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9 de enero de 2013

I. CYR'NOU'ES (UN NUEVO ORDEN). PT. 2



“El planeta, a una distancia media de Shaska’nou, es caliente y rico en diversidad tanto vegetal como animal… quizá los Be’Gel (orkoz) que depositaron aquí sus esporas siglos atrás vieran aquí un Paraíso Perdido antes de olvidarse de su progenie y abandonarla a su suerte. Unido a este emplazamiento privilegiado en la frontera del Segmentum Ultima, está la cercanía del llamado Airon’T’ros, cuyas minas de metal son vírgenes y su explotación acaba de empezar con su descubrimiento; haciendo que este pequeño y alejado de cualquier civilización galáctica sistema planetario sea, como bien se ha convertido, en el lugar idóneo para un Renacimiento tal como el que los Tri’Eldii, el Triunvirato que dirige y administra este nuevo Reino, desean y pretenden poner en práctica.
Hablaré ahora de la temeridad de estos tres reyes: a pesar de que desde un principio he dejado claro que no estoy de acuerdo con su escisión, y que voy a mantenerme fiel a los ideales del Tau’va y al poder de los Aun y su Imperio, esta mañana – plácida y cálida por cierto – me han conducido hasta la cripta donde guardan el Tak’Ores (la Reliquia), fuente de su místico y magnífico poder mágico e ilusionista. Allí vive, bajo tierra sin poder salir, un comando de élite de guerreros Run’Tau denominados como Guardianes de la Reliquia; extraordinarios soldados entrenados para terminar con cualquier enemigo, expertos tanto en montnan (esgrima) como en uso de armas de inducción. Custodiando ese ídolo Gue’la de antes del Tiempo. Para quien en el futuro, más o menos inmediato, más o menos lejano, lea esto y crea que puede entrar en ese sótano, matar a los Guardianes y robar el Tak’Ores, le aviso de que, a mi pesar también, es un lugar totalmente infranqueable.
El segundo grupo o regimiento elitista dentro del breve crisol guerrero de este Reino es el de los pilotos de XV-33 Jikita: la armadura pesada-ligera creada por Mont, uno de los Tri’Eldii, y que ayudó a las fuerzas T’au en el combate de Phaeb contra los Y’he Tiránidos. Gracias a las artes metalúrgicas que están desarrollando las trabajadoras de los talleres armamentísticos al sur de Runtau’An, han comenzado a producir el prototipo de las XV-33 en cadena para los Shas’ui merecedores de poseer una de estas maravillas bélicas. Se entrenan aparte de los soldados regulares en un ensanche del hemisferio sur, lejos de Runtau’An, para desarrollar todo su potencial y analizar las limitaciones reales de las armaduras basadas en la fisionomía de los kroot, una de las razas fieles al Imperio Tau. Por el momento, y ya que el Ejército Run’Tau es muy pequeño en tamaño, estos dos son los únicos comandos capaces en realidad de hacer frente a un combate masivo a Men’Nars’ya, el planeta Rocaverde… y, ya que Mont me ha permitido, casi ordenado, que escribiese estas Crónicas con total libertad, rubrico aquí mismo que ojala reciban ese brutal ataque por parte del Imperio y la Kor’vattra antes de que su fuerza sea mayor, y su capacidad de repelerlo, suficiente.

Todavía no sé, y puede que nunca llegue a saberlo, cuáles son las verdaderas motivaciones e intenciones que tiene Mont para con estos escritos y mi persona; pero por el momento sólo puedo añadir y afirmar que lo siniestro de estos dirigentes, traidores al Imperio, también radica en una sinceridad cruel desbordante… si buscan algo más que lo que ellos sienten como libertad al prescindir de la dirección Aun, y de los preceptos morales del Bien Supremo o Tau’va, lo esconden muy bien… y si sólo buscan esto y nada más, si un buen día no viene O’Shaserra y borra Rocaverde de la faz de la Galaxia, habría que quitarse el sombrero y descubrirse ante ellos: pues lo han conseguido. Ahora bien, esta sedición plantea un nuevo reto: ¿cambiarán los soldados el ser dominados por los Etéreos, por ser dominados por los Tri’Eldii? La única reflexión positiva tiene una respuesta: si el Triunvirato no instaura pronto una democracia, se convertirán en aquello que más odian: los dictadores de quienes huyeron.”

CP.I.PT.2: EL PRIMER RUN’TAU.

Aquel crepúsculo rojo, de brisa húmeda y frescor entre las espesas ramas de los árboles, un llanto nuevo colmó de indómita esperanza los corazones libres de todos los Run’Tau. La nombraron Zara, como en las epopeyas de antes del Mont’au (época oscura de la Historia Tau) se nombraba a las princesas, por su significado. Como se habían desprendido de la idiotez congénita a la que eran sometidos por los Etéreos, habían redescubierto sentimientos naturales de todo ser vivo bigeneral como lo era el amor; tras milenios de gestación ‘in vitro’ selectiva en función de la Casta a la que perteneciere el embrión, los Run’Tau se estaban apareando de manera natural otra vez… y fruto de una de esas uniones entre un guerrero y una guerrera, nació la primera nativa de Men’Nars’ya, y por lo tanto la primera auténtica Run’Tau. Tenía la piel blanca, y los deditos pequeños y frágiles… parecía un ser débil y desprotegido emitiendo grititos de “no sé qué” sobre el pecho desnudo de su madre.

