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22 de mayo de 2013

VyD 6: Soliloquio del Dragón


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4 El Atalaya
3 Gloria divina
2 Patmos
1 Incipit

“Ya que por ser encumbrado en altura, y haber levantado su cumbre entre densas ramas, su corazón se elevó con su altura, yo lo entregaré en manos del poderoso de las naciones, que de cierto le tratará según su maldad. Yo lo he desechado. Y lo destruirán extranjeros, los poderosos de las naciones, y lo derribarán; sus ramas caerán sobre los montes…” [Ez. 31: 10-12]

Escuchad Khorne, y Tzeench, y los que seguís a los dioses de la Disformidad: yo soy el Dragón, la serpiente original. Yo fundé el Nilo, y navegué por él antes de que el primer humano pisara sobre la faz de la Tierra. Yo pervertí a los Eldar, y los convertí en sombras. Yo soy el Rey de las Dinastías de todos los Necrones. Y el trasfondo de los Aun. Soy el vencido por Miguel en la primera batalla; por el Hijo del Hombre en la segunda. Antes de que la Galaxia se refundara, yo ya escuchaba la Voz del Creador, y volaba entre los surcos de la nada. Escuchad naciones del Caos, y cerrad los ojos. Atendedme, haced vuestra mi palabra…

Me elevé sobre los collados, más que los cedros del Líbano me elevé; me elevé sobre las cabezas de los dioses en las batallas. Y por ello pago mi culpa… mi culpa cuasi eterna, que hoy está a las puertas de su final.

Podéis invadir el Segmentum Obcurus, podéis incluso llegar al Círculo de Sagrada Terra; matar a todos los hombres de azul, a todas las hermanas de batalla… podéis clavar en una pica la cabeza del Emperador y tornar el Sistema Solar en una bañera de sangre que rebose por todos los costados de sus órbitas y luz… pero no podréis impedir la llegada del Hijo del Hombre, y el final de mi condena.
Yo os puse por baluartes de mi propio Mal; yo os imaginé antes de que os formarais a este lado de la Realidad. Y por ello os convoco, dioses de la Disformidad, Señores del Caos, engendros de la muerte, portadores de la plaga y la destrucción, guadañas del Universo… os convoco y conmino a desistir y deponer vuestras armas, pues de nada os servirá convertir el Cielo en el Infierno.

El Atalaya ha escapado a la lanza de Longinus, que ahora porta Khârn, el Paladín de Khorne, mi siervo; y dará voces, y sus voces serán escuchadas por los que buscan el Tau’va… sí, él vencerá, pues está escrito: “Porque todo lo que es nacido vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” [1 Jn 5: 4] Y aun así, aunque Khârn desuelle al Atalaya, que es Santiago Einhorn de la fortaleza Laodiceus, llegará el Fin, y el fin de mi condena.
Y vuestro fin, y ya no seréis más…

…no habrá más Caos ni más Orden; ni Emperador ni sabiduría Eldar; no habrá más progenie insectil; ni dinastías; no habrá Luz ni Oscuridad… sólo ELLOS quedarán. Y no vosotros, que habéis traído la plaga.

Estas fueron las palabras que el Dragón, que es la serpiente original que sedujo a Eva para que comiera del fruto del árbol del bien y del mal, dijo a los dioses del Caos, para advertirles del Final de los Tiempos… con todo, ellos no quisieron escuchar a su primer Señor, y continuaron con el asedio a los dominios del Emperador, por lo que continuó así la Cruzada Defensa Sagrada sin que nadie excepto ellos; Khârn, paladín de Khorne; y Einhorn, el Atalaya, supieran de la verdad que subyacía bajo la losa inexorable del Tiempo…

