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25 de septiembre de 2013

VyD 13: Las copas de la Ira


Khorne


Capítulos anteriores… nº12: Vendimiad la Tierra.

“Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.” [Ap. 14 : 8]

El arcángel se acercó a Khorne por el lado izquierdo de su gran trono de calaveras e insectos. Khorne todavía reía a carcajadas cuando Miguel se asomó… al notar la presencia del ser celestial allí, el rostro del Demonio del Caos mutó repentina y drásticamente:
- ¿Cómo osas…? – acertó a decir antes de que la voz de Miguel, Quien Como Dios, le interrumpiera, metiéndose en su cabeza, andrógina y potente como la voz de mil truenos encendidos.
- ¡No! ¡¿Cómo osas tú?! ¡¿Acabar así con la Tierra, donde viven los Hijos de Dios?!
- Estaba escrito: los Hombres habían de perecer… - respondió Khorne bajando de su trono e irguiéndose ante Miguel. Si bien éste medía cerca del metro ochenta, como un ser humano normal; el Demonio mediría como ocho veces él… imaginando un enfrentamiento, los sentidos nos mentirían, pues pareciere que Khorne aplastara a Miguel con un solo puño y de un único golpe…
- Pero… - sonrió Miguel y llegó a poner sus ojos en blanco por el placer que le provocó tener la razón y estar en lo cierto: - dicen las Escrituras: Ay de por quien uno de mis hijos tropiece, y ay de quien toque a uno de mis hijos un solo cabello… pues peor castigo tendrá éste que los que vituperaron a mi Hijo y lo llevaron al madero de muerte.
Khorne quiso blandir su escudo, y ponerlo ante sí ante el ataque del arcángel quien, presto y con el poder del Tau’va, que es el Bien Supremo, que es el Creador del Universo, describió un arco descendente con su espada adamantina, partiendo literalmente en dos mitades diagonales a Khorne… haciendo estallar en mil pedazos su cuerpo después, manchando con su sangre demoníaca y sus vísceras todo el salón del trono, así el techo como el suelo y las paredes.

Lejos de allí, en T’au, Khârn lo ha sentido… ha sabido, por la conexión metafísica que tenía con su Amo, que éste ha muerto; y que lo ha hecho de forma violenta. Se ha colado, con el festín de bienvenida que los Tau le dieron a Einhorn los días pasados, en el planeta y ha abandonado su nave, camuflada, en el desierto… ahora camina en dirección a la Ciudad, la capital del planeta origen de los xenos azules y bajitos… y sabe que es libre, pues las cadenas se han roto, y puede hacer cuanto le plazca sin tener que obedecer los intereses y caprichos del Demonio muerto… sonríe, primero sonríe… y, bajo la luz cegadora y caliente de Shas’ka, empieza a reír… cada vez más alto, hasta que sólo se escuchan, por el eco de las dunas de arena, en el desierto sus estentóreas y enloquecidas carcajadas.

Miguel está viendo la Tierra desde las pantallas con las que la veía Khorne, el dios muerto. Las copas de la ira ahora son derramadas por los ángeles que describió Juan en sus Revelaciones…
“el primero derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen…” Murieron así los servidores del Caos que habían asediado y tomado la Tierra hasta colmarla de sangre…
“el segundo derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto…” Así los soldados, tanto los hombres como las abominaciones caóticas, que seguían batallando sobre el aire de los mares, cayeron en el mar de sangre envenenados por su hedor…
“el tercero derramó su copa sobre los ríos, y se convirtieron en sangre…” Y los que quedaban vivos, bebieron la sangre, y perecieron por su pecado…
“el cuarto derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego…” En ese instante, Miguel miró hacia atrás de manera instintiva, y pareció como si el mismo Sol explotara, y trozos de él se dirigieran a toda velocidad a la Tierra y a la inmensidad de naves de todos las Huestes del Caos que habían venido a tomar Sagrada Terra, impactando sobre ellas y sobre la atmósfera, haciéndolas arder como pequeñas bolas de pólvora en estallidos azules de singular belleza…
“el quinto derramó su copa sobre el trono de la bestia, y su reino se cubrió de tinieblas…” El Dragón bramó en su prisión eterna. Y todos los reinos del Caos, en cada punto de la Galaxia que éste gobernaba, se sumieron en una densa sombra de niebla negra… cegados hasta el Fin, que era Ahora…
“el sexto derramó su copa sobre el gran río Éufrates, y reunió a los espíritus de los demonios en el lugar que en hebreo se llama Armagedón…” Y el Mal fue sesgado de la Tierra…
“el séptimo derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.” [Ap. 16 : 2 – 17]
- Hecho está. – Dijo en voz alta Miguel y, convertido en espuma, desapareció.

“Había llegado la hora de mi gran discurso ante el Pueblo Tau… prepararon un gran banquete para el amanecer siguiente y yo, acostado en una cama de lujo en el Retha’va principal de los Aun, me preguntaba si podría conciliar el sueño y si vendrían a mí esas quiméricas palabras que debía decir…”

Continuará… 


2 comentarios:

  1. Muchas gracias Isma... es por lectores como tu que uno se pone a escribir... ya le echaste un ijo al jronista de kratka? Gracias de nuevo amigo!

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