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11 de febrero de 2013

II. La sabiduría de los Eldar. Pt.3.


“Los Eldars están trabajando duro y rápido… pronto habrán terminado su propia ciudadela sobre la marisma en Men’Nars’ya; y se han adaptado perfectamente, con sus dos Comandantes como mandos intermediarios con el Ejército Regular Run’Tau, en las prácticas militares de los soldados Tau.
Además, y como han traído algunas de sus naves, van a ayudar a la defensa del transporte de metales y minerales desde Airon’T’ros a las factorías de la periferia selvática de Runtau’An… de hecho, el Lar’shinou, basado en Cruceros clase Héroe del Imperio al que traicionaron, ya ha comenzado a manufacturarse – los drones se están autoproduciendo para ayudar en la tarea de ensamblaje – y pronto será una realidad la primera gran nave de la Run’vattra... los Nicassar continúan “durmiendo” en los tanques de líquido ámbar, bajo su narcolepsia inducida, aguardando ser utilizados por su poder psíquico para que sus amos, los Run’Tau, sean capaces de viajar a través de la Disformidad.
En cuanto al Gobierno y el día a día de Men’Nars’ya; lo único que ha cambiado es la presencia de los mil Eldars que se quedaron aquí y allá; porque las tensiones entre Mont y Doran, lejos de desaparecer, han ido creciendo… Mont piensa que sólo es envidia, y que no tiene que preocuparse: “Se le pasará, le haremos ver que él sigue siendo una de las piedras angulares del Tak’Aunel’es…”; le había repetido más de una vez a Anuk, tratando quizá de a fuerza de reiteraciones tal pensamiento terminase siendo verdad. Lo que el exmecánico no puede saber es lo que el Run’Or está haciendo con el alma y la mente de su todavía, amigo, hermano; y es que suele el silencio ser buen compañero de las sombras, pues qué es sino ocultación de palabras…
Lejos de allí, y de su entera conveniencia, está a punto de darse un importante encuentro… Baal-hemot vio en sus sueños proféticos una nave Ultramarine, un crucero tocado a la deriva que, por una razón que desea descubrir y va a hacerlo como digo en breve, no desea regresar a una batalla: la misma de la que huye y donde fue averiado de gravedad… ¿quiénes son esos Humanos? ¿Por qué no han continuado luchando contra aquellos Necrones junco con el resto de su Capítulo? Y… ¿qué tienen que ver, pues aparecía junto a ellos en el sueño Mont, los jóvenes Run’Tau con éstos?
Emitiendo señales de paz, el Crucero de Baal-hemot se ha dispuesto pues a interceptarlos…”

CP.II.PT.3: LOS APÁTRIDAS.

Darius Quijano es Capitán… el Comandante murió al golpearse la cabeza contra el suelo cuando su Crucero fue alcanzado por aquella ráfaga letal de proyectiles necrones. Ha tenido que asumir el mando de la nave y de su escasa tripulación: si en la nave caben unos cinco millares de hombres, en ésta sólo viajaba un par de miles… habrán muerto, por las explosiones y las caídas cuando el imponente navío azul mordiano se quedó boca abajo y sin sistemas gravitatorios temporalmente, un centenar o más… hay alguien encargándose en esos momentos de realizar un censo de bajas. La batalla no se dio en un planeta ni cerca de ningún Sistema: sólo el vacío los envolvía… y los Xenos Arcanos, los temidos Necrones, pillaron a todo el Capítulo por sorpresa cuando iban a atajar una amenaza Tiránida próxima a los dominios del Emperador en la Franja Sur… lejos de los hogares de los hombres de Darius Quijano… lejos de todo… por un sentimiento extraño que le recorrió apenas una fracción de segundo las arterias, Quijano decidió salir de la emboscada y ponerse a salvo, él y sus hombres. Cuando salieron de la Disformidad, al vacío admitido del cosmos, supieron que sólo les esperaba un fin si regresaban a la vista de los hermanos que habían dejado atrás: la muerte, la única condena posible para su delito, su pecado, su apostasía, de alta traición al Emperador.
Quijano miró hacia atrás en el puente de mando: los supervivientes le miraban, aguardando una orden: eran soldados, bendita sea, y necesitaban que un superior, él: el oficial al mando tras la muerte del Comandante, propusiera, ordenara y ejecutara qué hacer ahora que lo habían perdido todo menos la vida.
- Busquemos un lugar donde descansar… - el contramaestre asintió y, haciendo cuanto le permitía el tocado sistema de navegación, tomó rumbo a la lejanía – hagan un censo de bajas y lancen al vacío los cadáveres… ¡vamos, muévanse!
Alguien dijo, adiestrado como el perro que había sido hasta el momento:
- ¡Por el Emperador! – Como solían decir cuando acataban cualquier orden directa, mostrando lealtad absoluta y pleitesía al Jefe del Imperio Humano…
Quijano, condescendiente y autoritario, contestó (y no le haría falta repetirlo nunca más):
- No vuelvan a nombrar al Emperador jamás… nosotros somos Apátridas, y jamás, jamás, volveremos a arrodillarnos ante nadie…
“Ante nadie…”; y vagar contando fiambres en al nada infinita que es nuestro ancho Universo.

