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1 de enero de 2013

I. CYR'NOU'ES (UN NUEVO ORDEN) PT.1.






“En el Segmentum Ultima, en tierra de nadie, un sistema poblado por orkoz, Be’Gel primitivos que ni ellos mismos conocen cómo pudieron llegar allí, ha sido recientemente invadido y colonizado por los restos, escoria traidora al Imperio T’au, de dos clanes secesionistas: los Vash’ya que lucharon en Phaeb contra la última incursión Tiránida, Y’he destructivos de más allá de la Galaxia; y los Elsy’eir Run, el Clan de los Ocultistas de Elan Kor, recientemente fallecido, que siempre han sido considerados ‘non gratos’ en el Golfo de Damocles, corazón de los dominios de los Aun. A quienes ahora los auto-denominados Run’Tau o Tau Oscuros consideran sus mayores enemigos.
De este modo, exentos de lealtad al Bien Supremo, el Tau’va que todo lo rige en el Universo, han formado su propio sistema de gobierno y Estado: ellos lo llaman El Triunvirato, un reino de tres monarcas con igual poder y soberanía. Han constituido una jerarquía militar como organigrama de su sociedad, y comenzado una andadura fuera del Imperio con inéditas consecuencias.
Han nombrado a la estrella de su Sistema planetario sin nombre como Shas’kanou (Nueva Estrella); al planeta en el que moran Men’Nash’ya (Rocaverde); y al más cercano, una bola de metal de la que están extrayendo ya sus minerales en pos de crear una industria metalúrgica y astronaval propia, Airon’T’ros (Mina de Metal). Su flota, inexistente ya que un grave incendio en su Juntas principal destruyó el crucero y los defenderos con los que contaban, se compone en estos momentos de un par de aerotransportes Manta modificados para acarrear el metal en su viajes periódicos a Airon’T’ros; una flotilla de Barracudas que velan por la seguridad del planeta dentro de su rica y alta atmósfera; y un escuadrón de Mantarraya que escolta a las dos primeras naves para repeler, o tratar de hacerlo, cualquier ataque que provenga en el espacio exterior.
Los nombres de los Tres Reyes, llamados Tri’Eldii, son: Mont, un exmecánico de Oi’Demlok en el Golfo de Damocles; Doran, un excónsul de la Casta del Agua que llegó a tener altas obligaciones en los círculos selectos de la política T’au; y Anuk, una expiloto de la Kor’vattra con amplia experiencia militar. Después de ellos, y como Shas’O o general está Cal’ka, quien fuera mano derecha de Elan Kor. Y para la novedosa y reciente Gue’vattra, Legión Extranjera Run’Tau compuesta por el momento por los Kalaveraz Rojiblankaz (orkoz nativos de Rocaverde), han designado a Caputo, uno de ellos, como su Comandante o Shas’el.
Su poder, el del Triunvirato, no sólo está basado en el liderazgo natural de sus miembros, a quienes el resto ve como sus libertadores del yugo de los Aun y del Tau’va, que el Imperio Tau siempre ha dispuesto por encima del bien y de las vidas individuales; sino además por lo que ellos llaman Tak’Ores, la Reliquia, un ídolo humano que contenía el Run’Or, la Paradoja, o el poder dominado ferógeno de más de mil Etéreos concentrado en un único objeto… de este modo, el temor que provocan las súper-ilusiones que son capaces de crear los tres reyes, es también motivo de la pleitesía que sus súbditos les guardan. Todo Run’Tau exmiembro de los Elsy’eir Run, no obstante, poseen en pequeña porción Run’Or en sus espíritus, aunque no logren dominarlo con la increíble y colosal capacidad que los Tri’Eldii; no siendo el mismo caso el de los exVash’ya, quienes son guerreros Tau normales y corrientes con la única peculiaridad de que, carentes del influjo Aun, no creen en el Tau’va y poseen Monat (la capacidad de sentirse individuos autónomos y entidades libres con iniciativa y motivaciones propias).
Su andadura ha comenzado y yo, S’anti, cronista del Imperio hasta hace bien poco, voy a escribir sus Anales desde este preciso momento…”

PT.1. CONOCIENDO A LOS RUN’TAU.

