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18 de enero de 2013

I. CYR'NOU'ES. PT.3: "EL PROTOTIPO BETA"



“Como los espacios amplios de Men’Nars’ya están muy separados unos de otros, teniendo la densa espesura de la infinita selva entre medio, algunos de los comandos de élite Run’Tau que necesitan duro entrenamiento y demostraciones de mayor potencia bélica para el mismo, han tenido que desplazarse a claros muy lejanos del fortín de Runtau’An…
…uno de estos grupos, o comandos, es el de Pruebas de Armaduras. La única Armadura original Run’Tau es la creada por Mont, uno de los miembros del Triunvirato o Tri’Eldii, denominada XV-33 Jikita por sus características de movimiento basadas en los kroot; y su prototipo avanzado y pesado, llamado Jikitab (beta), con mayor capacidad de destrucción e igual capacidad de movimiento. Asimismo, y como los Vash’ya rescatados por el fallecido Elan Kor en la Batalla de Phaeb portaban alguna que otra Armadura de tipo mimético; las ingenieras de Runtau’An se están dando prisa en “copiar” la tecnología T’au, fabricando sus propias versiones de éstas, muy parecidas obviamente.
En resumen, el Comando de Pruebas de Armaduras, el C.P.A., cuyos pilotos son los mejores y más preparados para el combate con armas de fuego de Men’Nars’ya, ha montado su Cuartel General en un claro amplio del hemisferio sur, al que han nombrado Sho’por’va… lo que ellos no saben es que ese claro, bordeado de un ancho meandro fluvial y que puede ser visto desde fuera de la atmósfera del planeta verde, no es natural…
…un poder antiguo, muy antiguo, está a punto de desvelarse ante los neófitos ojos de los aguerridos y valientes pilotos Run’Tau.”

CP.I.PT.3: EL PROTOTIPO BETA.

Cal’ka había decidido, además de hacerse con la comandancia general de la vattra, ser el instructor jefe de los miembros del C.P.A. Habían creado ese comando para escoger a los privilegiados, de entre quienes tenían mejores cualidades para ello, que pilotaran en defensas futuras del planeta y el sistema colonizados su propia armadura XV-33 Jikita y Jikitab. Los muchachos y las muchachas elegidas en principio se sintieron eufóricas: lo cual era totalmente normal, ya que sabían que ocuparían puestos importantes en el ejército y en los supuestos emplazamientos a la hora de plantear un combate abierto… pero en cuanto se endurecieron los entrenamientos, de sol a sol, muchos de ellos y ellas, en algún momento, sintieron su monat desfallecer…

Ése no era el caso de Butch (muchos Run’Tau comenzaron a apodarse con nombres sin significado T’au cogidos de pronunciaciones orkaz, afianzando e interiorizando de tal modo su independencia total y su demarcación política y de pensamiento del Imperio que les traicionó). Él sentía que había nacido para hacer aquello: disparar, dar volteretas, correr con tantos kilos de metal encima… era robusto, fuerte y resistente; además, pensaba a una velocidad muy superior a la mayoría de sus compañeros.
Aquella mañana entre la primera y la última de estas Crónicas, cuando los muchachos se estaban encasquetando las armaduras para la sesión diaria de carrera de resistencia con ellas, para ir acostumbrando a los músculos al peso y las dimensiones de las mismas, Cal’ka dio ánimos a la tropa como hacía cada amanecer:
- Chicos, kamaradas, hoy no es un día cualquiera; así como no lo fue ayer ni tampoco lo será mañana… hoy es un día nuevo de libertad, de aprendizaje… ¡de independencia! Cada uno de nuestros días persiguiendo ser mejores un instante después de lo que somos en el instante presente, ha de ser un día de gloria, ¡de honor y de valor! Y vuestro esfuerzo no sólo será compensado con un puesto vitalicio en la vattra, sino que vuestro cuerpo y vuestra mente os lo agradecerán, sintiendo el Run’Or reverberando en vuestras arterias, afinando vuestros sentidos, respirando en vuestro pulmón y latiendo en vuestros corazones Run’Tau… no quiero que seáis pilotos de armaduras, ¡quiero que seáis los mejores pilotos de armaduras que hayan existido jamás en cualquier punto de este Universo, que os pertenece! Salid ahí afuera, y demostrad que sois capaces de superaros a cada momento.
- ¡Señor, sí señor! – Gritaron a una, y dejaron que Shaska’nou se reflejara sobre el brillante filo del metal de sus armaduras.
Pronto Butch cogió ventaja. Tenían que alcanzar un puesto alto, un banderín rojo colocado en el tejado de una de las run’ali o atalayas que habían dispuesto para la defensa de Sho’por’va, esquivando fuego real que disparaban unos dispositivos automáticos dispuestos en dos hileras altas, una a cada lado, de una vía o canal en zig-zag que debían atravesar hasta llegar al pie de la run’al; una vez sobrepasada esta vía, debían escalar la run’al sin ayuda de los propulsores mientras esquivaban un sinfín de sierras circulares, a gran velocidad, que rodaban sobre unos raíles verticales sitos en la pared de la run’al. El hábil de Butch fue pues el primero en alcanzar la run’al sin ser si quiera rozado por los proyectiles de inducción de los dispositivos… ya algunos, pocos no obstante, habían abandonado al contemplar disfunciones por ser alcanzados… el sonido de las sierras, electrónico y chirriante, le provocaba una tiricia enervante; pero a pesar de ello, apretó los dientes con fuerza, cerró los ojos y se dijo: “tú puedes, Butch, son sólo veinte metros… y veinte metros no van a separarte de la gloria… ¡la gloria kamarada!”. Los abrió de nuevo y observó las sierras: el prototipo beta era pesado, sabía que costaría abrirse paso hacia arriba, y tendría que moverse rápido para no ser alcanzado por los filos de metal. Iban de aquí para allá y regresaban: los raíles habían sido dispuestos de forma aleatoria, y había momentos en que el camino más corto: la línea recta, estaba totalmente cubiertas por semicírculos letales. Aguardó un poco, lo suficiente como para memorizar el algoritmo de movimiento, el bucle tras el que se reiniciaba la operación. “Ya lo tengo…”, pensó… Krat, otro piloto, llegó cuando Butch acababa de tener ese pensamiento… lo miró de reojo y saltó sobre la madera.
Krat pensó que su kamarada estaba loco: a él le parecía todavía imposible subir ahí arriba sin sufrir algún daño.
Pero Butch sabía lo que se hacía: una, otra, y otra más… todas las sierras le rozaron pero ninguna llegó a tocarle. Krat ni se lo planteó: era consciente de que Butch sería el que se alzaría con el galardón de ser el único capaz de tal hazaña. Sonrió y esperó… pronto llegaron otros para contemplar, con curiosidad y entusiasmo, el espectáculo de Butch… quien estaba a punto de tocar el voladizo del tejado donde se hallaba el banderín, superadas ya las sierras, cuando un tremolar de la tierra bajo los pies de todos le hizo caer…

