Páginas vistas en total

24 de abril de 2013

VyD: Gloria Divina.



Las hordas del Caos habían desplegado todo su potencial... jamás habían visto mis ojos tanta nave enemiga reunida. Contemplando aquella demostración vasta de fuerza sostenida en el negro cosmos, una punzada me atravesó el corazón, como si realmente una daga de gélido metal se hubiera incrustado en mi carne, congelando mi pecho. Alguien me preguntó si me encontraba bien adivinando el trauma que internamente estaba padeciendo... me excusé y busqué la soledad y la oscuridad. La Barcaza, el Gladius XVI, estaba lleno de hermanos listos para la batalla... mas en un rincón lejos de todo, pude sentarme, me quité los guanteletes y cerré los ojos al tiempo qeu respiraba profundamente: no llegaba el aire necesario a mis contritos pulmones. Y miré en el negror del Abismo, y una voz vino a mí, y esta es al visión que me trajo la voz...

"Ven, hijo de hombre - me dijo y resonó su timbre en mi cabeza; y ya no sabía si respiraba o no; o si mi corazón se había detenido o mi pulso continuaba - y mira la gloria divina... - y miré, y vi: - y el aspecto de lo que vi era como de bronce, y refulgía como brilla una estrella justo antes de apagarse; y del fulgor salió una figura como la silueta de un soldado, con armadura como las nuestras, y tenía cuatro alas, dos a cada lado de la espalda, y no tenía piernas sino que se desplazaba sobre ruedas; y en lugar del yelmo tenái cuatro caras en la misma cabeza: tenía cara de hombre al frene, y cara de león al lado derecho, y cara de buey al lado izquierdo, y por último cara de águila en su lado posterior... - y la voz de antes volvió a hablarme, y me dijo: - Cuando vuelvas a verme, si haces como yo te digo, será que tya y de los tuyos ha sido la final victoria... "Y sobre las cabezas aparecía una expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas. Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como el ruido de un ejército" [Ez. 1: 22-24] Y se hizo la oscuridad; y terminó la visión de la gloria divina."

Cuando abrí los ojos, y mis pulmones continuaron absorbiendo aire, y mi corazón volvió a latir como se supone que un corazón late normalmente, la oscuridad del rincón estaba rota por la luz blanca y amarilla del pasillo principal, a mi izquierda...
Unos hermanos corrían en dirección a las bodejas de los puertos gravitatorios... estábamos en el Segmentum Obscurus, donde casi no hay Sistemas ni mundos, ¿por qué desembarcar si, a priori, se trataba de uan batalla puramente naval?
Me encasqueté los guanteletes y me aseguré de que mi bólter y mi hacha continuaban conmigo: listos para servirme en el fragor de la batalla. Anduve hasta el pasillo y pregunté al primero que vi pasar: un soldado como yo...
- ¿Qué ocurre... por qué se ha ordenado ir a los puertos?
Él no se detuvo, por lo que corrí junto a él al tiempo que me respondía:
- Dicen que ha venido uno de esos demonios... una de sus deidades de abominación... y que, utilizando la brujería de su poder tenebroso, ha corrompido la roca... y ha paralizado uno de los asteroides, deteniendo su coruso, de tal modo que, vasta su superficie y llana como un campo de metal, es factible luchar allí contra él y su endemoniada progenie, puño a puño, cara a cara... - mi hermano sonrió, y yo le devolví la sonrisa.
No había mayor placer; no podía existir mejhor y más claro camino a la gloria; no era posible sentir superior realización y sublimación del espíritu; que combatir personalmente, cuerpo a cuerpo, dentellada a dentellada. 

Entretanto, en el otro bando...

Khârn, el Paladín favorito de un demonio llamado Khorne, está hablando personalmente con su dios... el ídolo, transportado en una nave nodriza sin forma del tamaño de un planeta, continua sentado en su trono clavado en una montaña de calaveras ensangrentadas. El Paladín, en gesto de vasallaje, aguarda con su rodilla derecha hincada en el metal del suelo de ese peculiar salón del trono.
- ...mientras los guerreros entretenienen a la soldadesca humana... - su respiración era entrecortada incluso comunicándose a través del pensamiento, pues de sus fauces no podían salir palabras - tú tendrás la misión de encontrar al Atalaya... 
- ¿Cómo sabré que es él. Mi Señor?
- Porque ninguno de tus guerreros podrá rozarle... estará entre los demás, quizá sea un soldado o un don nadie sin rango ni especial protección, pero Nuestro Enemigo le proteje desde la prisión del silencio, y una corona invisible le ha puesto en la frente, que ni si quiera él sabe que la tiene, y esa corona lo hace invencible ante los ataques de las armas convencionales...
- ¿Y cómo se supone, si es invencible, que le habré de vencer?
- ¡Insensato! ¡No vuelvas a dudar de mis intenciones si no quieres que te destruya en ese preciso momento!
A pesar de que Khârn era el más despiadado de todos los generales de Khorne, las palabras del ídolo del Caos dentro de su cabeza le hicieron zozobrar... incluso tembló un poco y estuvo a punto de caer de bruces al suelo ante la violenicia del timbre absoluto y oscuro de su voz.
- Khârn... - prosiguió el demonio: - esta será tu arma... 
Un ser extraño, taimado y enjuto, envuelto en una túnica púrpura que pesaría más que él, se acercó al Paladín que se puso en pie tras pedirlo con un gesto y obtener la aprobación con otro. Y le entregó, alzando sus enclenques y pálidos brazos, un objeto envuelto en una sábana de algodón ensangrentada... 
Khârn la abrió y descubrió una lanza rota... no estaba hecha de metal ni tenía fuelles mecánicos o electroneumáticos que le dieran mayor potencia... sólo era un trozo astillado de madera con una punta de piedra romboide, atada al mástil mediante un cordel de lana. 
El Paladín miró a su dios, y éste respondió a la pregunta no pronunciada...
- No dudes, Khârn... y la victoria será nuestra.

De nuevo en el Gladius XVI...

Nos pusimos los yelmos y el Capitán asignado nos preguntó si teníamos todo el equipo... me coloqué a la espalda la mochila-reactor, hermosamente adornada con un busto calavérico dorado y la estrella de ocho puntas en negro sobre su frente, y me senté en mi butaca... despegaríamos de los puertos gravitatorios de inmediato y, en cuestión de minutos, llegaríamos a la superficie de ese asteroide paralizado para organizar y presentar la batalla... 
- ¡Por el Emperador!
Se escuchó en algún lugar de la bodega del aerotransporte... y todos a una gritamos:
-¡¡Por el Emperador!!
Seguros de vencer, puesto que nosotros estábamos del lado del Bien y en nombre de la simpar Dulcinea del Toboso.

Continuará... (feliz dia del libro herman@s)

No hay comentarios:

Publicar un comentario