Aloha, la Fio’vre o piloto del Manta número 2, se quedó mirando aquel puntito de luz en mitad de la nada… al ver que se movía acercándose a su posición (estaban despegando de Airon’T’ros, cargados de regreso a Men’Nars’ya), avisó del acercamiento de una posible nave al Sistema Shaska’nou a los Mantarraya y aguardó a que el objeto apareciese en el potente rádar de su magnífica astronave. El ordenador cotejó las dimensiones y diseño del mismo y lo identificó rápidamente: un pequeño navío tipo Orca, del Imperio Tau, que viajaba a velocidad media… en cuanto procesó esa información observando la pantallita negra con letras verdes y luminosas pensó en los Aun, y en que podría haber uno entre la tripulación de aquel Orca alejado de sus dominios. El corazón se le aceleró automáticamente y pidió a la estación planetaria, el nuevo Juntas o aeropuerto de Runtau’An, comunicación inmediata con el General Cal’ka…
…Cal’ka, entretanto, se hallaba en uno de los balcones del Cuartel General, el de la planta baja que daba al patio de entrenamientos concretamente, observando cómo sus discípulos de montnan, esgrima, ejercitaban las nuevas katas en una coreografía bélica de sincronización perfecta digna de admirar: los Run’Tau eran sin lugar a dudas los mejores luchadores con espada de ese Segmentum de la Galaxia. Cuando vio al emisario corriendo, al atravesar la plaza en línea recta, algo le dijo que se trataba de un asunto importante… le recibió y a la noticia y, sin demora, se subió al Barracuda más cercano que pudiera llevarle a la órbita. Los miembros del Triunvirato fueron avisados cuando Cal’ka acababa de entrar en el corredor de transporte, unas líneas imaginarias fijadas informáticamente utilizadas siempre para la ida y venida de las naves a Airon’T’ros.
- Trate de detenerlo sin enzarzarse en combate, Cal’ka… - la voz de Mont sonó electrónica en el micrófono de la pequeña nave de ataque rápido.
- Sí, señor. – Afirmó el General y refirió la orden a los pilotos de los Mantarraya, quienes adoptaron una posición defensiva de inmediato.
- Si nos detectan e identifican, creerán que somos parte de la Kor’vattra… - aseguró Doran, siguiendo la sucesión de acontecimientos junto con Anuk y Mont desde el Cuartel General – y será más fácil capturarlos…
Los tres estaban sentados en la gran sala de madera: una pantalla negra la reinaba en la única pared sin ventanas de la misma. Y todo ocurrió como dijo Doran que sucedería…

