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10 de noviembre de 2012

IV. El triunvirato. Pt. 1.


“El planeta en el que “aterrizó” el Lar’shi de los Run’Tau (a partir de ahora estas crónicas se referirán a nuestros protagonistas con éste, su verdadero nombre, o Dark Tau, su traducción en Gue) era pequeño… verde y de junglas frondosas que cubrían prácticamente toda la superficie terrestre; también tenía anchos mares u océanos, y la atmósfera era respirable y lo suficientemente ancha como para que los cánones de presión fueran los adecuados. El’Mon’anuk distinguió algún que otro poblado Orko salpicando las zonas diáfanas, escasas, entre la jungla… pero por fortuna hallaron un hueco ancho, parecido extrañamente a los del planeta donde hubieron de sobrevivir para formar parte del Clan, en el hemisferio norte de la pequeña roca de nombre ignoto en la Franja Este.

Los Run’Tau tenían ahora que detenerse a reflexionar… eran muchos y el abastecimiento no estaba planeado; ni tan sólo sabían si era seguro quedarse allí.

Elan Kor ya ha informado a sus muchachos acerca de la nueva e insólita situación. Ha puesto como Teniente Coronel a Cal’ka; erigido como Comandantes a los tres paradójicos: Mont, Anuk y Doran; como Comandante Adjunto a Kanyon, para que se ocupe de los que conoce; y ha dado la única orden que un guía puede dar en su tesitura: reconocer el terreno, buscar fuentes de alimentación para los soldados, y levantar campamento…”

CP.IV.PT.1: UN NUEVO AMANECER.

Doran supo en seguida por qué, a pesar de que el Shas’ka de ese Sistema estaba bastante lejos, la vida abundaba en aquel planeta sin nombre: los dos satélites naturales que lo rodeaban eran muy grandes y llanos, por lo que servían de espejos a la estrella, iluminando y calentando la amplia atmósfera que hacía de “invernadero” planetario… El’Mon’anuk, quien fue a su vez nombrada Almirante General de la nimia Kor’vattra Run’Tau, le dio la razón mientras hablaban de ello admirando la riqueza y espesura de la selva en derredor.
Entretanto, Mont y Anuk, junto con sus centurias – renovadas éstas y puestos Shas’ui sobre los nuevos adeptos ex-Vash’ya – se encargaron acompañados del resto de guerreros que recibieron idéntica orden, de inspeccionar la zona dibujando círculos cada vez más amplios desde las lindes del inmenso claro donde el Lar’shi y los otros descansaban. A expensas de algún que otro animal salvaje, que huyó al comprobar que los rastreadores intrusos eran superiores en número a cualquiera de sus familias o manadas, no hallaron vida inteligente… por lo pronto un emisario por centuria regresó al campamento en montaje par dar la noticia de la soledad a Doran, encargado de tal tarea, y de remitir la información a Elan Kor…
- Doran, - dijo el Guía – di a los centuriones que se preparen para recoger cuanta madera sea necesaria mientras los recolectores hallan y almacenan alimento vegetal en las tiendas… creo que me gusta este sitio… levantaremos una ciudadela de madera, como hacían los antiguos, para este nuevo comienzo. – Su mirada desde una improvisada atalaya izada con cuatro palos, recogía la inmensidad de sus pensamientos proyectados sobre aquella extensión enorme de árboles y vida. Había en sus ojos, normalmente inexpresivos como todo Tau, una novedosa chispa que titilaba de paz y emoción… tal vez Elan Kor podía oler en ese aire limpio, fresco y aromático, el futuro de esa nueva raza: quienes él mismo se encargó de rebautizar como Run’Tau o Tau Oscuros.
- Sí señor, daré al orden de inmediato.
- Pregunta quién sabe dibujar o tiene nociones de arquitectura… es perentorio que la fortaleza de madera sea bella además de funcional.
- Si señor… ¿algún estilo en concreto?
Elan Kor se giro a mirarlo y dijo sonriente:
- Modernismo y gótico flamígero por supuesto… - pensando en la arquitectura predominante de La Atalaya Negra; el “hogar” que habían tenido que abandonar.

