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26 de noviembre de 2012

V. Ejecución de una venganza. Pt. 2.


No he podido evitar poner esta imagen: se sale



“En un planeta sin nombre, donde ninguna civilización de la Galaxia ha llegado aún, un esqueleto humano, casi descompuesto incluso el marfil hueco de sus huesos, sostiene en su mano derecha una estatuilla negruzca de madera: es un hombrecillo con alas que fue la imagen de un ángel tiempo, mucho tiempo, atrás. En ella, aunque sólo los que vivieron la Matanza Aun lo saben y la mayoría de ellos ya están muertos, se encuentra uno de los mayores poderes del Universo: el de millares de Etéreos a la vez: el Tau’va contenido y comprimido a su mínima expresión: con ella, cualquiera aun sin pertenecer a la jovencísima raza de los Tau en el Golfo de Damocles de la Franja Este, puede emular, y multiplicar, el poder mágico y místico de los Etéreos, creando ilusiones capaces de someter a cualquier enemigo, por temible que parezca o potentes que sean sus armas.
Un servidor del Caos ha leído la leyenda, y lleva rastreando el Segmentum Ultima de la Galaxia décadas en busca del cuerpo de Dubois, el humano último y único dueño del ídolo, y a éste. Se llama Eleazar Bocanegra, y es un oficial de alto rango de los Corsarios Rojos de Blackheart… aunque no le contado a su jefe por qué tantas incursiones por allí desde el Torbellino y ha destruido todo vestigio literario que narre la historia. Quiere la Reliquia para sí: imagina cuantos planes maquiavélicos su mente corrupta podría llevar a cabo con tal poder… y se emborracha de sus propias y crueles enajenaciones.
Al tiempo, un joven Aun acaba de descubrir la Profecía Eldar que habla del ídolo y de los tres Tau que le servirán de rompecadenas… y lo busca también, a espaldas del resto de Etéreos quienes opinan que los profetas Eldar son un fraude, pero con un objetivo bien distinto que Bocanegra: el de hallar a los protagonistas de la fascinante profecía, y ser el promotor del Nuevo Orden Tau en el que los individuos serán libres de elegir su propio destino, sin tener que obedecer ni someter su existencia a un ideal impuesto como es el Tau’va o Bien Supremo. Donde todos serán iguales y no tendrán que nacer predeterminados a una Casta, estrato social u oficio. Sabe que es un idealista, un soñador, pero no le importa: encontrará el ídolo y atenderá a la llamada del Destino, de las Odiseas de la Fortuna…”

CP.5.PT.2. LA RELIQUIA: EL REENCUENTRO.

El rastreo ha llevado a Eleazar Bocanegra hasta ese planeta de color predominante azul oscuro: es de roca dura, tal vez una variante de granito y azulita en la mayoría de su superficie… no tiene mares ni cualquier vegetación… el humano debió llegar y morir en el acto… si hubo atmósfera alguna vez cubriendo aquel pedrusco, debió ser muy delgada y quizá irrespirable… el humano viviría en ese mundo cataclísmico y, finalmente, moriría de hambre o de sed exhalando su último aliento al vacío. Al menos, la gravedad es idónea: el esqueleto debe estar por allí, y la Reliquia con él.
- Hay una nave cerca… - le indica su contramaestre mirando el radar – que se aleja con velocidad constante.
- Mejor, - responde Bocanegra – no quiero enfrentamientos ahora: el ídolo está en este planeta, lo presiento, y no deseo demorar más el momento de poseerlo.
- ¡Allí… en ese cerro! – Avisa uno de los tripulantes encargados de revisar las cámaras con las que los Corsarios Rojos están rastreando el suelo de aquel inhóspito y abrupto lugar.
Bocanegra se fija en la pantalla: todo aparece velado por un filtro verde, pero se distinguen las formas y los relieves a la perfección. Apoyado sobre una roca, en una postura algo extraña, está el esqueleto de Dubois, descarnado por los últimos átomos de oxígeno de la extinguida atmósfera, y conservados los huesos y los tendones gracias al fin de la misma; pues el vacío mismo es un conservante ya que es el óxido el que deteriora los tejidos.
Bocanegra ríe y sus ojos, inyectados normalmente en sangre por la corrupción, se abren como platos. Puede oler la victoria. Y se regodea en su interior imaginándose con el poder de miles de esos magos Tau en sus manos… de los hechizos con los cuales someter a sus enemigos, como esclavos, a las filas del Caos.
La nave se posa sobre la roca con al suavidad de un ave de pequeño tamaño. Eleazar se calza un traje especial; también lo hace le resto de su séquito; y pisa el suelo pétreo, azul, frío, y se acerca con lentitud, disfrutando de esos pasos que le separan del objetivo que ha seguido durante décadas, a los restos del malogrado Dubois.

Minutos después, al no ver la Reliquia por ningún lado, se da cuenta de que la nave que vieron alejarse al llegar era de aquel, quien fuese, que se ha llevado el ídolo: arrebatándole el poder y la gloria. Y entonces grita en su casco, oyéndolo incluso los túneles invisibles y silenciosos de la nada:
- ¡Maldiciooooooooooooooooooooón!