-¡Esto es un ultraje! ¿No saben quién soy? – Preguntó el embajador equis cuando le maniataron y condujeron a Runtau’An tras abordar el Orca.
- Si fuera realmente importante, - replicó el Shas’ui encargado de la conducción de los prisioneros, - viajaría en una nave más grande o con escolta, ¡así que cállese y andando!
Una vez les hicieron arrodillarse en dos filas: apenas eran una docena de Tau, todos masculinos, en el patio frente al Cuartel General, donde la expectación consiguió reunir a la mayor parte de los trabajadores de las techumbres del fortín, que era lo único que precisaba de retoques y quedaba por concluir para terminar con las titánicas obras de la ciudad de madera Run’Tau, que se arremolinaron en torno a los temerosos y sorprendidos acompañantes del embajador; les interrogaron:
- Identifíquense e informen de cuál era su procedencia y destino. – Tras Cal’ka, que fue quien habló, aparecieron ante los prisioneros las tres figuras de los Tri’Eldii. Lucían los nuevos uniformes-armadura militares de gala que habían diseñado las hilanderas mecánicas del también novedoso taller de armas: las telas de neopreno eran amarillas, y habían pintado de púrpura oscuro las partes metálicas de la armadura, que reflejaban azules a la luz de Shaska’nou, serigrafiando una banda en el yelmo y el pectoral en dos tonos de naranja. También habían pintado del mismo tono púrpura y azul los rifles y las pistolas de inducción, dejando negras las empuñaduras y los gatillos, y decorando de esas dos tonalidades naranjas las semiesferas que los identificaban como armas de tecnología T’au. En la hombrera izquierda, quizá el componente más significativo del uniforme Run’Tau, habían suplantado el símbolo T’au (una esfera que contenía una línea recta vertical con una circunferencia en la parte superior de ésta), por el logotipo de los Elsy’eir en amarillo para que destacase sobre el púrpura y el negro (de la izquierda, la derecha y debajo de la esfera salían tres bandas anchas hacia el centro, truncadas en éste, y una circunferencia ocupaba el lugar de la banda de arriba, formando una especie de cruz griega inclinada cuarenta y cinco grados a la izquierda). Esa fue la primera imagen Run’Tau, aunque posteriormente los Tri’Eldii fueran personalizando sus armaduras para distinguirse de los guerreros regulares de su Ejército.
Los tripulantes del Orca se identificaron como el embajador de la Casta del Agua, un cronista, un Shas’ui y el regimiento que estaba a cargo de este Sargento… iban en misión de paz a un encuentro interracial convocado más allá de las fronteras del Imperio Tau, y no contaban previamente calculada su ruta segura ningún encuentro violento, por lo que no solicitaron mayor escolta militar al Mando Aun.
- Está bien señores, - prosiguió Cal’ka tras la presentación – ahora tienen ante ustedes una toma de decisiones, - miró a Mont y éste asintió con el mentón – quien entre ustedes lo desee, podrá convertirse y entrar a formar parte del nuevo Ejército de los Run’Tau; por el contrario, quien se niegue a esto…
- Hallaré la muerte. – Concluyó la frase Anuk dando un paso al frente y desenvainando su espada.
- ¡Jamás! – Exclamó el embajador y, nada más pronunciar aquello, la Tri’Eldii saltó sobre él y le rebanó el cuello separándole del cuerpo la cabeza.
El cronista se quedó mirando a Anuk con sumo odio en la mirada.
- Yo deseo convertirme señora… - dijo sin titubear uno de los guerreros.
- Yo también. – Le siguieron todos. Todos menos el cronista, que continuó en silencio, arrodillado, y sosteniéndole la mirada a Anuk, quien escudriñaba el corazón del Tau en busca de algo con nombre y apellidos…
- El Run’Or es alto en él. – Acabó diciendo Anuk sin apartar su mirada de la del prisionero. Al tiempo, un Shas’ui Run’Tau iba desencadenando a los conversos; a quienes conducirían a su nueva vida como Tau Oscuros de inmediato.
- Lamento decirle que usted no tiene elección… - Mont recordó el nombre del D’iaz y lo pronunció: - S’anti el D’iaz, ya que le nombro en este momento cronista oficial de Men’Nash’ya y de los Run’Tau.
El escritor reflexionó un segundo, y añadió con sequedad:
- Entonces… seré su prisionero; pues en ningún momento he dicho que acepto convertirme.
- De acuerdo… por lo tanto, - sonrió Mont acercándosele y postrándose para que sus rostros estuvieran a la misma altura – en cuanto decidamos que no son necesarios sus servicios como cronista, correrá la misma suerte que el cadáver sanguinolento que yace decapitado a su lado.
- Soy plenamente consciente de ello, Su Majestad. – Sonrió igualmente S’anti, con una frialdad y convicción que le encantaron a Mont, quien se vio reflejado en la ironía inteligente del único prisionero de Runtau’An.
- ¡Encadenadlo en uno de los dormitorios del Cuartel General! – Finalizó Mont el extraño encuentro – ¡Y dad a los muchachos unos uniformes: mostrémosles que existe un mundo fuera de las cadenas opresoras del enemigo Aun!

“Me condujeron a uno de esos dormitorios, y me encerraron allí. Al atardecer me trajeron un plato de comida: pescado de río asado y una verdura roja que no había probado nunca antes: pimiento; que la verdad no estaba nada mal… y la mañana siguiente fui convocado en presencia de Mont, uno de los Tri’Eldii, para comenzar este libro: RUN’TAU CHRONICLES… partiendo del dictado resumido de la andadura de este Clan de traidores desde que Mont y Elan Kor se conocieran hasta el momento en que fui apresado por él y su ejército.”




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