Las obras comenzaron el segundo día; y el almacén empezó a llenarse desde esa mañana. Los mejores cazadores también llevaban sus presas para que los cocineros las salaran, sazonaran o conservaran en vinagre y especias por lo que pudiera ocurrir en el futuro. Elan Kor, apoyado con la respuesta afirmativa que era el silencio de los suyos, se había propuesto partir de cero en aquel lugar, tan bueno como otro cualquiera; y la Kor’vattra de los Tau parecía no haberles perseguido por el momento, por lo que el Guía se sentía relativamente esperanzado y tranquilo.
Después de la comida; que el Clan realizó por turnos; Elan Kor decidió salir a dar un paseo en compañía de sus nuevos tres alumnos más aventajados (nuestros protagonistas) para hablares sobre todo lo que su ambición e imaginación estaban maquinando… la selva era menos espesa alrededor del claro, que los Run’Tau se encargarían de ensanchar cortando leña para su magnífica fortaleza rupestre.
- …nos asentaremos y aguardaremos por el momento, - hablaba mientras paseaban; los otros tres se limitaban a escuchar y asentir – mediremos nuestras fuerzas con la misma naturaleza y, una vez sepamos que es versátil aquí nuestra supervivencia, nos lanzaremos a la conquista de las poblaciones Be’Gel (orkas) que vimos al rodear el planeta… no debe sernos difícil dada nuestra superioridad táctica y tecnológica…
En ese momento se oyó el crujido de unas ramas secas. Los cristales de los Run’Tau “olfatearon” el aire. ¡Be’Gel bien camuflados entre la maleza les estaban rondando! ¡Y ellos estaban solos!
- ¡Son Be…! – Gritó Anuk tratando de hallar a los espías entre el follaje de los árboles infinitos que les rodeaban.
Su voz se detuvo cuando Elan Kor emitió un quejido y se desplomó a su lado. Instintivamente el trío se echó sobre la alfombra de hojarasca y troncos huecos… algo había impactado en el cuello del ex Aun.
- Mira qué le pasa, - dijo Anuk a Mont desenfundando su rifle – nosotros te cubrimos. – En efecto, ella y Doran se colocaron a ambos lados del yaciente y su buen amigo.
- Elan Kor… ¿qué…? – Acertó a decir Mont al tiempo que descubría un dardo de gran tamaño clavado en el cuello del Guía. Tenía plumas, parecía muy rudimentario y, cómo no, era venenoso.
- Mont… me temo que ya no podéis hacer nada por mí, - susurró mientras se buscaba en los bolsillos internos del uniforme militar que se puso al desechar la túnica de los Etéreos – siento cómo el veneno me llena el pecho… ten, - la Reliquia tremolaba en su mano derecha, extendida hacia Mont – tú debes ser el próximo Guía de los Run’Tau y dueño de la Reliquia; - sentenció antes de exhalar su último aliento: - tú eres el Señor de la Paradoj… cumplirás la Profecía… - Sus ojos se quedaron sin luz y su boca se abrió mostrando una terrible mueca. El corazón le dejó de latir y ya no entró más aire en su pulmón.
Ante la sorpresa del trío; y cuando Doran disparaba un par de veces a la foresta sin saber tan sólo si había acertado a esos Be’Gel camuflados; el cuerpo del Etéreo en lugar de quedarse allí y descomponerse de manera natural se desvaneció convertido enana luz blanca y suave, como una esfera luminosa e incorpórea, que ascendió en la atmósfera hasta desaparecer sobre las copas de los árboles.
- ¡Ahí, ahí hay uno! – Avisó Anuk y disparó seguidamente.
- ¡Unkh! – Se oyó quejarse al Orko; y el trío comenzó, sin tiempo por el momento de reaccionar sentimentalmente a la muerte de Elan Kor, a recular de vuelta al bullicioso y seguro campamento.

