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14 de noviembre de 2012

IV. El triunvirato. Pt. 2.



“Los Run’Tau han aterrizado en un planeta de la Franja Este alejado de cualquier otro con vida en su superficie. Tiene dos lunas grandes que lo calientan, pues su estrella está lejos, y una atmósfera alta y rica en oxígeno que ha logrado albergar una flora abundante y diversa. Tiene un gran océano y un único continente que abarca gran parte de la superficie. Desde las naves en las que han llegado: un Lar’shi y un Sketer’qan además de algún que otro Manta que el Lar’shi no acarreó en sus puertos gravitatorios; han localizado varias poblaciones Be’Gel (orkas), pero de tamaño insignificante, en los numerosos claros que las extensiones de bosque y selva según la latitud dejaban.
Saben que se han localizado cerca de una de estas poblaciones puesto que, camuflados entre la foresta, unos cazadores orkos les han atacado con el resultado de la muerte de Elan Kor, Guía de los Run’Tau y promotor de su traición al Imperio de la Casta de los Etéreos; y que deben darse prisa en terminar la construcción del fuerte que se traen entre manos para evitar futuros ataques.
Ante la muerte de Elan Kor, dueño de la Reliquia que hace que la Paradoja, el poder oscuro de los ocultistas e ilusionistas Run’Tau gracias al cual, entre otras cosas, lograron huir de Phaeb y del campo de batalla contra los Y’he (tiránidos), el misterioso y poderoso ídolo de manufactura humana ha pasado a la propiedad de Mont, un ex mecánico, creador de la Armadura de Combate XV-33 Jikita, cuya capacidad para utilizar la Paradoja es asombrosa y sobresaliente. Mont, en lugar de hacerse con el poder sobre los Run’Tau, ha decidido compartir tal propiedad con Doran, su mejor amigo, y Anuk, su pareja, cumpliendo así con la Profecía Eldar que habla de los Dark Tau como la más joven de todas las razas o civilizaciones que pugnan por la supremacía y el control de la Galaxia. La Profecía, relatada por el General Cal’ka, habla también de compartir el poder de los “tres alados” mediante el vaciamiento de la Reliquia…
…pero ninguno de ellos sabe cómo ejecutar ese vaciamiento. Lo que sí saben es que en sus manos está el futuro, y el camino a seguir, de los siete u ocho millares de Run’Tau que están a su cargo.”

CP.IV. PT.1 EL CHAMÁN ORKO.

Habían pasado cinco días desde la ocupación de aquel claro. No habían tenido ninguna “visita” de los nativos. Y se habían, los miembros del triunvirato, devanado las seseras tratando de averiguar cómo dividir el poder de la Reliquia en tres partes y “quedarse· cada uno con una de esas porciones de Paradoja en estado puro. Caso aparte, las obras del amurallado y las viviendas iban viento en popa y las centurias designadas a recolectar alimentos y cocinarlos para el Clan habían abierto rutas a las zonas fértiles del bosque, comenzando tanto el acondicionamiento del suelo para la agricultura como la preparación de exclusas y piscifactorías naturales en un río cercano. El comienzo en el nuevo planeta, entonces, marchaba bien y parecía a todo el mundo que aquel lugar, aquel claro y ese fuerte, y aquel bosque selvático en derredor, eran el lugar perfecto para asentarse y establecerse…
- Debemos realizar una expedición cuanto ante. – Propuso Doran cuando el triunvirato, Cal’ka y El’mon’anuk estaban reunidos en el edificio del cuartel general para determinar directrices a seguir para con el Clan.
- ¿Para qué?
- No estaría de más conocer mejor a la población Be’Gel nativa… saber si podemos relacionarnos de un modo, aunque no seguro en principio, sí pacífico para aprovechar su conocimiento de los recursos en nuestro beneficio.
Se hizo un silencio reflexivo. Mont asentía con el mentón… finalmente se pronunció:
- Creo que es buena idea… los Be’Gel son racionales aunque primitivos, la Paradoja les afectará… y pueden convertirse en valiosos aliados no sólo para el aprovechamiento del medio sino también para la futura defensa del planeta en caso de que los Corsarios de Bocanegra aparezcan…
- Cierto. – Concluyó Cal’ka dando más poder si cabía al argumento.
- ¿En qué dirección? Estamos rodeados de vegetación y por el este, donde el río, parece que no hay nadie… - comentó Anuk.
- Podríamos dar una vuelta con el Barracuda del Lar’shi y comprobar la posición del poblado Be’Gel más cercano. – Propuso la Almirante, y los demás aprobaron la idea.

