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9 de diciembre de 2012

V. Ejecución de una venganza. Pt.4

"We are the hammer of the gods, we are thunder, wind and rain." Run'Tau proverb.

“Eleazar Bocanegra ha detectado la presencia de la Reliquia, y de aquel Tau que se la arrebató en las narices en ese planeta alejado de cualquier otra cosa… los escáneres que han analizado Rocaverde le dicen que el ejército que defiende el planeta es pequeño y que, por algún motivo, los Tau se han unido a los Orkoz nativos para saltar a un planeta cercano, sin nombre, del que están extrayendo pequeñas cantidades de metal… ¿están creando nuevas naves para el Imperio Tau tan lejos de los dominios seguros de los Etéreos? ¿Qué se traen entre manos Elan Kor y sus discípulos? Bocanegra es consciente de que el único modo de saberlo es bajar ahí, a esa atmósfera rica en oxígeno, y averiguarlo por sí mismo.” CP.5.PT.4: EVANESCENCIA. Los drones y los expertos mecánicos exVash’ya lograron salvar un Manta; con lo que la flota de la pequeña Kor’vattra Run’Tau contaba con ese único aerotransporte “grande” y los rápidos pero inoperativos en los viajes de larga distancia Mantarraya (dos) y Barracuda (siete). Han modificado la gran bodega del Manta para que no transporte tropas sino metal, el que necesitan para, tras fundirlo y procesarlo, comenzar a construir y montar sus propios acorazados, cuyo diseño ya había sido trazado en el papel y los ordenadores en Runtau’An por los ingenieros. Aunque en principio no tenían por qué tener ataque alguno por parte de los Tau, en un lugar tan alejado de los límites de su Imperio, por norma habían designado que un Mantarraya armado con todo escoltara el Manta de transporte minero en su viaje de ida y venida al planeta metálico, sin atmósfera y gravedad muy superior a Rocaverde, que el Triunvirato designó como Shotros’es (fuente de minas). Así pues, fue el rádar del Mantarraya el que detectó la presencia de la flotilla de Bocanegra: un crucero y un importante escuadrón de Garras Infernales que se les acercaba a toda velocidad. Los Corsarios Rojos del Caos tenían fama de implacables… Dieron la voz de alarma a Runtau’An, y en cuestión de minutos, los tres miembros del Triunvirato que reinaba a los jóvenes Run’Tau se hallaban en el otro Mantarraya en órbita… un enfrentamiento directo contra los Corsarios Rojos significaría una más que segura derrota: ellos no podrían repeler, ni de lejos, un ataque masivo de esos rápidos y letales Garras Infernales. - Tenemos que hacer algo grande… - comenzó Mont – parecido a lo que logró Elan Kor cuando todos volamos hacia el Lar’shi en Phaeb. - Sí… - afirmó Anuk, cogiendo a Mont con al mano derecha y acariciándose, vehementemente y de forma cuasi inconsciente, la tripa debajo del uniforme militar – si llegan a atacarnos, seremos Historia. - Pero, si Bocanegra sabe lo de las ilusiones, lo del verdadero poder de La Paradoja y su funcionamiento, puede que esté preparado para contrarrestar de algún modo nuestros hechizos de ilusión… - arguyó Doran; y podría tener razón. - En tal caso, - dijo Mont tras suspirar – tendremos que emplearnos a fondo. Las naves de Bocanegra aparecieron en la pantalla del puente de mando o cabina del pequeño navío a pesar de que todavía no eran visibles de forma física en el vacío al otro lado de la amplia cristalera. Los tres cerraron los ojos al mismo tiempo. Mientras izaban y sostenían sus manos derechas en alto ante la expectación de la tripulación; unieron las izquierdas formando un triángulo entre ellos. En ese momento, comenzaron a murmurar un conjuro que ni tan sólo quienes les acompañaban eran capaces de oír… …Bocanegra vio el Mantarraya allí detenido, en mitad de la nada, a medio camino entre el planeta ocupado y el metálico. El resto de naves, pensó, se ocultaba allí abajo, custodiando la Reliquia en algún punto inexacto y escondido de esa frondosa y húmeda selva. - Esta vez no voy a picar Elan Kor… - dijo en voz alta; y añadió de inmediato, alzando la voz: - ¡Qué nada les confunda señores! ¡Aunque el planeta desaparezca ante sus narices, continúen con el plan de la misión al pie de la letra! ¿Entendido? - ¡Sí Señor! – La respuesta retumbó rebotando en todas las naves de la flotilla del Caos: tenían algo que hacer y, ocurriese cuanto ocurriera, no cejarían hasta conseguirlo. Mirando por la gran pantalla del puente de mando de su destartalado (como todos los del Caos) crucero, Bocanegra y los suyos vieron sin dar crédito aunque avisados cómo se extendía de repente ante ellos una barrera infinita de fuego azul. Cualquiera podría decir que se