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22 de noviembre de 2012

V. Ejecución de una venganza. Pt. 1.



Mont, el Oscuro

“Semanas atrás según el calendario T’au por el que se regía todo el Imperio, a través de la Disformidad y con mucha fortuna, las naves de los Corsarios Rojos; una de las facciones de las Hordas del Caos; llegaron al Gofo de Damocles y atacaron el pequeño planeta Oi’Demlok, conocido como el hermano pequeño de Vior’la por su parecido y la escasa distancia con él; con el objetivo de acabar con la vida de Elan Kor y hacerse con la Reliquia pero… ¿por qué?
Eleazar Bocanegra, uno de los lugartenientes del temible Blackhear, Almirante General de los Corsarios Rojos, fue el encargado de esa arriesgada incursión en el corazón del Imperio Tau con resultado de desastre para sus naves, pero que consiguió huir gracias a la nulidad de los grises y azules para “navegar” a través de la Disformidad entre otros motivos. Es él quien desea la Reliquia para sí puesto que es el único de “los suyos” que conoce su historia, y la capacidad asombrosa de su oscuro poder…”

CP.V.PT.1. LA RELIQUIA: 20.000 AÑOS ATRÁS.

El perfumista Alain Dubois se levantó especialmente temprano aquella mañana en su casa del este de París, Francia. El sótano de la vivienda unifamiliar de dos plantas, y en cuya planta baja se encuentra la perfumería de Dubois, es un lugar lúgubre y húmedo; reinado por un alambique y tres estanterías de madera carcomida y negra repletas de frascos. Cuesta respirar con normalidad debido al millón de efluvios aromáticos que copan el aire, contaminándolo y haciéndolo pesado, palpable por el gusto y el olfato. Pero Dubois no es sólo uno de los mejores perfumistas de la ciudad de la luz; es masón y alquimista, y conoce los secretos de la lectura del cosmos… unos secretos que, él todavía no lo sabe trabajando en su última olorosa creación: Agua de estrellas, van a cambiar su insignificante aunque creativa existencia para siempre.
Aunque aún no ha amanecido del todo, y los primeros rayos de sol no han sobrepasado las primeras fachadas orientales de aquel barrio periférico parisino, alguien llama al timbre, arriba.
A Dubois no le extraña: debe ser Phillippe, su colega conservador del Museo del Louvre, alquimista en la clandestinidad como él y los miembros de la secreta hermandad, quien puede tener noticias frescas para él… han estado investigando, y han hallado un códice bizantino que habla de unos seres extraplanetarios que controlan a los seres inferiores a ellos, los humanos podrían estar entre éstos, por medio del olfato y los perfumes: algo que los doctores en biología llaman feromonas, utilizadas comúnmente para el apareamiento en el reino animal.
- No te lo vas a creer Dubois, - aseguró Phillippe, excitado, tanto que sus mejillas sonrojadas de por sí se mostraban rojas y grandes como tomates; y sus ojillos negros tiritaban nerviosos al hablar – en uno de los dibujos del códice el autor habla de una puerta metafísica, o eso creo Dubois…
Los dos descendieron al sótano. El aire hedía a cúrcuma y pachuli. Dubois creía, como su compañero, que el corazón le explotaría de emoción.
- Muéstrame Phillippe… quiero ver esa puerta.
Los glifos T’au, pretau a decir verdad, rodeaban dibujando una espiral hacia la izquierda dos círculos concéntricos abiertos por su lado inferior.
- Déjame ver la concordancia… - dijo casi ordenando al otro, quien le pasó un papel con el alfabeto T’au y su equivalente en el latino – debiera leerse así Y’koor’saal A’Tor’Raik L’Yava Auran’el kaara’juntasla L’Ray Aun’An que no tenemos ni idea de lo que significa…
- Discrepo Dubois. – Dijo Phillippe sonriendo con más nerviosismo si tal cosa fuera posible que cuando hubo llegado a la casa del perfumista; y extrajo de uno de los bolsillos interiores de su abrigo un papel doblado, amarillento y casi roto. Debía ser muy antiguo por la fragilidad de su aspecto. Lo desplegó al lado del códice y de la concordancia alfabética, y trataron de interpretarlo…
- ¿De dónde has sacado esto?
- Me lo dio Verne… el impresor.
- Julio siempre tiene un as en la manga, ¿no es así?... a ver, má o menos, dice así: El viajero a través del Tiempo y del Espacio con poder dibujará la puerta y viajará a la morada de los Etéreos [interpret.] – Se quedaron cavilando y Dubois dijo al fin: - tendremos que dibujar “con poder” la puerta para visitar esa morada etérea pues… - Y se pusieron manos a la obra: con tiza hicieron una réplica exacta en la pared del salón del perfumista.
Tardaron todo el día en plasmar el grabado bizantino a la perfección y… no ocurrió nada. Los dos se quedaron mirando, penando quizá que todo era una invención de los sabios orientales… no obstante, y cuando ya iban a dar el trabajo por perdido, se oyó una voz potente salir del dibujo en la pared, en T’au arcaico, el ser dijo:
- ¿Quién llama? – Pregunta que los masones no lograron entender.
Algo asustados a pesar de que habían estado deseando vivir ese momento casi toda su vida, observaron perplejos cómo el dibujo se encendía e iluminaba y el círculo de la puerta cambiaba de color: volviéndose azul celeste… instantes después, apareció una espiral hacia la izquierda y los ladrillos se tornaron líquidos: habían abierto un vórtice Aun espacio-temporal. Quizá el único que se ha dado en toda la Historia.
- ¿Quién llama? – Volvieron a preguntar. Y, al no obtener respuesta, un Etéreo T’au emergió de la espiral de líquido azul.
Phillippe emitió un gritito y se desmayó… Dubois se vio incapaz de articular palabra; y aunque lo hiciera, ¿qué le iba a decir?

