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16 de octubre de 2013

VyD XV: El Caballo Blanco, pt. 1


 


En capitulos anteriores...  14: Babilonia.

No era aire lo que había entre las naves de los tres bandos. Por un lado, los Señores del Caos y sus vasallos tenebrosos: los Eldars Oscuros; por un egundo, los Eldars que ya habían profetizado el Fin del Mundo en el comienzo de su Tiempo y que, junco con los Necrones, liderados por la Dinastía Amonita, habían decretado servir y ayudar al Atalaya en su destrucción de La Bestia y predicación del Apocalipsis; y en tercera estancia, en un plano aparte, los jóvenes Orkoz y los irracionales Tiránidos, quienes, exentos de moral, flotaban "neutrales" en medio de los otros cuatro enemigos... No era aire lo que había entre las naves de los tres bandos; pero la tensión podía cortarse con la cadena desdentada de una vieja sierra eléctrica. Quien diera el primer paso; quien fuese tan osado como para convertirse en el primer tirador; se transformaría también en el detonante de la última guerra.
El faerón recibió en su magnífica nave al Gran Vidente Sinn Feinn, seguidro también y Sumo Sacerdote de Cegorach, y a su cohorte. Amón XXIII hizo una larga y profunda reverencia al entrar Sinn Feinn en el salón del trono; éste la imitó a la perfección y, todavía sin mediar palabra, ambos se sentaron uno frente al otro. Amón XXIII levantó su "mano" derecha y Sinn Feinn le dio la palabra con un leve y elegante gesto de mentón:
- El Atalaya está en T'au en estos momentos; los míos se encargaron de dejarlo a buen recaudo con el pueblo elegido por el Tau'va para heredar la No'Raik, la Eternidad.
- Al fin podremos pues, descansar.
Amón XXIII asintió y ambos guardaron silencio. Solamente se escuchaba, en todo el navío necrón, el suave y letno respirar de la cohorte de Sinn Feinn.
A los pocos minutos, un inmortal necrón entró en el salón del trono e informó que allí abajo, en la superficie explosiva y devastada del planeta que se llamó Terra, el Atalaya también había comenzado a luchar ya contra La Bestia, que era Babilonia, la Hija del Dragón primero Luzbel, Enemigo de los Ejércitos, y representación del mundo.

...Einhorn desenvainó la fantástica y flamante espada adamantina, bastarda, de doble filo, qu ele forjaron los herreros de la Casta de la Tierra Tau. La Bestia emitió entonces un agudo chillido que contenía palabras que mandie vivo podría entender. Quiso aturdir al Atalaya con ello; pero Einhorn cerró fuertemente los ojos y, cuando los volvió a abrir, espetó:
- ¡Tus trucos no van a dar resultado, bestia inmunda! - Todavía estaba emitiendo ese horrible grito cuando el Atalaya, volando, se lanzó contra la cabeza de las siete que tenía más cerca y, sin darle tiempo, la separaó del cuello de hidra haciéndola caer sobre el mar de fuego en uqe se hubo convertido el desierto. 
"No te daré la victoria que te pertenece... ¡deberás ganártela, Atalaya! ¡Simple mortal!" Resonó la voz del Animal en su cabeza, procurando hacerle enloquecer... y otra cabeza, a la derecha de la cercenada, lanzó un mordisco contra él...
Einhorn esquivó lo justo para ser golpeado con el hediondo y monstruoso hocico en lugar de recibir la letal dentellada. Fue empujado varios metros atrás, y el golpe dolió en el pecho como un puñetazo brutal...
Se repuso cuan rápido le dejó el embiste y cargó de nuevo contra La Bestia, quien fintó con sorprendente agilidad pese a su descomunal tamaño esquivando el arco dibujado por la fabulosa espada del hombre... la pelea iba a ser más que épica, arquetípica... 

