Páginas vistas en total

10 de septiembre de 2013

Hablando de Kierkegaard

Kierkegaard



 "Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único." Gn. 22: 10-12.
Y tengo apuntado en el margen de la Biblia: "Se puede suponer que, si Jehová le prometió que iba a darle numerosa descendencia por medio de Isaac, Abraham ya sabía que Dios no le permitiría matar al muchacho para cumplir su promesa. (Kierkegaard)"

Me gusta que Soren Kierkegaard, filósofo danés del Siglo XIX, se hiciera esta pregunta y la respondiese de un modo bastante complicado en su libro "Temor y temblor"... no pude terminarlo por lo complejo de su lenguaje. Pero creo sin ser vanidoso que logré captar la esencia de su conocimiento. Dios le dice a Abraham que mate a su único hijo; y éste va a hacerlo cuando Dios le dice qeu era una prueba: que ahora sabe que su fe es ciega. Pero Dios es el único ser providente (que conoce el futuro), por lo que ya sabría que Abraham cumpliría la orden; y, a su vez, Abraham sabía que Dios es misericordia y cumple cuanto promete, por lo que ya sabría que no le permitiría matar a Isaac en el último momento.
Esto me da que pensar... ambos tenían la certeza de que, en última estancia, Isaac no moriría; no obstante, llevaron a cabo sus acciones como si fuera a morir. Cumplieron con un deber que sé que muchos no serán capaces de comprender; pero que se trata de un alto deber concedido a los hombres y más propio de los dioses. El de la confianza absoluta.

Dicho esto, y para no enredarme con un tema que no era en principio del que quería escribir estos días en que he estado dándole vueltas a esta idea; trataré de enunciar lo que también viene a colación partiendo de estos versículos y de los razonamientos de Kierkegaard... ¿Sabía Dios que, después de una veloz adolescencia como desertor de la conciencia, me convertiría en un responsable padre de familia de lo más común? Desde la causa de la Providencia, sí. Pero yo no conocía a Dios; es más, me declaraba abiertamente ateo; por lo que yo, al contrario que Abraham, no podía confiar en que su ángel me gritara ¡basta! desde el cielo para yo detener el arco del cuchillo... y otra pregunta más a raíz de todo esto: ¿qué clase de evento fuera aquel que no me hizo matar a Isaac? Ahora, en este momento, no creo saberlo.

Supongo que Dios cumplió, desde la primera clase de séptimo de primaria que fue la fecha en que nació el monstruo, con su estricto deber de la confianza absoluta que tenía en mí: un pecoso, gordo y cuatro ojos de doce años... aunque Él sabía que yo, por aquel entonces, seria incapaz de corresponderle con tal nivel de deber.
Ahora que sé que pasé la prueba (de otro modo, habría pasado de matar a Isaac, escondiéndolo como hiciera Yocasta con Edipo), puedo entender el castigo por mi falta de confianza, así como los prolegómenos de mi muerte de Isaac, y la recompensa final. El castigo fue lo primero, menos duradero, y más profundo: dos años de bulling cruel... tras esos dos años, a Isaac fui a matarlo matándome yo, creando al monstruo... y la recompensa por haber intentado matar a Isaac, cosa que Dios sabía que haría, es mi presente: mi peculiar vulgaridad, mi apacible don, mi juego de tronos y sofás: mi familia y mi tranquilidad.
Sólo para que podáis entenderme y ya os dejo con la conclusión, que seguro que, si os fijáis en vuestras vidas, tiene que ver con cada ser humano del planeta, creyente o no... a los doce fui víctima de la violencia escolar más lamentable que cualquier novelista pueda recrear; a los quince, me convertí (para defenderme de lo externo, que me era ajeno, repulsivo, ofensivo y repugnante) en un cretino con todas las letras, que derivó en un mentiroso compulsivo en la post-adolescencia y época universitaria; y, después de terminar la carrera, me encontré conmigo mismo de repente, regresando a ser, tras doce años de nihilismo vacuo, depravado y autodestructivo, aquel niño inocente, dulce, carismático y empollón, de gafas de pasta, de doce años que sí era yo. Y siendo yo he sido más feliz que todo el tiempo en que fui otros... 

En resumen, hablando de Kierkegaard, y de la lección práctica para este Siglo XXI que nos dejó como hermoso legado tras sus vacilaciones sobre el deber de confianza absoluta entre los hombres y Dios, o entre hombres, o entre dioses tan sólo...
Dios permitió; tras mandarme a matar a un Isaac quimérico en mi interior; que anduviese mi camimno de mentira, oscuridad, transgresión y destrucción - el mismo que recorrió Abraham diciéndole a su único hijo que cada vez quedaba menos trecho para el final -, para finalmente detener mi andadura y recompensarme por haber, sin tan sólo haber sido consciente de ello, cumplido con mi silencioso y silenciado deber.

¿Era mi deber, por tanto, sufrir y corromperme; para que, en última estancia, y sabiendo ya Dios que asi sucedería, detuviese mi vergonzosa marcha transformándome en quien hoy soy? Absolutamente sí. Genialmente sí. Divinamente sí... se me eriza el vello de los brazos sólo de pensarlo.

Fijaos en vosotr@s: si en estos momentos estáis al final del camino, y habéis sufrido por llegar hasta ahí: era necesario, obligatorio, vuestro deber, padecer la tristeza de Abraham para llegar. Si estáis todavía en el camino: tranquilos, porque Dios ya lo sabe. Él sabe cuál es el final aunque vosotr@s ni si quiera lo adivineis... y la recompensa siempre es mayor, siempre vale la pena... porque; y esto es lo más importante que aprendí: SI ME HA PUESTO DIOS A PRUEBA ES PORQUE INCLUSO ÉL SABE QUE LA VOY A PASAR... y que vosotr@s también lo vais a conseguir.

Soren Kierkegaard. Copenhague, Dinamarca. (5/5/1513 - 11/11/1855) Padre del existencialismo. "Las congregaciones de la Iglesai [como estado confesional] no tienen sentido, (...) el cristianismo es el individuo, aquí, el propio individuo".

No hay comentarios:

Publicar un comentario