De regreso a su nave, da órdenes de tratar de seguir la nave; pero lo único que logra allí arriba, en el vacío infinito y admitido, es saber el modelo de nave y la civilización a la que pertenece gracias a un programa de cotejo informático de tipos de naves…
- Es una nave Tau señor, un Lar’shi. - Y el dibujito, el esquema simple, del mismo refulge en mitad de la pantalla.

Pasaron años sin que Eleazar Bocanegra, comandante de los Corsarios Rojos de Blackheart, en el Torbellino, supiera nada del Aun que le arrebató el ídolo en las narices… pero la fortuna quiso, enana incursión del Caos en el Imperio Tau, que el corrupto se “topara” literalmente con el “ladrón”… iban persiguiendo una nave humana, un crucero de los Ultramarines que había logrado huir tras una batalla de tantas con la tripulación justa y que se habían empeñado en destruir.
Tanto los Ultramarines como Bocanegra sabían que se estaban adentrando más y más en territorio Tau; no obstante, quizá los humanos pensaron que sería más fácil o mejor parlamentar con los normalmente pacíficos con ellos Tau que huir en dirección contraria y ser, tarde o temprano, eliminados por los Corsarios Rojos del Caos. En cuanto a éstos, como de costumbre, su arrogancia les empujó a llevar a cabo aquella persecución hasta sus últimas consecuencias y, si se encontraban con un navío Tau, se enfrentarían sin amedrentarse a él… así, huyendo y persiguiendo, avistaron un planeta de ese Sistema en su rumbo al que los Tau llamaban Elsy’eir.
- ¡Se dirigen al planeta, señor! – Avisó el contramaestre y Bocanegra ordenó sin dudarlo:
- Seguidles… y si encontráis algún sujeto como obstáculo, eliminadlo igual que si de un enemigo se tratase.
- Sí señor. – Su astronave aceleró cuanto sus motores le permitieron… de hecho, tenían ya la nave ultramarine a tiro, y se dirigieron hacia Elsy’eir sin remedio. – Señor, - habló nuevamente – hay un Lar’shi en la línea de la nave objetivo.
- No importa: continuad y preparaos para el combate naval.
Iba a dar la orden de abrir fuego: podrían acertarle de lleno y la nave ultramarine explotaría en una nube de fuego azul… todo estaba hecho cuando, de repente, la nave desapareció del radar y de las pantallas exteriores de control.
- ¡Han desaparecido!
Bocanegra no daba crédito… no habían si quiera digerido lo que ocurría cuando, para aumento de su perplejidad, el Lar’shi Tau también desapareció. Todos en el puente de mando de la nave del Caos comenzaron a preguntarse qué estaba ocurriendo… aminorando la velocidad y reprogramando el rumbo para evitar entrar en la atmósfera del planeta y liarla parda… todos excepto Eleazar Bocanegra, cuya mente en seguida ató cabos: una desaparición doble repentina; un Lar’shi; y la sensación de que estaban siendo víctimas de un sofisticado y místico engaño…
- El ídolo… - musitó.

- Den la vuelta, - ordenó cuando terminó de reflexionar sobre su inaudita situación, - ¿cuál es el nombre de ese planeta? ¿Podemos saberlo de algún modo…?
El contramaestre se encogió de hombros: no lo sabía…
- Está bien, vayan despacio… interceptaremos una nave pequeña Tau si podemos. – Y pudieron.

Al abordar el pequeño navío, un Orca de viajes regulares de transporte de personas entre planetas cercanos, encerraron a todos los viajeros y la tripulación: treinta Tau en total, en la bodega de su nave y comenzaron a torturarles para que, si alguien tenía información, les dijeran qué planeta era aquel y qué significaba el símbolo, el emblema, que habían logrado identificar antes de su desaparición en el misterioso Lar’shi.
Como los Tau eran inmunes a la corrupción del Caos, lo único que pudieron hacer con ellos tras conseguir cuanto deseaban, fue ejecutarlos. Para cuando esto sucedió, su nave ya estaba fuera del territorio del Imperio rumbo a casa, al Torbellino. “Al menos tengo tu nombre y un lugar donde encontrarte…”, pensó para sí y, abstraído en la soledad de su camarote, añadió en voz alta reflejo de sus pensamientos:
- Aun’el Elan Kor de los Elsy’eir Run, Etéreo de los Ocultistas Tau…
Y sus ojos ensangrentados brillaron de un naranja fulgurante al tiempo que espectral…

Al mismo tiempo, en La Atalaya Negra, Elan Kor consultaba a un amigo suyo de la Casta del Aire que había viajado por toda la Galaxia, de quién podía tratarse aquel que vieron primero acercarse al planeta donde halló a Dubois y la Reliquia; y segundo acercarse con tanta temeridad al que por aquel entonces era “su” planeta… los ultramarine habían sido despedidos de forma pacífica con un salvoconducto oficial de los Aun… y el de la Casta del Aire puso nombre al enemigo: Eleazar Bocanegra.

Continuará…

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