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9 de enero de 2013

El Despertar I: Somos la galaxia. (relato necrón)



(C) RÉQUIEM.

41º Milenio.
Día 5 del mes 3º después del despertar.
Perperauplex, Mundo Corona de la Dinastía Razhir.
Había pasado muy poco tiempo desde su despertar en las cámaras de éxtasis. De los centenares de sistemas subyugados a su causa, apenas varias decenas de ellos tenían escasa actividad, y muchos menos eran los que poseían una independencia plena para comunicarse con él, a decir verdad ninguno... sus mundos, antes fríos, helados debido a sus pobres estrellas, estaban repletos de vida, vida que nunca debía de haberse formado, seres abominables que ignoraban la existencia de los verdaderos dueños de la galaxia; nosotros los Necrontyr.
Rhaz-Thuraz oteó una vez mas el horizonte helado de Perperauplex desde los amplios ventanales de su inmenso palacio, que se alzaba como un mausoleo inmortal en medio de la necrópolis. Un símbolo de autoridad, majestuosidad y definitivamente de poder. Los cielos apenas habían cambiado, el blanco y frio panorama le seguía provocando una sensación de dominación allá donde le alcanzaba la vista. Solo una cosa le atormentaba, algo que no tenía nada que ver con todos los problemas técnicos que se habían producido con la comunicación con sus otros Mundos Necrópolis, tampoco con la destrucción total de todo un complejo de éxtasis donde esperaban miles de guerreros a ser despertados, e incluso ni siquiera estaba preocupado por la desaparición de su Némesor después de mas de sesenta millones de años. Era algo que que iba mas allá de todos esos sucesos que al fin y al cavo, podían ser solucionados sin demasiado esfuerzo y eran de esperar después de los largos milenios.
Una flota de unos extraños seres con una tecnología relativamente avanzada, había aterrizado deliberadamente en su estimado planeta, los informadores necrones habían estudiado meticulosamente los movimientos de esta incursión, sin encontrar ninguna información en el registro Necrontyr sobre esta forma de vida, al parecer no vinculada a los Eldar. Sin embargo, gracias a la avanzada tecnología de su mausoleo y a la dedicación plena de la corte de criptecnólogos, Rhaz-Thuraz pudo averiguar que se trataba de unos seres a los que se les solía denominar "Tau". Estos, se dedicaban a analizar Perperauplex y con éxito, habían catalogado una pequeña rama del Mundo Necropolis, profanando sus planicies, mancillando el nombre de su Dinastía y firmando a su vez su sentencia de muerte...
Rhaz-Thuraz despertó de su ensimismamiento, cuando uno de los lideres de su corte irrumpió en sus aposentos y se arrodilló ante él. Se trataba de la figura inconfundible de Iz-Rhaz, con su tejido sempiterno dorado, quien ostentaba una legión de inmortales a los que llamaba con orgullo los "Mirada Serena".
* Mi Phaeron, la despreciable forma de vida Tau se ha asentado cerca del polo norte planetario, en el desierto helado de Norplex, al oeste de los Acantilados de Hielo. Nos hemos mantenido al margen como ordenasteis hasta ahora y no se han percatado de nuestro despertar.
* Perfecto, ya era hora de que esos Tau dejaran de pulular por mi Corona. Prepara a los "Mirada Serena" y llévalos hasta el acantilado de los Eones, hazles creer a nuestros huéspedes que nos alzaremos desde allí -contestó Rhaz-Thuraz, dando a entender que tenía un riguroso plan, como siempre.
* Sí, mi Phaeron. En dos días estaremos preparados para atacar, esperaremos vuestra orden.
Seguidamente, Iz-Rhaz se apoyó en su dáculus y se levantó poco a poco, para dar media vuelta y desaparecer tras las puertas de los aposentos de su señor, dejando una estela verdosa proveniente de su capa, intacta a pesar de los siglos.