Aquella misma tarde; puesto que las noches en el planeta que habían nombrado como Rocaverde tenían una luz parecida a la del día pero algo más tenue y dotando a todo objeto, ser y superficie, de una tonalidad pálida grisácea, y se veía igual de bien que a plena luz del mediodía; los tres profetizados, junto con un comando de élite, salieron hacia el noroeste rumbo al poblado que el Barracuda hubo localizado, y donde se asentaba una de las familias orkas nativas.
Dos horas y media T’au después, divisaron los tejados de las cabañas desde el bosque; intuyendo que un grupo de orkos los había encontrado y seguido tiempo atrás; y se detuvieron para pensar en cómo afrontar el encuentro de modo que no se diera ningún enfrentamiento violento ni nada parecido.
Mont sacó la Reliquia a la luz de las lunas y su superficie de madera milenaria refulgió verde y azul un par de veces: quería ser utilizada.
- Creo que lo mejor será utilizar la Reliquia desde el principio y someterles pacíficamente. – Opinó el sucesor de Elan Kor.
- Hagámoslo. – Corroboró Anuk; y Mont se puso a la cabeza del grupo de exploradores guerreros con la Reliquia en alto en su mano derecha por delante.
Pronto, un par de centenares de orkos, incluidos los que les habían “escoltado” y aparecieron de la nada perfectamente camuflados con la maleza, les rodearon observándoles como los alienígenas ignotos que eran…
- ¿Y ahora qué digo? – Preguntó Mont, algo abrumado ante la expectación de los orkos, que gesticulaban y cuchicheaban ente ellos pero que no se movían, anonadados igual que los Run’Tau ante el importante e inédito encuentro entre civilizaciones.
- Déjame a mí. – Dijo Doran; evidentemente él tenía formación para ese “trabajo” – Venimoz en zon de paz – Dijo en un Be’Gel extraño que ninguno de sus compañeros comprendió.
- ¿Para qué? – Se oyó una voz, tosca y grave, casi ronca, desde el gentío que les miraba, pero que no pudieron ubicar…
Doran cogió entonces la Reliquia de la mano de Mont, por si las moscas, y alzándola ante sí, dio un par de pasos al frente, y contestó:
- Para cooperar con vosotroz.
- ¿Cooperar? Habéiz venido a invadirnoz. – Dijo el otro; parecía que el resto de orkos no entendían ni a Doran ni a su escondido interlocutor… de repente, éste se abrió paso entre los tribales, y añadió: - No hay paz en el Univerzo, ¿por qué tendría que confiar en vosotros?
Era un Be’Gel anciano, portaba una máscara hecha con hojas de palma pintadas de rojo y negro, con dos grandes ojos pintados, circulares que pretendían infundir miedo; y una corona de plumas de distintos colores, grandes, que formaban una cresta alta sobre su cabeza. Llevaba asimismo un cetro hecho con un palo de madera y una calavera orka hecha de barro cocido pintada de blanco y rojo en su extremo. Sus ropajes, distintos a los del resto, eran un simple taparrabos de palmas y una cadena formada por medias cáscaras de un fruto grande y de aspecto duro.
- Huimoz de la guerra y hemoz llegado hazta vueztro mundo… - arguyó Doran – que queremoz que compartáiz con nosotros.
En ese momento, el chamán izó el cetro y los guerreros orkos asieron sus cerbatanas y tirachinas, a lo que Mont con presteza ordenó:
- ¡Usa la Paradoja!
- ¡Deteneos! ¡Somos vuestros dueños! – Gritó doran y los Be’Gel se paralizaron por completo, convirtiéndose en estatuas incapaces de ningún movimiento.
Todos excepto el chamán, quien miró a su alrededor y se sorprendió por el poder de la Reliquia, que fulguraba anaranjada cubierta de llamas de magia.
- ¿Cómo lo haz hecho? – Preguntó el Be’Gel, a quien la Paradoja parecía no afectarle.
- Con ezto, y un poder antiguo al que llamamoz paradoja…
- Una cosa Doran, - dijo entonces Anuk – puede que este viejo, al que no le afecta nuestro poder, sepa algo de cómo dividir poderes…
Doran se la quedó mirando un segundo pensando que estaba loca, pero reflexionada la propuesta opinó en su fuero interno que no sería tan descabellada… cuatro frases después, el triunvirato se hallaba en la tienda del chamán, y los Run’Tau y los Orkos guerreros apuntándose con sus respectivas y desiguales armas de proyectiles, tensos y atentos, en el claro frente al poblado.
- Ez un artefacto de contenzión. – Explicó el chamán, que dijo llamarse, en Be’Gel por supuesto, Zabio, puesta la Reliquia sobre una piedra y sin máscara. – Zi no recuerdo mal, ze parezerá a ezto… - se giró y les mostró un animal disecado que cogió previamente de una estantería de madera: era un felino de pelaje amarillento, de tamaño pequeño, con largas uñas afiladas y cola peluda y blanca. – El gato waagh, que contiene la magia de miz antepazadoz dezde el prinzipio… - Pasó el gato a Anuk, quien lo cogió con algo de asco y pasó en seguida a Mont, a quien le resultó gracioso el gesto de falsa fiereza del animal muerto.
Entonces Zabio cogió la Reliquia con ambas manos y comenzó a pronunciar una especie de hechizo en un idioma no Be’Gel, anterior al albor de la vida, con la voz emergente directamente del diafragma.
- ¿Dónde queréiz vaziar la… paradoja? – Preguntó y siguió con su cántico grave y cadencioso.
- Un tercio en cada uno de nosotros, ¿no? – Dijo Mont tras la traducción de Doran.
- Aguarda un segundo, - respondió Anuk – opino que debiéramos dejar parte del poder en la Reliquia, por si, en el futuro, uno de nosotros se corrompe y se convierte en un dictador… no podemos permitir que le pase a los Run’Tau con nosotros lo mismo que les ocurre a los Tau con la Dictadura de los Etéreos.
- Tienes razón mi amor. – Afirmó Mont, y se besaron. Mont asintió con la cabeza hacia Doran, y éste le dijo a Zabio en su idioma:
- Trez cuartaz partez en cada uno de nosotros y una cuarta parte conzervada en el ídolo.
- Eztá bien. – Dijo el otro y su cántico subió de volumen drásticamente hasta convertirse en casi un grito. De repente, tres rayos luminosos, cada uno de uno de los colores primarios, surgió de la Reliquia directo a los cristales ferógenos de que el triunvirato tenía en sus frentes.
Los tres cayeron en el acto inconscientes.