Cal’ka les vio llegar desde lejos: él estaba organizando a los Shas’ui quienes a su vez organizaban sus centurias, en la construcción de las murallas del fuerte. Al no ver a Elan Kor con ellos, y que venían a la carrera, se extrañó y dio la orden de que un comando fuera a recibirles.
- Hay Be’Gel en la selva, - informó Mont al Shas’ui que les recibió, - diga a los suyos que monten puestos de guardia en esa línea, - señaló la arboleda más cercana, - tenemos que organizarnos para evitar posibles ataques… si veis a alguno, no dudéis: disparadle. Son hostiles y están muy preparados para la supervivencia aquí.
- Sí señor. – Respondió el otro y se apresuró a cumplir con la orden.
Cuando llegaron al fin a la posición de Cal’ka, Mont se encargó de transmitir la funesta noticia al Teniente Coronel…
- Cal’ka… -dijo y el rostro del otro mudó en el acto. No le hizo falta escuchar más: fue capaz de olerlo en Mont.
- ¿Cómo ha ocurrido…?
Mont le contó lo sucedido y lo que le dijo Reliquia en mano antes de transmutarse en esfera de luz. Cal’ka dio dos pasos hacia atrás primero; indeciso; y, acto seguido, se arrodilló en gesto de vasallaje: Elan Kor, el Guía y fundador de los Run’Tau, lo había elegido como su sucesor en última voluntad, y eso le convertía en el nuevo Guía de todos ellos y dueño de la Reliquia y el Destino de la Paradoja al completo.
Todos estaban, en ese momento en que Cal’ka enrareció el ambiente con su actuación, dentro del perímetro más interior del fortín en construcción que se levantaba viento en popa a su alrededor. También estaba El’Mon’anuk con ellos.
- Cal’ka tiene razón. – Dijo Doran, y se dispuso a arrodillarse…
- No… no la tiene. – Sorprendió Mont con su negativa. – No creo que sea justo que yo me quede con la Reliquia y el trono que dejó Elan Kor… prefiero compartirlo con vosotros… - se dirigía a Anuk y Doran al decir “vosotros”.
- Pero… ¿cómo? – Preguntó Anuk, interesada en la idea de Mont de compartir la responsabilidad del poder sobre los Run’Tau.
- Yo sé cómo… - respondió Cal’ka, poniéndose en pie. – No voy a negaros que siempre creí que yo cubriría el puesto del Señor Elan Kor a su… final; no obstante, sé que en vosotros la Paradoja es más fuerte que en ningún otro… y lo sé porque he leído la Profecía
Los otros cuatro se miraron entre sí… habían escuchado esa palabra a Elan Kor antes de morir. Desconocían la existencia de una profecía que tuviera algo que ver, aun de manera remota, con el asunto que ahora se traían obligatoriamente entre manos.

“En cuanto a la raza que ellos mismos llaman de T’au – leyó Cal’ka un manuscrito en vitela blanca de los Eldar -, su futuro será próspero, y se extenderán por toda la Galaxia gracias al Tau’va, el Bien Supremo, ideal en el que creen los denominados Etéreos o Aun, y no tendrán rival en el manejo de los navíos por el vacío del Universo. Pero llegará un día en que los tres alados conocerán un poder superior al del Bien Supremo, renegando del Tau’va y de su propia raza, y pondrán en peligro los mismo cimientos de su Civilización… así como de nosotros, el ojo y la mano que nos abominaba arrojamos, convirtiéndose en al mancha de nuestra virtud, los apóstatas Eldars Oscuros, ellos también serán sacrilegio abominación para los T’au y la Casta de los Aun, convirtiéndose en la mancha de su virtud.
Y cada uno de los tres tendrá una porción de fuerza de su poder; y su procedencia será distinta ero uno solo su fin. Y el nombre de los tres alados será incluso mayor que el de su antecesor, el que los unirá, y verán un Nuevo Comienzo de los de su raza azul y gris”.

Cuando Cal’ka dejó de leer, todos comprendieron su presente situación.
- La única forma, según me desveló Elan Kor, de que compartáis el infinito poder de la Paradoja por siempre es vaciando la Reliquia, y vertiendo su contenido en vuestros prismas ferógenos. Y debéis averiguar cómo hacerlo por vosotros mismos, pues ni nuestro amado Guía lo sabía, y antes de que se haga con el ídolo el pérfido de Eleazar Bocanegra… Señor del Caos.

Todo cobraba sentido. El porqué de que Elan Kor los reclutara y probara. El ataque del Corsario Rojo a Oi’Demlok. Incluso la muerte del Guía. O el asesinato de aquel Shas’ui en la jungla… todo, absolutamente todo en la mente de Mont, se desvelaba e iluminaba respondiendo a un Plan Maestro pre-trazado que ellos solamente se estaban encargando de redibujar, de plasmar… de vivir.
El silencio reinó. Tenían una República, o un Reino, que fundar…

galindonratalya.blogspot.com
Continuará…

2 comentarios:

  1. guay tío! espero que te mole el giro argumental constante que estoy pretendiendo con ésta, mi primera novela bloggeada sin pasar por corrección ni nada... en fin, los Dark Tau, o Run'Tau, en nuestro propio idioma ya son un hecho!!!!! Gracias por tu comentario bro!

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