Baal-hemot avisó, personalmente a través de la radio de su nave, al Capitán Humano de que su encuentro sería en son de paz; y, sin preámbulos y al grano, que debía hablar con el oficial al mando de un asunto importante para ambos… Quijano dudó un segundo de creer al Eldar: sabía que esos Xenos eran muy inteligentes, y temían que quisiera jugársela, no obstante, y a pesar de sus prejuicios, algo más primario que la incertidumbre le hizo claudicar al preguntar:
- Nos vendrían bien víveres xenos… - no le importaba que aquel apelativo, normalmente despectivo, ofendiera a su interlocutor – nos acercaremos de manera pasiva si me da su palabra de que puede darnos algo de comida y que beber… de lo contrario…
- De acuerdo. – Atajó Baal-hemot. A pesar de que sabía que los necesitaba, no podía evitar que esos humanos altaneros le parecieran seres primitivos y calamitosamente aburridos. – Para que compruebe que son buenas mis intenciones, seré yo quien entre en su nave; ¿le parece bien?
- Sí, adelante… - los apátridas no estaban muy convencidos del buen rollo aparente del Eldar, pero sus rugientes estómagos bramaban por una solución rápida aunque ésta fuera la muerte por proyectil que no por hambre.

Quijano extendió su mano y Baal-hemot la apretó. El Capitán era más fuerte y ambos lo supieron en el acto; el séquito personal del Vidente los rodeaba a la espalda de éste; un buen grupo de soldados con armaduras pintadas de azul y la omega inversa (esa extraña “U” que llevan en las hombreras) rayada adrede con una cuchilla u otro objeto cortante rodeaban la espalda de Quijano. Todos se apuntaban con sus rifles: los Eldars de inducción, y los Humanos de proyectiles metálicos… dicen que adoran esos cachivaches ruidosos y que, aunque tienen la tecnología para fabricar armas láser, se niegan a ello. El Vidente aguantó, sin que el tiempo en hacerlo fuera el suficiente para que el Capitán lo percibiera, su palma pegada a la del otro con el objetivo de saber más cosas sobre él… “Quijano aparecía sobre uno de esos montes altos repletos de foresta, en plena jungla, como los que había visto en Men’Nars’ya, acarreando una de las ametralladoras cromadas con las que sus hombres apuntaban a los de Baal-hemot, y rodeado de millares de cadáveres de Dark Eldars entre los árboles frutales y sobre el lodo de los barrancos… era uno de los “ayudadores” de los Run’Tau contra el Peligro del Norte, y ahora el Vidente estaba seguro de ello”. El Vidente abrió los ojos y sonrió ampliamente.
- Capitán Darius Quijano, - comenzó con voz suave y gesto apacible – sé de un lugar donde seguro que serán bienvenidos…
Baal-hemot no se guardó nada; quería ser totalmente franco con aquel tipo; cuando le relató todo lo sucedido en el lejano Sistema Shaska’nou al otro lado de la Galaxia. Ellos estaban en un punto inexacto de la Franja Sur, y Men’Nars’ya flotaba en el Segmentum Ultima, cerca de la frontera con el Imperio Tau, en la Franja Este de la Vía Láctea.
“Uno de los míos le acompañará para que les reciban como es debido al llegar…”; le había dicho Baal-hemot, “se dará cuenta de cuánto tienen ustedes, los Apátridas, en común con esos xenos [le costó pronunciar aquello a sabiendas de que, a su manifiesto pesar, no tenía otro remedio hablando con esos retrasados de piel gruesa y toscos movimientos], que se han autodenominado Dark Tau o Run’Tau…”

Con los estómagos reparados gracias al insípido, no jugoso y empalagoso; aunque muy reconfortante; pan de lembas Eldar, el viaje a través de la Disformidad hasta los alrededores del Sistema Shaska’nou se hizo casi ameno… el Eldar que acompañó a Quijano y que casi no habló en todo el trayecto se llamaba Azur; y fue él quien estableció contacto con el bombardero águila encargado de la seguridad de la Vía del Metal establecida entre el planeta verde y el minero… en el momento, y con sorpresa, fueron a su vez avisados los miembros del Triunvirato, quienes se prepararon con extrema presteza para la bienvenida a los Gue’la…
- Dicen que vienen de parte de Baal-hemot, para formar parte de la Gue’vattra (legión extranjera), y ayudarnos en la defensa del Reino y del Sistema… - Comentó Mont a Doran mientras ambos se enfundaban las vestiduras de gala ante el encuentro diplomático.
- Uhm…
- ¿Qué pasa ahora? – Los cambios de humor de Doran, su desdén, estaban empezando a hartar, y en serio a Mont…
- Nada… no me fío ni de mi sombra; menos de ese Baal-hemot y menos todavía de un Gue’la… no son individuos en los que se pueda confiar… cuando trabajé para la Casta del Agua en el Imperio, tuve serio problemas en un viaje que hicimos cercano a lo que ellos llaman “sus dominios”… - Mont escuchó con atención: su amigo estaba cambiando, pero no había duda de que conocía el Universo y las culturas de sus pueblos mejor que él – son racistas, extremistas fanáticos que sólo desean la aniquilación total de cualquier forma de vida que no es la suya. – Envainó su espada de montnan y se ató al cinto un rifle de inducción. – Por si las moscas… esa gente no tiene aliados Mont… seamos cautos.
Sin dar tiempo a que el otro pudiera decir nada, Doran abandonó el vestuario… Mont suspiró:
- Qué vamos a hacer contigo, Doran… - terminó de vestirse rápidamente, y se quedó unos instantes dudando frente al armario del arsenal. Negó al aire con la cabeza y, suspirando de nuevo, se ató una vaina con espada y dos revólveres de inducción en la pistolera bajo las axilas… - espero que no tengas razón, amigo… y qué la Paradoja nos asista.

Continuará en… CP.III: WARWINDS (VIENTOS DE GUERRA).




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