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17 de diciembre de 2012

V. Ejecución de una venganza. Pt. 5.





“Bocanegra y los suyos están “peinando” Rocaverde… saben que los Run’Tau, los Tau traidores a su imperio que han escapado del poder de los Etéreos para conformar una nueva “raza” están allí, pero son incapaces de verlos… el Triunvirato, formado por Mont, Anuk y Doran, ha conseguido realizar una mega-ilusión ferogénica y “escondido” a todos sus adeptos, orkoz y run’tau, bajo un conjuro de invisibilidad. Deben estar quietos, casi ni respirar, para que la ilusión no perezca y las legiones del Corsario Rojo los descubran…

…los kalaveraz rojiblankaz aguardan. Caputo, su líder y nexo entre el Triunvirato y las tribus de orkoz primitivos nativos de ese planeta en tierra de nadie en el Segmentum Ultima, ha dado órdenes estrictas de que hagan caso en todo a los run’tau por su bien y la supervivencia de la Gue’vattra, la legión extranjera de la que forman parte. Pero el mayor problema que tiene el Triunvirato no es que un orko equis le dé un ataque de ansiedad y rompa la ilusión… sino que ésta se desvanezca por falta de poder paradójico de esos tres super hechiceros…”

CP.5.PT.5: CASI DIOSES.

Para comunicarse sin que los Corsarios Rojos fueran capaces de oír sus voces, debían extremar sus percepciones extrasensoriales y hacerlo telepáticamente… tarea harto difícil cuando, además, debían mantener la ilusión de la invisibilidad y la intangibilidad perpetuas ante las narices del enemigo. Al principio sólo escucharon ruidos de interferencia en sus mentes, pero luego las frases fueron apareciendo dentro de sus cabezas y la conversación pudo darse de forma fluida cuando lograron controlar sus impulsos eléctricos convertidos en conceptos mentales.
- Deberéis mantener este tinglado vosotros solos… - anunció Mont, algo le estaba rondando la cabeza.
- ¿Por qué, qué vas a hacer? – Preguntó Anuk y el tono de preocupación resonó en la mente de los otros dos, totalmente perceptible.
- Veréis, si…

Bocanegra olfateó el ambiente… en aquel claro en concreto había habido un incendio, un gran incendio, días atrás: estaba plenamente seguro. Y no se hubo tratado de un incendio natural:
- Huele a fuselaje quemado… como cuando hacemos estallar una de esas naves imperiales…
- Señor, puede que hayan logrado una de esas ilusiones de las que me habló… - era la voz de Columbus, piloto del crucero en el que Bocanegra solía viajar.
- No sólo puede, sé que es así… por los Poderes Ruinosos, ¿cómo podríamos deshacer este conjuro…? – era una pregunta retórica obviamente… Bocanegra caviló en silencio, en pie y en el centro del fortín o Runtau’an que no podía ver. Sabía que ese Elan Kor y los suyos estaban allí, que guardaban la Reliquia en algún escondrijo… sabía también que debía ser cerca de ese claro en la selva: el olor a naves ardiendo hedía por doquier… pero no tenía la menor idea de cómo acabar con todo aquello, coger del cuello al mequetrefe azul y sacarle la Reliquia del gaznate a puñetazos.
- Señor… - dijo Columbus, dudando un instante en cuanto iría a decir a continuación.
- ¿Sí…?
- No sé mucho de magia, es decir, no tengo ni idea de magia, pero me consta que una ilusión no es un hechizo como tal… ¿es así?
- Sí… ¿a dónde quiere llegar, Columbus?
- Nosotros no podemos verles, ni si quiera podemos tocarles aunque estén aquí, como encerrados o englobados en una dimensión alternativa y paralela que esquiva nuestros corruptos y disformes sentidos… pero están aquí, son palpables de alguna forma…
Bocanegra sonrió y sus ojos naranjas y fulgentes destellaron en rojo pasión explotando más allá de sus oscuros y morados cuévanos. Sus dientes amarillos y afilados como colmillos caninos se dejaron ver en su horrible mueca victoriosa. Adivinando lo que pensaba su lugarteniente y piloto…
- Y por lo tanto se les puede matar…
- Exacto, que se escondan de nuestros sentidos, no significa que eviten ser alcanzados por nuestros proyectiles.
- Que los hombres formen un escuadrón de tiro… - Bocanegra oteó el claro: el satélite natural de Rocaverde brillaba en lo alto, era tan grande que parecía que fuera de día, como casi siempre en ese hermoso lugar que el Corsario Rojo no podía valorar de esa manera; en el lado donde se abría la senda hacia el río había una pared de foresta que formaba una línea recta casi perfecta. - ¡Formen allí, en la linde del noroeste: dispararan fuego a discreción hacia aquí, donde estamos ahora nosotros! Quiero que disparen como si esos árboles – señaló a los que tenía a la espalda en esos momentos – fueran el peor de todos sus enemigos… escoria humana ultramarine, mequetrefes azules de igual forma son…

Los Corsarios Rojos a pie, tanto soldadesca como los exterminadores que Bocanegra tenía bajo su mando, formaron el pelotón de fusilamiento al aire más grande, potencialmente peligroso y bestial que jamás hayan podido formar sin impedimentos las Hordas del Caos. Todos aguardaron la respiración un segundo: la mano derecha de Bocanegra en alto, al bajarla, se haría efectiva la orden de masacrar la selva… el Universo se detuvo ese largo, eterno, irrespirable instante…
- Si bajas la mano, - dijo una voz en Gue’la para hacerse entender – te rebano el cuello.
Un Run’Tau, mucho más bajito que Bocanegra, blandía uno de esos toscos y enrobinados cortacañas Be’Gel de los kalaveraz rojiblankaz cuyo filo, frío y letal, acariciaba la garganta del Almirante caótico.
- Tú no eres Elan Kor… pero tu poder es…
- Si vas a decir igual, te equivocas escoria… es superior al de mi mentor.