Rhaz-Thuraz lo siguió con la vista hasta que la estela desapareció por completo, recordando así las innumerables victorias que habían sucedido hace mas de sesenta millones de años, con la misma marca verde de Iz-Rhaz y los "Mirada Serena". Después de unos segundos de cortesía, volvió de nuevo la vista a sus ventanales, oteando el horizonte helado de Perperauplex.
Razhir-Rhaz, Mausoleo de la Dinastía Razhir
Día 6 del mes 3º después del despertar
Apenas unos instantes antes de que la estrella azul Plexion iluminase con su tenue luz los inmensos pináculos de los monolitos de Razhir-Rhaz, el mausoleo de la Dinastía Razhir, el Phaeron comenzaba su proyecto para purgar su planeta de la forma de vida Tau que había eclipsado la gloria Necrontyr durante demasiado tiempo.
Rhaz-Thuraz caminaba a paso rápido por los lóbregos pasillos de la vasta necrópolis, acompañado por sus cinco necroguardias y Kateph, el criptecnólogo mas avanzado de su corte. Con breves ordenes varios sistemas de éxtasis se iban activando, hasta la actualidad tan solo un quince por ciento de su Necropolis había despertado, y desgraciadamente un treinta y cinco aproximadamente había sido destruido, por lo tanto, se disponía a despertar el cincuenta por ciento restante y organizarlos para atacar. Cuando Kateph hubo terminado de activar todos los mecanismos de reanimación acudió a su corte y reunió a los mas competentes en una sala especifica para ello.
Los diferentes lideres y criptecnólogos iban presentando sus respetos al Phaeron conforme entraban en la sala de reuniones del mausoleo. Seguidamente tomaban asiento alrededor de la gran mesa en la que cada uno conservaba su posición ganada a pulso sesenta millones de años atrás. Eran seis, tres criptecnólogos entre los que se encontraban Kateph y Tsu-Kham el mas bélico de todos y tres lideres o nobles, sin contar a Iz-Rhaz que ya había partido al acantilado de
los Eones. Faltaban varios personajes de su corte que se encontraban en el Bastión Necrotec, punto clave de comunicaciones de la Dinastía Razhir el cual estaba situado varios miles de kilómetros al sur, en el ecuador planetario. Comenzaron una conversación larga e intensa sobre los diferentes sucesos que habían acontecido estos últimos meses, solucionando problemas técnicos y repartiendo tareas de organización y mantenimiento de la necrópolis, esto último fue asignado a Erinkhar uno de los lideres de mas intelecto. Hubiese sido correcto ordenar esta tarea a Drak-Rhaz, su Némesor, pero este se encontraba desaparecido y su cámara de éxtasis profanada. Llegó el momento de explicar el plan que pretendía seguir el Phaeron para aplastar a esa ridícula expedición que trataba a su Corona como objeto de laboratorio.
* La reanimación es mas lenta de lo que esperábamos mi señor, no tendremos el cien por cien de los efectivos, los circuitos han permanecido olvidados demasiado tiempo y necesitaremos semanas para que todos "despierten". Argumentó Kateph, el criptecnólogo jefe.
* Ya he enviado a Iz-Rhaz hacia los Acantilados de Hielo, quien esperará allí a mi orden para que sus "Mirada Serena" realicen un ataque frontal contra el asentamiento Tau, estos creerán que nos alzamos desde allí y cuando esto ocurra y concentren toda su atención en la contención de las tropas de Iz-Rhaz, atacaremos por la retaguardia enemiga atravesando el desierto Norplex guiando a los guerreros necrón hasta el corazón de sus fuerzas. Su tecnología no es menospreciable, pero nada comparada con la nuestra, no necesitaremos el cien por cien de nuestras fuerzas, me basta con lo que tenemos para aplastar a esa forma de vida, tenemos el poder, somos la galaxia. Culminó el Phaeron la conversación.
La reunión acabó poco después tras que toda la corte, asintiera ante sus metálicas palabras y pronunciara al unisono “somos la galaxia”.