“Los antiguos, quienes con cincel y a mano esculpieron los relieves de la Atalaya Negra basados en la mitología oscura del An’korst’la (el Inframundo), lo llamaban en sus leyendas y mitos B’kak’Aunes’es: el Pastor de Espíritus.”

La caída fue frenada por sus kamaradas quienes, como pudieron o les dejó el temblor, lo cogieron al vuelo con los poderosos brazos electromecánicos de los prototipos beta. La tierra en seguida se abrió bajo sus pies y todos saltaron, utilizando ya sus propulsores, a lugares seguros más allá del escenario de entrenamiento.
- ¡Muchachos! – la voz de Cal’ka resonó en sus yelmos a través de los intercomunicadores - ¡Formación en cuña frente a la puerta del séptimo barracón!
- ¡Señor, sí señor! – Parecían, a veces, actuar como una sola mente y un solo cuerpo; lo que llenaba de orgullo a Cal’ka igual que cuando los expertos en montnan ensayaban sus armoniosas katas; y un minuto después, el triángulo de armaduras formó a la perfección frente a la puerta indicada.
Los rostros, antes del miedo, expresaban auténtica e inédita estupefacción.

El monstruo, el B’kak’Aunes’es, surgió de las entrañas de la tierra con un rugido estremecedor que hizo temblar a los pilotos dentro de sus armaduras. Algún corazón sentiría tal desazón ante la fiereza de aquel ser que más de una fría lágrima se vertería de su ojo. Tenía siete ojos gigantes y rojos, con una pupila negra en el centro, en una cabeza que mediría cuatro metros de altura con unas fauces terribles, que al abrirlas dejaron ver tres filas de colmillos amarillos y verdes, puntiagudos como espadas; su apariencia era como una naga, ya que su cuerpo era cilíndrico y enorme… no podían saber, ni lo deseaban, dónde terminaba… además, en el lomo (distinguido por tener las escamas más duras que el abdomen, y un color parduzco y oscuro) lucía una fila interminable de protuberancias óseas hexagonales y afiladas.
- Es el…
- El B’kak’Aunes’es… - interrumpió Doran, quien acababa de llegar en su viaje rutinario de control, a Cal’ka; quien se quedó perplejo ante la ferocidad y el tamaño del bicho.
El Shas’O respiró hondamente, tragó saliva, y sólo se le ocurrió una cosa que decir:
- ¡Fuego a discreción mis valienteees!

Y el ruido se hizo verbo.

“Sho’por’va se caracteriza por dos cosas, tan esenciales como distintas: una es que es el lugar de entrenamiento para el C.P.A.; de donde salen los futuros pilotos de Armaduras del vattra. Otra, que, tras hacer que el B’kak’Aunes’es descendiera de nuevo (cabe decir que sin heridas pues ni los potentes cañones de fusión y de inducción de las XV-33 Jikitab perforaron su durísima piel) a su guarida en el interior del planeta, fue nombrado Lugar de los Sacrificios.

El Lugar de los Sacrificios es la boca o entrada al túnel ignoto donde vive el Leviatán Run’Tau, que los obreros han decorado con piedra blanca y reconstruido dándole una forma de circunferencia perfecta. A su lado han alzado un altar conforme a la costumbre de los antiguos; y cada alineación de satélites; esto ocurre una vez cada cuarenta y cinco deci; es elegido un individuo Be’Gel – está prohibido sacrificar Run’Tau – para alimentar a la bestia… de esta forma, junto con el adiestramiento intelectual y bélico de los Guardianes de la Reliquia; los Run’Tau han empezado, también, a conformar su propio credo o sistema de creencias pseudo-religiosas.

Obviamente, un servidor, fiel al Imperio, no las comparte.”

Continúa...

-Qué la paradoja os asista!

Nota: El nombre de la Armadura es Jikitabeta, pero ese símbolo no aparece en el editor de texto de blogger.

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