Columbus y el resto se quedaron perplejos. No sabían qué hacer… su naturaleza corrupta les decía que disparasen y continuasen con la misión objetivo sin hacer caso a la amenaza del Run’Tau; pero tantos milenios de piratería bajo el mandato de Huron Blackheart les habían impreso en la mente un extraño código de conducta que sólo ellos podían seguir, o simplemente entender. Por ello esperaron, con rabia iracunda y furiosa cólera destellando en sus rojos e hirvientes ojos.
Bocanegra respiró hondamente, trago una saliva que le supo a estropajo de aluminio y sonrió a Columbus sin que Mont se cerciorara de tal gesto… aquel codazo dolió, dolió mucho, y envió al pequeñajo Mont comparado con su enorme adversario varios metros atrás.
Mont se incorporó en seguida: era un tipo fuerte a pesar de todo, pero el brazo de Bocanegra había descendido sin la amenaza de su cortacañas en la garganta y el mega escuadrón de fusilamiento caótico empezó a disparar a troche y moche contra la nada donde estaba Runtau’an y toda su gente…

Los proyectiles luminosos y algunos metálicos del pelotón corsario atravesaron el claro impactando contra los árboles de enfrente y formando pequeños incendios aquí y allá. Eleazar Bocanegra se giró con mayor furia que nunca hacia Mont, quien le devolvió la mueca rabiosa con una risotada…
- Nada pueden hacer tus balas contra nuestro poder, engendro infernal…
- ¡Pero mis puños te destrozarán, alfeñique! ¡Desearás no haber conocido el aire que llena tus pulmones cuando acabe contigo! Pero antes… ¡confesarás entre estertores de auténtico dolor dónde está el ídolo de los Aun!
- Prueba… - dijo Mont haciéndole un gesto con la mano de obligarle a ir hacia él, y desenvainó su espada de montnan.
El puño metálico de Bocanegra, orlado de grotescos y afilados pinchos rojos, rozó el cráneo de Mont pero no logró tocarlo. Mont hizo una finta y se colocó al lado izquierdo de su enemigo… cuando, pesado y poco ágil, éste quiso volver a atacarle sintió que algo le retenía, que no podía moverse con total libertad… Mont se reía de él a su frente. Sus ojos de Tau, expresivos gracias a la libertad de La Paradoja en su interior, emitían carcajadas en forma de mirada alegre y victoriosa… Bocanegra se dio cuenta: en la abertura de su fuerte armadura, en la axila entre el pectoral y la hombrera, la espada de metal tau del mequetrefe azul se le había ensartado hasta la empuñadura…
- Bastard… - llegó a decir sin poder terminar la frase cuando Mont, riendo a carcajadas sin ningún pudor o vestigio de piedad, retiró la espada haciendo que un abanico impresionante de sangre surcara el aire y manchara, llegando a encharcarlo segundos después, el suelo terroso donde se encontraban. Bocanegra no gritó, y sus ojos se apagaron dibujando a su vez una mueca de incomprensión y frustración en su mortecino rostro.
Columbus vio todo aquello y decretó un alto el fuego que creó el silencio. La selva al otro lado de Runtau’an ardía por sus inútiles proyectiles. Ningún orko se había movido y Anuk y Doran parecían tener el poder suficiente como para continuar con su mega ilusión durante mucho más tiempo… el lugarteniente de Bocanegra anduvo unos pasos, lentos y firmes, en dirección a Mont…
- Pagarás por esto… - dijo sin timbre en la voz.
Mont sonrió. Y se desvaneció ante sus atónitos y cansados ojos.

Columbus supo en ese momento que nada tenían qué hacer… y opinó en sus adentros que era una pérdida de tiempo seguir allí buscando fantasmas… también sabía que, si esos Run’Tau aparecían y desaparecían su fuerza bruta no le serviría de nada y sus hombres, sus valientes piratas disformes, irían cayendo sin llegar jamás a entender los motivos de sus muertes.
Tocó retirada y el crucero partió de Rocaverde…
- Os habéis ganado un enemigo… esto no quedará así. – Dijo Columbus oteando el planeta desde el espacio exterior mientras se alejaban. Sabía de la existencia de la Reliquia aunque no tanto como Bocanegra, que se guardó casi toda la información para la tumba… y juró en su fuero interno y para siempre, que se la arrebataría a esos mediatorta azules.

No hubo pues mayor festín en aquel normalmente silencioso planeta que esa larga noche… kalaveraz rojiblankaz y Run’Tau celebraron su apoteósica victoria… sabiendo quizá que UN NUEVO ORDEN HABÍA DADO COMIENZO: EL AMANECER DE LOS DARK TAU ERA YA UN HECHO.

Fin de…
ODYSSEYS OF FATE: THE DARK TAU RISING.

Continuará en…
ODYSSEYS OF FATE II: RUN’TAU CHRONICLES.

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