Mientras tanto, poco a poco miles de guerreros necrones, programados para ello, se iban alineando en las planicies y hangares de la necrópolis armados con sus temibles rifles gauss, dispuestos a marchar por su Phaeron. Las arcas fantasma se deslizaban repletas de guerreros por las inmediaciones de la capital e incluso varios acechantes de la Triarca, que eligieron Perperauplex como lugar de descanso se prepararon para el inminente ataque.
Perperauplex, Acantilado de los Eones.
Día del 7 mes 3º después del despertar.
Después de dos días de camino hasta el polo norte planetario, dando un gran rodeo para que los Tau no se percatasen de su presencia, Iz-Rhaz mantenía a sus "Mirada Serena" tras el acantilado de los Eones, un inmenso escarpado de once mil metros de altura que daba paso al desierto Norplex y que crecía o disminuía dependiendo de las temporadas de tormenta. El gran líder, oteó el horizonte congelado percatándose de una gruta en la montaña que su mente no conseguía recordar, rápidamente, accionó un mecanismo y apareció una pequeña pantalla de
holograma en su antebrazo izquierdo desde el cual accedió al ordenador central de Necrotec, la base de comunicaciones. Revisando bases de datos e incluso consultando a los criptecnólogos de Necrotec, pudo averiguar que esa gruta llevaba poco tiempo abierta y que seguramente los culpables de aquello, fuesen los "Tau".
Iz-Rhaz cerró su comunicación y golpeó la helada superficie del planeta con su dáculus. Habría fruncido el ceño de tenerlo y mostraría una mueca de enfado, como en la era de la carne... pero no era así, a cambio, sus globos oculares aumentaron de intensidad y fulguraron de color rojo.
"Hemos dormido demasiado tiempo acunados por nuestra estrella azul, ya es hora de que todas esas formas de vida conozcan la única y verdadera razón de su existencia... pues no es otra que morir a mis pies." Se dijo a si mismo, antes de ordenar a una docena de sus "Mirada Serena" que le siguiesen hacia el interior de la gruta para llegar hasta el fondo del asunto.
Rhaz-Thuraz caminaba pensativo por los lóbregos pasillos de Razhir-Rhaz, hacía dos días que había enviado a Iz hacia el acantilado de los Eones y todavía no recibía notificaciones ni informes, algo muy inusual en él. Tsu-Kham apareció doblando uno de los corredores acompañado de un par de necroguardias, el criptecnólogo se arrodilló frente al Phaeron y los necroguardias hicieron lo propio.
* Habla. Musitó Rhaz-Thuraz mientras hacía un leve gesto con su metálica mano derecha para que todos se alzasen.
* Mi señor, las tropas están preparadas cientos de guerreros esperan sus ordenes para ejecutar el ataque. Dijo el criptecnólogo mientras se levantaba y lo hacían también los necroguardias.
* No podemos atacar hasta estar seguros de que Iz-Rhaz ha cumplido su parte, sin el factor sorpresa sufriremos demasiadas bajas y no disponemos de la verdadera fuerza de la Dinastía hasta que no despierten el cien por cien de las cámaras de éxtasis. Contestó severo el Phaeron, consciente de que los improvistos se le amontonaban.
* Pero mi señor, el tiempo apremia, si no atacamos pronto puede que la forma de vida Tau se percate de nuestra presencia, para entonces, cientos de naves se dirigirán hacia Perperauplex. Replicó Tsu-Kham.
* ¡Guarda tu impaciencia por la sangre para la batalla y deja que yo me encargue de liderar mi ejercito!. Exclamó Rhaz-Thuraz con un eco metálico que recorrió los pasillos del mausoleo.
* Si mi señor... Asintió el criptecnólogo experto en metamorfosis, reverenciándose ante el Phaeron para seguidamente dar media vuelta y seguir con sus tareas.
Rhaz-Thuraz observó al criptecnólogo hasta que esté desapareció de su vista, para seguidamente acercarse a uno de los grandes ventanales que daban al Laberinto Helado, una formación natural
de varios casquetes y paredes de hielo dispuestas a lo largo de cientos de kilómetros que formaban una especie de laberinto mortal.
* Iz-Rhaz, mas nos vale a todos que sigas siendo el mismo.

Continuará...

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