hasta el momento revolución de Elan Kor contra el Imperio Tau acaba de darse: un Manta Elsy'eir Run ha derribado un Barracuda del Clan Bork'an sobre el enemigo Tiránido durante una inusual batalla en Phaeb, donde la Jerusía o Gobierno Central pretendía acabar con la amenaza sedicionista de los Ocultistas... pero, evidentemente, el plan de los Etéreos no ha salido como habían planeado; y ahora el Lar'shi Elsy'eir Run pretende la descabellada empresa de, ni más ni menos, rescatar a unos siete mil Shas'la y Shas'ui, con Armaduras o sin ellas, del mismo campo de batalla aun manteniendo combate abierto contra los hermageantes, que se han quedado sin dirección por parte de la Mente Enjambre al ser destruida la bionave qeu les trajo por la Kor'vattra, al otro lado del planeta.
¿Estaba, por el contrario, todo previsto por Elan Kor...? ¿O está llevando su hiuida en lugar de a lasupervivencia al desastre a todos esos Tau? Y, si consiguieran salir con vida de Phaeb, ¿se convertirán en errantes apátridas, perseguidos por los Aun a los que han traicionado...?
Todas estas preguntas pasan ahora por la mente de Doran: respira profundamente y parte en dos con su espada a un Tiránido que se ha acercado demasiado; mira en derredor: lso Tau no dejan de matar Y'he y el Lar'shi se aproxima a la espalda de la cña que ellos forman conteniendo al enemigo... no sabe qué va a pasar y, finalmente, dice en voz alta y todos le escuchan por medio de los intercomunicadores abiertos de los yelmos: "Qué la Paradoja os asista...". Los Elsy'eir Run lo gritan; los Vash'ya no saben de qué hablan sus nuevos aliados y, quizá, sus salvadores pero, de repente, sienten que sus fuerzas aumentan... es como si todos se hbuesen peusto de acuerdo entomar aire, retenerlo dos segundos en los henchidos pulmones, y al soltarlo: la furia."

CP.III.PT.5: DESPERTAD A LOS NICASSAR.

El Lar'shi había llegado a la posición más baja que le era posible. Los Mantas le rodearon abatiendo cuantos Barracuda, por decenas, pretendían acercarse a la nave principal. El piloto del Kir'qath imperial ay había dado aviso del ataque a los caza-bombardero pro parte de los insurgentes Elsy'eir Run, y aguardaba órdenes, manteniéndose al margen de la verdadera batalla. Los Tiránidos hostigaban sin descanso en el pasto yermo y cundido de sus huevos de insecto a los supervivientes de la encerrona que los "suyos" les prepararon.Y éstos, los verdaderos guerreros, los bravos, los furiosos ocultistas, los traicionados y despechados, les estaban dando una lección a todos: a los Y'he que les querían comer, a lso Tau que deseaban verlos muertos, y a todo aquel que leyera la historia real de La Batalla de Phaeb en los Anales Apócrifos (por vergonzosos) del Imperio Tau, y se diera cuenta de que la línea entre el Bien y el Mal es un zig-zag raramente bien perfilado; y que la narración de estos hechos no es la típica historieta llana de héroes y villanos. Las Odiseas del Destino, la clarividencia de los hados, los entresijos de la Historia, los límites de la verdad, la metáfora fantástica y hermosa que poética esconde toda palabra, se debatan en un único acorde violento y brutal, en ese campo nocturno y hediente de mortandad donde una frase sin sentido pondría a prueba la física del Cosmos al tiempo que el sentido mismo de la Justicia.
Elan Kor rebuscó en su túnica, tapada a su vez ésta por la XV-33 Jikita que le regaló Mont, y sacó al aire viciado y ensangrentado la pequeña y poderosa, misteriosa y frágil, Reliquia. La izó y el tiempo pareció detenerse, una luz blanca y azul la iluminó primero... el Aun de los Elsy'eir Run lanzo un grito sorprendente:
- ¡Podéis volar! ¡Volad Tau, volad Run Tau, volad Dark Tau! ¡Y seremos libres!