Entretanto, Tzeench ordenó lo que en realidad todos los demás esperaban que fuese él quien así lo hiciese: atacar a los Eldars ya los Necrones al mismo tiempo con sus miles de naves... el Sistema Solar explotaría enun instante, y el vacío se llenaría de la formidable luz del fuego y la destrucción totales. Con lo que Tzeench, y Khârn quien permanecía a su lado en esos momentos, no contaba era conla pericia de Elrond, un piloto Eldar de gran destreza en el manejo de pequeños cazas de combate.
La pequeña nave se deslizó entre el creciente cruce de disparos que iluminaba el vacío por doquier. El Gran Vidente Sinn Feinn cerró los ojos por un instante, sintiendo una grave conmoción en us espíritu... Cegorach, uno de los ángeles que formaban en realidad el Ejército Celestial del que siempre habló Juan en sus "Revelaciones", le enviaba su propia visión a la pantalla utópica de su honda mente...
- Elrond, uno de tus fieles pilotos, viaja a gran velocidad ahora al corazón de la flota del Enemigo. - Retumbó la voz divina y andrógina de la deidad en los fueros internos del Sumo Sacerdote.
- ¿Qué hemos de hacer entonces, oh grandísimo Guía? - Preguntó en el sueño Sinn Feinn, y Cegorach respondió con una orden tajante:
- Deberá Elrond dar su vida junto con la de Tzeench, suicidándose al estrellar su nave contra los allimentadores de la nave del demonio del Caos. El resto, su final último, está escrito que enel lago del fuego ha de caer.
Sinn Feinn los ojos y se excusó con Amón XXIII. Inmediatamente ordenó que alguien le dispusiera un intercomunicador para conectar con el Estado Mayor Eldar... con precisión matemática parecían trabajar todos los de su antiquísima raza; pues en cuestión de pocos minutos, Sinn Feinn ya había ordenado lo que a Elrond le habrían de solicitar sus superiores...
- Elrond, número de piloto 57, serie BC; Elrond, número de piloto 57, serie BC; del Estado Mayor de la gloriosa flota de combate de todas las Astronaves edlar, ¿me recibe? - Escuchó el diestro conductor en el altavoz del intercomunicador de su nave; y respondió:
- Aquí Elrond, 57 BC, adelante Estado Mayor. - El imponente navío en el que todavía se hallaba Tzeench aprecía cercano en el radar de su caza, que seguía a su vez esquivando cuantos enemigos y proyectiles surcaban, a toda velocidad, las entrañas del cielo.
- Por Gracia de Cegorach, Luz de las Astronaves Eldar de toda la Galaxia, que has de morir en esta hora. - Al instante de recibir la noticia, Elrond sonrió ampliamente y afirmó:
- Será un honor, ¿qué he de hacer, Estado Mayor...?

El caza surcó el vacío como una mariposa en llamas catapultada por un tornado. Evitando choques voluntarios o fortuitos, así como todo proyectil amigo o enemigo; se introdujo más allá de la capa invisible de los escudos del navío caótico por una de las partes más castigadas por la flota Eldar, que hostigaba de igual modo que era hostigada ella por los navíos contrincantes; y se coló literalmente en uno de los muelles de los cuales ya todos los "cazas" del Caos habían partido. Gracias al pequeño tamaño de su nave; y a su extraordinaria pericia a los mandos; pronto llegó haciendo no pocas bajas en la tripulación a pie o con armaduras de cierto tamaño a la zona de abastecimiento de los motores de Disformidad...
...una vez allí, y orientados sus sentidos por el mismísimo Cegorach en espìritu, se estrelló contra el conducto principal de alimentación; provocando de tal modo una colosal explosión.

Los siervos del Caos, sorprendidos y confusos, vieron cómo uan de sus naves principales se precipitaba inexorablemente hacia la atmósfera candente de Sagrada Terra... hecha añicos instantes después, caía en el fuego de la superficie del extinguido planeta. Y se cumplía la profecía...

Continuará...  

Cegorach

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