Oí que llamaban a mi puerta. Y una voz me despertó de las visiones que vi del Dragón y de las abominaciones que dominan el Caos… y el que llamaba dijo mi nombre.
- ¡Einhorn, abre! – Era Prius, se había quedado como organizador mientras los hermanos útiles para el combate continuaban luchando en el asteroide que detuvo Tzeench.
Por el tono de su voz supe en seguida que no venía con una buena noticia, o con algo urgente que ordenarme… no: supe que venía a por mí. Y en mi celda sólo había una puerta para entrar o salir.
- ¿Sí, Prius…?
- Sal Einhorn… tenemos que hablar muchacho… - ese “muchacho” sonó como cuando un hacha cercena un cuello sobre un tocón.
Y salí. Y no sólo estaba Prius allí… dos ultramarines le acompañaban: uno de ellos era aquel tipo de ojos claros y pelo rubio que me vio “detener” balas que habrían machacado mi armadura. Yo no hablé. Ellos tampoco. Tampoco hizo falta… con un gesto me obligaron a extender los brazos y me esposaron con uno de esos grillos con cadena eléctrica, imposibles de quitar o romper…
- No podemos obviar que algo extraño te hizo abandonar el campo de batalla y venir a Laodiceus sin previo aviso, - Prius tomó un tono paternal que me gustó incluso menos que el inquisidor con el que vino a buscarme – Einhorn… ¿qué te está ocurriendo?
- Nada Prius… ¿qué creéis que está ocurriendo? – No se me ocurrió mejor astucia para escurrir el bulto…
- No me andaré con rodeos: hay testigos que primero te vieron congelarte y descongelarte como por arte de… no me obligues a decirlo; y después balas que rebotan o esquivan tu armadura y…
“¿Y?”
- … y Khârn, nuestro enemigo, te llamó… “atalaya”, ¿qué significa eso?
Me lo temía… cerré los ojos y aspiré con profundidad. Mis pulmones se llenaron de aire y mi corazón se relajó. No había escapatoria “lógica” posible. Crují mi cuello y miré a las alturas sin abrir los ojos… por primera vez en mi vida, oré… “Hijo del Hombre, ayúdame…”

Había oído hablar de aquello… se llama “premonición”, cuando algo ocurre en tu mente antes de que ocurra, inmediatamente después, en la realidad… el Hijo del Hombre se adentró en mi mente, y me fue “diciendo” a través de imágenes móviles cuanto debía hacer para escapar de allí… y de la muerte.
Golpear a uno y al otro con los hombros… golpeé a un ultramarine, al rubio después… correr por el pasillo hasta el corredor principal… corrí con las voces de Prius, desarmado, tras de mí e incapaz, por su edad, de perseguirme… acercarme por detrás a uno de los hermanos-guardias y abrazarlo con las esposas por el cuello, cortárselo con las cadenas eléctricas y correr hacia los puertos… vi al hermano, de espaldas a mí, en pie en el corredor principal y en dirección a los puertos, le pasé con extremo sigilo las esposas por encima de la cabeza y lo atraje hacia mí, con las cadenas eléctricas lo decapité sin que emitiera sonido alguno, y corrí hacia los puertos… en mi mente una última imagen: entra en el caza que están terminando de reparar y, aun con las esposas puestas, actívalo y sal de Laodiceus rumbo al Segmentum Ultima… entré a saco, el mecánico me increpó pero de un golpe lo noqueé, y lo saqué de allí; sin que nadie me lo impidiera, arranqué y salí del puerto…

…ya no era un Templario Negro, ya no era un escriba-guerrero al servicio del Emperador… con el piloto automático rumbo a ninguna parte en el Segmentum Ultima, saqué el libro de las Revelaciones y me puse a leer… “ahora eres el Atalaya”, me dijo el libro sin hablar, “un proscrito, un hereje con poderes psíquicos, y tienes una misión difícil que cumplir… hijo de hombre, habla a mi Pueblo, y consigue que se arrepientan antes del Fin, pues de no hacerlo, su sangre Yo demandaré de ti…”

Continuará…

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