Un hermagante se acercó a Shas'la Vash'ya Ksi'va, uno de los soldados que aguantaba en primera línea de combate y que había escuchado el grito libertador de Elan Kor como el resto de kamaradas; y trató de ensartarle con su puntiaguda garra a la altura del abdomen. El Shas'la llegó a sentir el terror que le produciría encontrarse a merced de los sucios y hediondos dientes del insecto, que lo miraba como su presa alimentaria, pero se sorprendió por lo que sintió un instante después: su imaginación, exaltada y alterada por el poder de la Reliquia y el hechizo de Elan Kor, le puso alas y, cuando la púa del hermagante iba a rozarlo letal, su cuerpo se elevó. Junto con todos los soldados al tiempo, qeu salieron volando ante la incredulidad de los tripulantes del Kir'qath y de los pilotos de los Barracuda; que se batieron atemorizados en retirada; en dirección a las puertas abiertas del Lar'shi Elsy'eir Run.

El Kir'qath y los Barracuda se fueron de inmediato: "algo" habái convertido a los soldados Tau de los Vash¡ya y los Elsy'eir Run en seres voladores extraídso de una mitología anterior al Mont'au... eran seres inframundanos, venidos de la morada de La Muerte, el An'korst'la, y por lo tanto eran inmortales: por ello habáin sobrevivido al ataque brutal de los Tiránidos que habían colonizado Phaeb. Cuando el Aun'vre de Phaeb escuchó la excusa del piloto del Kir'qath y del Capitán del escuadrón de barracudas, no pudo creerlo: Elan Kor tenía realmente un poder demasiado "peligroso" no sólo para los Tau que "reclutaba" sino, a partir de esa batalla que cambiaría el destino del Imperio, para el Gobierno Central y los intereses de los Etéreos en el Universo en pro de la consecución del Bien Supremo total.
La bionave Y'he era destruida al mismo tiempo que el último soldado bajo el hechizo de Elan Kor, él mismo, entraba en el Lar'shi. Entonces todos perdieron sus nunca habidas alas y el que todavía era prelado de la Casta Aun dio una orden que sólo los pilotos a cargo de la flotilla Elsy'eir Run comprenderían:
- Despertad a los Nicassar: entraremos en la Disformidad en cinco Raik'ors.
- A sus órdenes, mi Señor. - Afirmó Kor'el Mon'anuk, la Tau piloto del Lar'shi y máxima autoridad de la Armada del Clan.

Elan Kor había logrado algo que los Tau no habáin querido hacer porque les resultaba "poco fiable"... mientras la kor'vattra daba "saltos" en la Disformidad sin la certeza de que el punto B o destino fuera el especificado desde el punto A u origen debido a la anterior suposición; y el Imperio sólo la utilizaba gracias a las caravanas Nicassar (seres con gran poder psíquico y carácter nómada); Elan Kor en el más absoluto de los secretos había esclavizado literalmente a una Dhow o comunidad nicassar para que le sirviera de "marcador psíquico" en lso viajes a través de la Disformidad puesto que toda nave Elsy'eir Run estaba provista, aparte de los rotores de inducción u otor medio combustible, de motores de disformidad "auxiliares". Mantenían al Dhow en estado de hibernación y sólo los despertaban, imbuidos en el extraño sueño narcótico de la Reliquia, en situaciones como la que ahora se daba... aunque, de hecho, era la primera vez que la flotilla del Clan recurría a este protocolo de forma real, es decir, sin tratarse de un simulacro.
Así, y con la paradoja como asistencia, los Mantas, el Sketer'qan y el Lar'shi iniciaron sus motores de disformidad y; antes que la kor'vattra de O'Kunas Kais pudiera interceptarlos; habían entrado en ella desapareciendo de Phaeb dejando sólo sus 'estelas'.
A partir de ese momento, los Elsy'eir Run y el grupo de Vash'ya que los ecompañaba, el clan ocultista se convirtió en Kre, Traidores al Imperio, y non-grato para el mismo... y, como por todos es sabido, la traición sólo se pagaba con la muerte.