Los miembros del Triunvirato desearon estar presentes, así como el cronista (maravillado sinceramente ante tal acto de connotaciones cuasi divinas), y el General Cal’ka, quien a pesar de su carácter fuerte se mostró, sin ningún atisbo de vergüenza, tan emocionado como el resto de los asistentes así como la madre.
- Te nombraremos Zara, - dijo Doran izando a al tierna y frágil bebé antes de llevarla a la primera “presentación infantil” de la Historia Run’Tau – porque serás la Princesa de todos nosotros, por haber sido la primera… - su madre sonrió: sabía que sería alguien distinguida entre los demás gracias a ese hecho, - y a ti, madre, te nombramos a partir de ahora And’rea, por idéntico motivo; y las dos junto con el padre – éste creía estar viviendo un sueño: era uno de los guerreros de la Casta del Fuego Vash’ya rescatados en Phaeb (la madre, And’rea, sí era Run’Tau), y se mantuvo agradecido y en un segundo plano todo el tiempo – vendréis a vivir al Cuartel General desde este mismo día, para servir de ejemplo al resto de parejas Run’Tau, libres de selección genética, de sistema de Castas, y del poder dictatorial y absoluto del Tau’va de condenación.
De tal modo, convocaron ese mismo ocaso a todos; dejando la seguridad de Runtau’An a los Kalaveraz Rojiblankaz; y cada uno de los Run’Tau a aquella “presentación infantil”… pronto el ejército y los mineros del nuevo Reino se dieron cita en el enorme patio, expectantes observando los balcones del Cuartel General; ya que por uno de ellos se asomarían los Tri’Eldii con Zara en los brazos.

Se hizo el silencio en la plaza. Algunos portaban estandartes altos de tela con el símbolo de su raza: el Elsy’eir con alas. De repente, el sonido de uno de esos timbales Be’Gel provocó que se acongojaran los corazones de los guerreros con un rebelde mágico. Y a al fin de éste, apareció And’rea con Zara en brazos, acompañada por Mont, Anuk y Doran… alguien jaleó un “¡bravo!” allí abajo, y el aire se prendió de júbilo con los jaleos y los gritos con mensajes de apoyo y victoria. Las pocas Run’Tau embarazadas sonreían abrazadas por sus maridos, acariciándose los hinchados vientres de buenaesperanza. Sabiendo que habían logrado obtener, de una forma valiente, un privilegio divino hasta ese momento negado.
Mont y Anuk se sonrieron… ella llevaba también una estrella en su vientre; por eso había empezado a vestir ropa más holgada eso días, desechando el prieto y ceñido uniforme de Tri’Eldii. Aunque lo sospechaba, no se lo habían confirmado a Doran: no sabían cómo podía tomárselo el tercero en… ¿discordia?
No obstante, en Runtau’An ese día la Princesa y protagonista era aquella niña frágil de piel blanca (se le azularía con el tiempo… Men’Nars’ya era un lugar soleado y al mayor parte de la población había perdido la palidez propia de quienes pasan largas temporadas en el espacio).

Un nuevo horizonte pues se abrió para los Run’Tau. Y el Triunvirato se aprovechó de él enseguida: su propaganda anti-Aun se vio reforzada por dejar hacer al kushla; el amor; un sentimiento vedado por el Imperio e inexistente en la ideología Tau’va.
- …son libres… - me dijo Mont al dictarme esta crónica – y pueden amarse… ¿todavía crees que nuestro amanecer no es más bello que todos los que viste en T’au?
- No Su Majestad, - repliqué: - no hasta que esa libertad sea total…
- ¿A qué te refieres?
- Antes trabajan para el Tau’va y los Aun; y ahora lo hacen para vosotros, los Tri’Eldii… en sustancia: no veo la diferencia.
- Ya… pero son libres de sentir lo que deseen sentir…
- Hasta que sientan que no necesitan un Reino.
Quizá Mont había pensado ya en ello; por eso no me respondió nada. Ni tan sólo cambió su gesto: la impasibilidad en él era más que un don… simplemente se levantó tras suspirar, me dio un par de toques en el hombro y, sin despedirse, se marchó de mi celda-dormitorio. ¿Me había dado la razón…? No podía saberlo.

Adjunto a la crónica estos versos que compuso el padre de Zara y que él mismo me hizo llegar para unir a las Crónicas:
“Madre es el nombre que los corazones y los labios de los niños dan a Dios [El Cuervo; J. O’Barr]… y tú, mi amor, lo has sido para los dos. Me has dado cuanto más voy a querer, hasta el fin de mis días, en este Universo a veces sin razón… cómo no voy a quererte, a amarte, si en la cara de esa niña puedo ver que somos uno, y ya no dos. Viviré, mi vida, porque vuestro destino sea el mejor de cuantos puedan escribir para vosotras. Pues ya no vivo mi fortuna; no desde que Zara salió de ti… sino la vuestra. Quemaré todos los papeles que escribí, si de eso depende que seas feliz.”

Continuará…

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