trataba de una barrera mortal e infranqueable. - ¡Continuad! – En efecto, cuando llegaron a la barrera, ésta se desvaneció: nunca había existido. Pero tras ella ya no había un Mantarraya, sino un Lar’shi clase Héroe de dimensiones grotescas y armado hasta la bandera. Los Garras Infernales se adelantaron al crucero de Bocanegra y atacaron al Lar’shi, cuyas baterías de inducción contraatacaron de inmediato haciendo explotar a varias de ellas con una precisión alarmante para el Corsario. - ¡Sus proyectiles no son reales! ¡No son un acorazado, ni tan sólo un navío de defensa! – A pesar de saber que lo que estaba diciendo era la verdad: allí sólo había un nimio e indefenso transporte de tropas, no pudo negar en su fuero interno el magnífico y terrible poder de la Reliquia… la ilusión creada era tal que los cazas explotaban al ser alcanzados por los inexistentes proyectiles de la ilusión dada. Tal era la magnitud y el alcance de su arcaico, mítico, sorprendente poder. - ¡Disparad al centro! ¡A la zona central de la nave! – Y los tiradores se fijaron en esa zona, acertando de pleno… …el Mantarraya tembló y el Lar’shi desapareció… - ¡Nos han dado! ¡Retirada! – Dijo Mont y el pequeño navío se apresuró a llegar a Rocaverde cuanto antes. Los Garras Infernales le siguieron, de muy cerca, y el crucero tras ellos… Pero al llegar a la atmósfera el Mantarraya se volatilizó y las naves del Caos se vieron sin nadie ni nada a quien perseguir sobrevolando el bosque selvático del rico mundo Run’Tau. El crucero se quedó gravitando sobre la foresta. Los Garras Infernales empezaron a rastrear la totalidad del planeta en todas direcciones. Bocanegra y la tripulación de élite bajo su cargo descendieron del crucero y, una vez puestos los pies en tierra, se maldijeron en un principio por su mala suerte… aquellos bastardos, Elan Kor y los suyos, habían utilizado el poder de la Reliquia para desaparecer… - No pueden salir del planeta puesto que carecer de navíos lo suficiente potentes como para realizar grandes viajes, migratorios o de huida, ¡así que busquémoslos! Peinaremos el planeta palmo a palmo si es preciso hasta encontrarlos, pero no voy a permitir que esos mequetrefes grises y azules me arrebaten la dignidad dejándome en ridículo, quedándose con la Reliquia, que me pertenece. ¡Andando! Habían aterrizado en un vasto claro donde no había nada; y los mensajes de los capitanes de escuadrón de los Garras Infernales coincidían: ni rastro de algún poblado orko, ciudad Tau, fortaleza ni ningún tipo de edificio o rastro de cualquier civilización alienígena o humana. Si alguna vez hubo vida inteligente en aquel planeta verde, se había esfumado sin dejar el menor rastro o vestigio de su existencia. Era como si ellos fueran los primeros en avistar la roca, y entrar en su atmósfera para admirar y reconocer sus frondosos paisajes. Los Corsarios Rojos, no obstante, pinarían tal y como ordenó Bocanegra cada metro cuadrado de la espesura en busca de aquellos que se escondían tras el velo de la magia… En un punto inconcreto del conocimiento; en una gruta ignota de la infinita curva del espacio-tiempo; donde no llega la razón y se mueven, buceando cuales sirenas, los flujos de las esencias de la vida; el silencio reina violento. Es como si cien millones de almas contuvieran su respiración al unísono con los ojos muy abiertos. Expectantes. Esperando. Son los ecos de la sombra que ellos mismos no han creado. Un suspiro inaudible e imperceptible. Con el corazón en un puño, pendiendo el futuro y sus consecuencias de un hilo invisible, que se puede cortar con las tijeras de la Parca. En la dimensión oscura e inédita donde moran los Houdini y los Einsteins; allí donde nunca se detendrá la máquina del tiempo de Wells… en el relámpago que se cabalga, siendo sólo viento, los Run’Tau protegidos por la inexistencia, y la imprecisión teórica de los fundamentos cuánticos de la masa y al materia, aguardan a que el enemigo se canse de buscarlos teniéndolos frente a su inexperta mirada. Los Orkoz no lo entendían pero igualmente esperaban. Todos quietos, no son más que sombras. Donde la luz no arriba y el tiempo no navega. Allí, en el lugar donde se forjan los sueños y mueren todas las miradas. En la suposición. En el quizá y el es posible. Donde todo lo que pudo ser convive con los subjuntivos de la literatura del corazón. Donde se llena de vacío el Abismo… tres magos superpoderosos callan… sonrientes, regodeándose en sus adentros con orgullo de sus infinitas posibilidades. ¿Tiene manchas el ojo del leopardo? Continuará…

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