Nadie en París supo más del perfumista Dubois; desaparecido para siempre. De no ser por su amigo Verne, las autoridades habrían encarcelado a Phillippe en un manicomio de por vida…

En aquella época en Francia y en Europa estaban de moda los santos y las vírgenes: todo el mundo tenía una de estas imágenes pseudo-religiosas por motivos tan dispares como la obtención de riquezas y la protección espiritual. Dubois llevaba en el bolsillo un “angelito” que le vendió una bruja gitana meses atrás… el pretexto: daba buena suerte. Dubois aprendió J’Ro’Tau’kor (el idioma Tau) en el planeta origen de los Aun que nadie sabe, ni los Tau lo conocen hoy, en qué lugar del Universo se encuentra. Aprendió también, como el buen perfumista que era, las artes físicas del Tau’va (el Bien Supremo) con el que los Etéreos sometían al resto gracias al sistema meta-biológico del que siempre se habla en esta novela. Y lo hizo tan bien que algo con lo que sus Maestros Aun no contaban les pesó: la ambición humana – el sentimiento más peligroso y destructivo que todavía hoy, en el cuadragésimo milenio, arrasa el Universo eliminando toda forma de vida que le es grata. Dubois dedujo que, como una fragancia podía contenerse en un frasco u objeto al ser rociado con la misma, el poder Tau’va podría también ser “recogido” en un continente. Después de plantear su hipótesis, supo que algunos Etéreos, los denominados Aun’O o Sagrados, no sólo eran capaces de dominar y someter a otros seres con su actividad ferógena, sino que podían “depositar” las feromonas del control en un objeto y que, bajo el influjo del mismo que irradiaba las partículas invisibles, los seres continuaban bajo el hechizo biológico sin la presencia del Aun… y su idea evolucionó. Él, sin cristal ferógeno, no tenía la capacidad de emisión ferógena; por lo que debía hacerse con las partículas de forma artificial… así, con su ambición pensando en cómo hacerse con tal poder, su alma se oscureció y su odio hacia los Aun creció… y en su camino, y no por azar, se cruzó también un antiquísimo “dios”: Tzeench, quien escuchó su ruego.
Los Tau son una raza inmune a la corrupción del Caos. Y los Aun un odiado enemigo ancestral de sus servidores más antiguos y sabios… por lo que el trato entre alguien como Dubois y Tzeench sólo era, a decir verdad, cuestión de tiempo y oportunidad.

La Matanza Aun es un episodio que pocos conocen… las hordas del Caos de la época llegaron al planeta Aun sin nombre ni sitio a través de un vórtice que Dubois les facilitó. No se lo esperaban y, para cuando “olieron” la presencia de los disformes en su morada, ya era demasiado tarde: las cabezas cortadas se contaron por miles, y Dubois, mediante mecanomagia a caballo entre las artes de los Etéreos y el oficio de un perfumista avanzado, vertió el contenido de los cristales de los muertos en el “angelito” gitano, hasta que el ídolo se llenó. Cuando la Matanza Aun cesó; y lo pocos que huyeron ya estaban muy lejos; Tzeench y sus huestes buscaron a Dubois: corromperían al humano y éste les entregaría el ídolo, que pasaría a ser Reliquia con los milenios, donde estaba contenido el poder de dominio mediante la ilusión olfativa de los Aun.
Pero no lo encontraron: dibujó la última puerta, y al traspasarla, hábil la destruyó. Solamente cometió un terrible error: no llegó a París; ni si quiera  a la Tierra; sino a un planeta alejado de cualquier vida por aquel entonces: una roca perdida en el espacio, donde murió.
Mas la Reliquia perduró…

El tiempo, las lluvias, los vientos, la actividad sísmica, las precipitaciones de azufre, pasaron ante los ojos ciegos y desdibujados de la estatuilla. Perdió el color y se le redondearon las formas. Mas el poder de la Paradoja nunca se perdió…

Continuará…



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