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6 de septiembre de 2013

VyD: Los 144.000

En capítulos anteriores... Relato nº 10: Lunas de sangre





 Los sellos estaban rotos.

Pero el sueño de Einhorn, camino a los dominios del xenos Imperio Tau, le transportaron no a una Tierra ardiendo, cruzada por los fuegos de la guerra contra el Caos; sino a un tiempo pasado... a un tiempo en que dos culturas, dos civilizaciones que hasta ese momento no habían tenido nada que ver, se relacionaron por vez primera para hablar de un asunto común.

1000 años atrás.

Amón XXIII descendió de su navío personal. Un séquito de guardaespaldas inmortales acompañaba al Faerón... la mirada de los otros les era recelosa. Igual que sus pasos hasta el centro de ese enorme ágora pulido en la roca dde un color arcilloso, ocre, naranja ahora bajo la luz crepuscular del planeta donde su civilización nació: fue, en efecto, la única vez que algún ser que no fuera Tau puso los pies en la roca del mismo nombre. Los guerreros de la casta del fuego atestaban el claustro que rodeaba la plaza cuadrangular... si algo salía mal, los necrones allí abajo no durarían ni un minuto vivos... no obstante, millones de ellos aguardaban en la órbita del planeta verde. Y la guerra llevaría el fin de la Dinastía amonita, o de la Cúpula del Gobierno Aun. 

El Faerón se detuvo a diez pasos exactos de Aun'O Da'Eldi, el Jefe de todos los Aun y, por tanto, General de Generales de los destinos de los Tau. El Etéreo hizo una solemne y ceremonial reverencia al dirigente necrón, que le imitó con precisa exactitud... Da'Eldi sonrió de manera imperceptible y fue el primero en hablar:
- Altísima eminencia, representante de antiguos dioses en el Universo de los mortales, apreciado amigo Amón: recibe mi más efusiva bienvenida al mundo de los Tau, y que tu estancia en mi casa te sea apacible, fructífera y grata.
- Reverendísimo Señor de los Tau, representante de los Aun y cabeza de un formidable Imperio, estimado aliado Da'Eldi: muchísimas gracias por recibirme en tu sacrosanto hogar, espero fervientemente que nuestra relación se dilate en el tiempo y ambos pueblos nuestros consigan los frutos que nos disponemos a recoger.
El Aun se acercó cinco pasos, y el Faerón lo hizo también; se dieron la mano y ambos avanzaron desde el centro de la plaza hacia el Retha principal de T'au. 
Ya adentro, los dos se sentaron en sendos sillones uno frente a otro, sin ningún objeto ni mesa entre ambos. Y comenzaron la más extraña y trascendental de todas sus conversaciones. Estaban solos, y el Destino de la Galaxia dependía de su acuerdo...
- ... queda sólo un milenio según nuestros cálculos, Da'Eldi... debemos saber cómo actuar cuando llegue...
- El Atalaya vendrá solo, pues nadie le recibirá. Ya lo dijeron los antiguos hombres: nadie es profeta en su tierra... entre los suyos no lo querrán y por los suyos será repudiado, perseguido...
- Como fueron perseguidos otros, por la Palabra, antes que él...
El Etéreo asintió y cerró los ojos. También lanzó un largo suspiro al aire. 
- Dime Amón... qué crees que debemos hacer; mejor dicho, qué crees que deberán hacer los míos cuando el Atalaya acuda a ellos...
- Alabar al Único... al que ha de volver... - hizo una pausa antes de seguir: - así el Atalaya os reconocerá porque habrá leído el libro de las Revelaciones, y confiará en vosotros... y nuestro fin al fin se hará.
- Bien, bien... ¿y después, qué?
- La Creación, los C'Tan, los Ancestrales, los necrones y los Aun, el Caos, los hombres... no serán más.

Y Einhorn despertó.
Y en la pantalla de sus párpados cerrados, la visión de los dos... a su lado, un hombre enjuto, avanzado en años, le miraba sin saber por qué él también estaba allí, en una nave necrona que no podía identificar pues jamás había salido de las costas de un ardiente por los proyectiles del Caos Mar Mediterráneo, que le preguntó:
- ¿Cómo y por qué me has traído aquí? - En griego, el idioma de Patmos, donde tras predicar el Evangelio fue a morar...
- Si lo supiera, Juan... - repuso Einhorn en ese griego que se suponía que no sabía hablar: - tal vez podría cambiar todo esto, cambiar el Destino de la Galaxia, y quién sabe... evitar el Fin.
- No digas eso, Santiago. Todo comienzo tiene un final. Y para que el Mal acabe, el Bien que los seres de la Creación han conocido también debe acabar... los demonios claman en el Hades... y hoy... - suspiró sin querer decir lo que iba a decir - hoy el mundo arderá.
Einhorn asintió con la cabeza... un planeta se veía allí, en la pantalla... estaban a punto de llegar. El Atalaya y el Evangelista: uno debía cumplir lo que el otro escribir... Juan debía ver lo que a Einhorn le debía pasar para relatar sus Revelaciones, y avisar: primero uno escribiendo en griego el libro del Apocalipsis, y luego otro en su periplo interplanetario, a los seres todos que había de haber un Fin... EL FIN.

Mapa Imperio Tau galaxia 40k warhammer wikihammer

TauEmpireMap

Ksi'm'yen aguardó al Atalaya... 

Cuando Einhorn salió de la nave, Juan era sólo una sombra que únicamente él podía ver... estaba allí para realizar la crónica de un futuro que tenía el privilegio, y la condena, de vivir... allí estaban, alabando y mirando al cielo azul del planeta de la Tercera Esfera de Expansión del Imperio Tau, los Aun... y en doce grupos de doce mil cada uno, contaban todos 144.000.

"Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. (...) Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y nadie podía aprender el cántico sino aquellos que fueron redimidos..." [Ap. 14 : 1, 3]

Continuará...

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