Cuando despertaron, estaban en el fuerte… no recordaban qué había sucedido…

“Se trataba de una Familia Orka aislada de cualquier clan orko de gran tamaño. En algunas ocasiones como la del planeta Rocaverde, las esporas orkas llegaron mucho tiempo atrás, y germinaron sin que ningún orko adulto las cuidara, creándose sociedades arcaicas y primitivas parecidas a las tribus, que levantaban poblados y que continuaron, por lógica evolutiva y gracias al ecosistema en el que se hallaban y del que vivían, su propia andadura desvinculadas totalmente de las super-sociedades orkas que, más avanzadas tecnológica y políticamente, recorren la Galaxia uniéndose contra los enemigos comunes que suelen ser el resto de civilizaciones colonizadoras de Sistemas.
Así, el poblado de Zabio, la Familia que pronto los Run’Tau conocerían como los Kalaveraz Rojiblankaz, era una pequeña tribu aislada que, seguramente, fue abandonada siglos atrás por su Familia Raíz (la que enseñaría a hablar a los antepasados de Zabio o a él mismo) en ese alejado planeta de ninguna parte…”

En Be’Gel, y escrito con brocha y pintura sobre un trozo de piel amarillenta y raída, Zabio proponía un trato al triunvirato que Doran se encargó de traducir:
Como dije, no hay paz. Muchas veces han venido los de piel dura y azul a nuestra selva, y casi siempre para divertirse con el sufrimiento de mi pueblo. Vosotros tenéis matadoras de gran poder: os propongo ayudaros con el acondicionamiento del bosque par que viváis más cómodamente en él a cambio de que nos enseñéis a utilizar vuestras matadoras… pensad que, cuando los de piel dura y azul regresen, también os atacarán a vosotros y se convertirán en nuestro enemigo común.
Resultaba insólito que un Be’Gel, primitivo y austero, llegara a razonamientos tan precisos… el triunvirato pues, debía decidir.

Continuará…


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