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18 de agosto de 2013

Manifiesto modelista


          

            Siempre recordaré aquel día, en primero de EGB, cuando pinté todas las caras de los enanitos de Blancanieves de verde. Todos intuían que era daltónico, y ese hecho lo constató de manera indiscutible… tras ese día, me he pasado el resto de mi vida preguntando qué color es… me dio por el dibujo porque sabía que en la pintura poco tenía que hacer: nunca fui un gran dibujante pero al menos me valió para ser el que mejor lo hacía de la clase del noventa y seis en el colegio de monjas. Incluso ahora, después de tanto tiempo, sigo preguntando a mi mujer si esto es rojo, verde o marrón… con los azules me va algo mejor. En fin, cuando empecé a pintar miniaturas lo hice porque los Hombres Lagarto me fascinaron, y lo hice con la misma suerte que corrieron aquellos enanitos de cara verde… a patadas y sin fijarme demasiado… al menos, nunca lo dejé y hoy sigo pintando minis algo mejor, no mucho, que aquellos eslizones de cuarta temporada a los que no se le distinguía ni el cinturón que sujetaba el carcaj… ¿os acordáis? A veces tenías que imaginarte lo que había en el plástico porque resultaba irreconocible; otras, tardabas más en quitar las rebabas al metal que en pintarlo, y las que más los brazos y las piernas ni coincidían… buenos tiempos aquellos que ahora llamamos “vintage”.

            Para mí hoy pintar minis no es sólo sentarme a decorar los soldados que luego utilizaré para jugar. Con los años, y la vida, te transformas en alguien que quizá jamás habías pensado que serías… tienes un hogar que mantener y que depende exclusiva y totalmente de ti; tienes responsabilidades que cuando empezaste a coleccionar ni imaginabas que existían; y, si también te gusta escribir como a mí, y tu sueño es un día dejar de ser camarero y convertirte en escritor aunque solamente te sierva para pagar las facturas de la luz… la pintura de minis, el modelismo, EL CUADRAGÉSIMO ARTE, se convierte en un maestro. Me enseña paciencia para retornar a donde me he salido y tengo que repintar. Me enseña a respirar con tranquilidad para no sentir tensión en los dedos al trazar. Me enseña a desconectar y olvidarme de hipotecas y material escolar; que también es importante. Y me ha enseñado a leer los títulos de las pinturas a una velocidad increíble para no pintar caras de verde (al menos que sean de goblin… por cierto, los primeros orkos que pinté, los pinté marrones… creía que eran marrones… qué le iba a hacer).

            En fin, con este “manifiesto” quiero decir que, como para mí, para todos vosotros, esto del modelismo fantástico o como lo queráis llamar tiene un sentido más amplio del que la gente pueda imaginar. No es un hobby en absoluto. Es un arte. Y, lejos de considerarme artista pues para eso ya están los profesionales en esto, especialmente para mí es un medio para llegar a un fin, y un fin para conocer nuevos medios… el fin es introspectivo: relacionarme a solas conmigo mismo sin pensar en otra cosa que no sea mi ego teletransportado a cada fibra del pincel; los medios son respirar, mirar a través de la lupa, contemplar el resultado a la luz del sol, aguantar el pulso, hacer crujir las vértebras del cuello, y saber elegir bien qué color utilizar a continuación…
            … por último, sólo me queda animar:
            ¡Modelistas del mundo, uníos!

Algunas pruebas de este ARTE: (minis de Juancho Pinta, Marta García, y Nuke Arts)









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