Evitando encontrarse con algún elemento militar bien de O'Shovah o bien de O'Shaserra; los Comandantes del Imperio que ensanchaban, el primero para sí mismo aunque cordial con el Imperio, y la segunda para la gloria de los Aun, las fronteras Tau en el Universo; la Elsy'eir Run'vattra escogió como punto B un lugar vacío de la Galaxia y fuera de los límites adscritos a esta raza gris y azul.
Sin estaciones orbitales que captaran su presencia. Ni naves que les hostiagaran. Los Elsy'eir Run "se detuvieron" en la osucra tranquilidad del vacío admitido. Desde esa posición en tierra de nadie, quizá surcada por Orkos de vez en cuando y los Humanos que les persiguieran, la Galaxia se desplegaba en todas direcciones con toda su belleza y esplendor. La nada, infinita y quieta, muda e insólita, se convirtió entonces en el horizonte inexistente de las pretensiones de un Elan Kor pensativo... tal vez había planeado su escisión del Imperio muchas veces; o quizá ninguna; tal vez siempre quiso aquello: ser libre y dueño de su propio destino... pero tal vez se debáin haber hecho las cosas de un modo distinto.
Respiró profundamente y pidió que nadie les molestase. Colocó la Reliquia en el altar y apoyó las palmas de sus manos a ambos lados, en un espacio ancho de madera debajo del ídolo. Cerró los ojos y soltó en el aire. Al abrirlos suspiró y se dijo a sí mismo que estuviese tranquilo. Que lo que fuera ya había sido hecho y, obviamente, no tenía remedio. Que allí estaba el campo abierto de estrellas y que ahora podría tomar de él cuanto le apeteciera siendo un proscrito. Sonrió tratando de auto-convencerse que no estaba preocupado porque los Aun focalizaran todas sus fuerzas en dar con él y cargárselo. A él y a todos los Kre rebeldes a los que había conducido a la perdición... "o al comienzo", se dijo.
- Al comienzo. - Pronunció en voz alta en su soledad; y la Reliqueia se iluminó roja y naranja, dándole la razón.
Se cambió de ropa desechando para siempre los hábitos Aun y salió de sus aposentos. El ídolo se reía sin boca ni sonido desde su altar pagano. Enfiló el corredor y dio con Cal'ka, su fiel lugarteniente.
- Di a El'Mon'anuk qeu rastree el sistema en búsqueda de un planeta más o menos habitable... tenemos un rumbo que tomar y quiero informar del mismo a los muchachos.
- Sí señor... por cierto señor...
- ¿Sí?
- ¿Qué haremos con los Vash'ya que nos acompañan? El Shas'vre que les representa como máxima autoridad militar está nervioso... dice que sus soldados se están comportando de forma algo extraña para él...
- Claro, ya no son Vash'ya bajo el influjo de los Aun... están descubriendo la independencia del Bien Supremo... di a su Shas'vre que no tiene por qué preocuparse y que olvide el apodo "Vash'ya" de por vida... ahora son todos, como tú y como yo, Run'Tau proscritos. - Elan Kor tocó con sus dedos índice y corazón (los Tau no tienen anular) el cristal ferógeno de la frente de Cal'ka y éste fue a cumplir sus órdenes.
Cuando el fortachón explicó lo dicho por el ex-Aun al Shas'vre, éste se vio inconscientemente bajo el poder de la Paradoja, y acató la metamorfosis... la cadena se vio concluida cuando, el Shas'vre repitiendo la frase exacta, convenció a los millares de ex-Vash'ya que copaban la grotesca bodega de transporte del Lar'shi.

Elan Kor se dirigió al tiempo al puente de mando donde se encontraba El'Mon'anuk. Todos se pusieron en pie cuando el Guía entró.
- ¿Cómo se encuentrasn nuestros "amigos"? - Se refería a los Nicassar.
- Bien, - respondió la Capitán - volverán a su sueño en breve, creo que ni si quiera saben cuándo despiertan y cuándo regresan al estado narcoléptico.
- De acuerdo... ¿hay algún mundo en el que odamos aprovisionarnos y descansar?
- Sí... pero puede que haya Be'Gel (orkos) en pequeña cantidad...
- No importa, tome ese rumbo. Todos descansaremos una vez estemos allí.

Mont y Anuk se sentaron en el suelo. Doran hablaba entretanto con el Shas'vre ex-Vash'ya, de nombre Kanyon, cerca de ellos en la bodega. Los dos se quedaron en silencio con sus manos entrelazadas, en seria actitud de reflexión. Todo había cambiado mucho y muy deprisa.
- ¿Qué pasará ahora? - Preguntó Anuk, apoyando su cabeza en el hombro de Mont dejando que su pelo cayera sobre las rodillas de él como una cascada.
- El viento del cambio sopla; y de nosotros depende que lo haga a favor o en contra. - Había sido la frase más profunda que Mont hubo pronunciado en su vida.
¿Qué sería de ellos ahora? ¿Tenía o no Elan Kor un plan para ese ejército de apátridas? ¿Vagarían por la Galaxia, sin rumbo ni control? O serían aniquilados por las fuerzas de la temible y diestra O'Shaserra.

Continuará en... CAP. IV: EL TRIUNVIRATO.

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