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27 de septiembre de 2013

Al final, Schopenhauer



Schopenhauer



“Los esfuerzos incesantes para desterrar el sufrimiento no dieron más resultado que cambiar el aspecto de él. Aparece en su origen bajo la forma de la necesidad, del cuidado de las cosas materiales de la vida. ¿Se logra, bajo este aspecto, a fuerza de penas, rechazar el dolor? En seguida se transforma y toma otras mil apariencias, según las edades y las circunstancias. Es el instinto sexual, el amor apasionado, los celos, la envidia, el odio, la ambición, el miedo, la avaricia, la enfermedad, etc etc. ¿No halla otro punto de acceso? Toma el manto triste y gris del aburrimiento y el hartazgo. Y entonces, para combatir contra él, se han de forjar armas. ¿Se puede rechazar sin combate? Vuelve a sus antiguas metamorfosis y continúa la danza a más y mejor.”

“El amor es la compensación de la muerte.”

“De igual manera, la vida del hombre es un combate perpetuo, no sólo contra los males abstractos, la miseria o el aburrimiento, sino también contra los demás hombres. En todos lados hay un adversario: la vida es una guerra perpetua, y se muere empuñando un arma.”

Arthur Schopenhauer (1788-1860)

             
Hace tres o cuatro días fui a la farmacia para comprar una caja de Ibuprofeno… llevaba un dolor de espalda que no podía con él. Un hombre marroquí y su hija estaban a mi lado… la auxiliar le decía que tenía que llevar a la niña al médico a que le viera no sé qué que le había salido en la piel. Él le contestaba que no tenía tarjeta sanitaria y tanto yo como la auxiliar le repetimos que, por urgencias, estaban obligados a ver a la niña… por el juramento hipocrático y todo ese rollo… en principio, estas cosas no deberían suceder: es una niña, está enferma, y hay medios que los trabajadores llevamos décadas sufragando para que esta niña no quede desamparada… sin meterme en política, pues esto va de filosofía barata, no de de política barata que es lo que siempre ha habido en este país, continuo:
            Esta mañana se discutía un asunto extraño, de esos que te hacen pensar… Cruz Roja Española ayuda a familias necesitadas a conseguir los libros de los niños gratis. Pero nadie lo sabe (ni yo ni con quienes suelo conversar al dejar o recoger a mi hija en el cole lo sabíamos), a excepción de las madres inmigrantes, que, según la única madre española-nativa que llegó a tiempo para tal ayuda, eran las únicas que estaban haciendo cola con tal propósito en la sede local de la citada ONG.
            Decir aquí que “no soy racista” sería repetir una frase que está tan de moda que ha perdido su significado; mejor afirmaré que, como cristiano, no juzgo a la gente y me apaño con lo que me pagan en el bar para costear mis deudas y las de los míos, que gracias al Señor es suficiente. Hasta aquí la presentación de un dilema real, cotidiano y en boga… ya voy con la reflexión, o el intento barato, anodino y casual, de la misma… no pretendo estar en lo cierto, sólo digo lo que pienso, o lo que me dejan pensar.

            Schopenhauer afirmó y aseguró que la miseria mueve el mundo; que el dolor, y la superación o supresión del mismo, nos hace avanzar como sociedad o individuos. Que si no fuera por las necesidades creadas del mundo occidental, gobierno del maligno progreso, no nos moveríamos… estaríamos bien, y por tanto felices y seguros; y, por lo tanto, no desearíamos nada y lo tendríamos (o creeríamos tenerlo) todo. Lamentablemente, y viendo lo visto, Schopenhauer tenía toda la razón.
            Las cosas buenas, como la solidaridad, vienen por la precariedad del “otro”. Ejemplo: Cruz Roja dona libros.
            Las cosas malas, como el racismo y el aprovechamiento sin contemplaciones, vienen por la injusticia para “uno” aunque sea justicia para con “otro”. Siempre hablando de justicia mundana, es decir, la que estaba de vacaciones en la peli V de Vendetta y en la España actual también.
            Schopenhauer tenía razón porque las madres se movieron por su necesidad para con esos libros; y tenía razón porque los racistas auténticos (no un grupo que comenta lo que no siente por un dolor o injusticia subjetiva puntual) tienen un buen motivo para movilizarse con su verdad (que no es verdad en sí), de que en España sólo se ayuda a los de fuera… cuando la “culpa” (que no es culpa tampoco) la tenemos los padres desinformados por no ir los primeros a pedir los libros (130 € para una niña de 4 años); y la “culpa” la tiene la Administración por empobrecer a la sociedad que la mantiene; y la “culpa” la tiene la verdad afirmada por Schopenhauer: que somos unos parásitos, creadores de fatuas necesidades intolerables, de nosotros mismos y que, de no sentirlas con el mismo dolor que sentimos cuando nos cortamos con un cuchillo, no avanzaríamos y seguiríamos, si este hombre creyera en Darwin y no es el caso, siendo monos.

            Un último apunte, sin emitir ningún juicio, estoy escribiendo en un café del pueblo y a mi lado está un hombre tomando cerveza, se le traba la lengua y no sé si será un problema de dicción o efecto de la bebida; hasta aquí todo “normal” si no fuera porque es uno de tantos que piden limosna en nuestros días.
            Cada uno tiene su paga ya en el Cielo… o en la Tierra; yo no lo sé. Igual soy yo quien acaba sin Salvación, ¿quién sabe…?
            Quizá lo sepa Schopenhauer… espero que lo sepa Schopenhauer.

FIN

Apunte final que se me ocurrió ayer por la tarde paseando y explicándole esto a mi mujer: Son dos situaciones reales dadas con cuatro puntos de vista diferentes: la primera situación da pie a dos movilizaciones sociales contrapuestas: la del indignado (véase movimientos 15M) con la sociedad injusta y la del nacionalista (véase partidos de ultraderecha) que no ven bien que se asista a inmigrantes en la sanidad pública; la segunda, lo mismo: la de la solidaridad de una ONG que derrama en otras dos: el desinformado que reprueba indirectamente al informado, y el informado que, casualmente es el "otro" para el informado; y, de igual manera, el conato nacionalista antes mencionado.
Y toda esta contienda viene dada, como decía Schopenhauer, de la necesidad material, de lo vano, de la miseria que la misma sociedad crea para un fin que se nos escapa específicamente, pero que, al parecer y paradójicamente, es el mismo progreso o la evolución humana... 

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