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14 de marzo de 2014

R.A. 7: Duelo de Caudillos.



“El otoño infinito se estremecía, con un levante frío, ahí afuera. Entretanto, Sören azuzaba el fuego que tenía prendido frente a sí. Aquella noche la taberna estaba tranquila; y Edward se tomó unos minutos de asueto para sentarse a escuchar al viejo lancero del Imperio. Unos chavales que jugaban a los dados en la mesa del fondo a la derecha detuvieron las apuestas… se hizo un silencio solemne, roto por el crepitar de la crujiente leña siendo lamida por las lenguas del hogar, y Sören comenzó su enésimo relato sobre Reikwald, el bosque que contemplaba, desde que el Tiempo dio su pistoletazo de salida, las aguas corrientes del Arroyo de Auerswald, frontera natural de la pequeña y valiente Grunburg…”

Aquella mañana, fresca y clara sobre las altas copas de la fresneda donde Thurnot y los suyos tenían su campamento, llegó un nuevo “cargamento” de bebidas alcohólicas a los dominios de los Astados. Un grupo de ungors y gors había asaltado el convoy en el Camino del Arroyo, matando a los carreteros y su guardia, y hecho con un botín de cerveza y, según leyó el Chamán Arg que sabía descifrar los grifos de los Hombres, “vino de Estalia”.
El vigoroso y alto Goul, un Astado pendenciero que había participado en el asalto a las carretas, decidió ser el primero en probar ese “vino” o como se llamara, que olía a frutas y alcohol. Los cuerpos de los Astados estaban acostumbrados a la cerveza, pero aquel tintorro del sureste del lejano país bajo control humano tenía una graduación etílica tres veces superior a la cerveza más fuerte que cualquier gor hubiese probado antes. Ni corto ni perezoso, Goul dio un largo trago a la garrafa de cristal, creyendo que la bebida le refrescaría la garganta. Lejos de obtener el resultado deseado, Goul soltó un berrido y apretó fuertemente los párpados; provocando con su gesto las carcajadas de la manada, que aguardaba una reacción antes de emborracharse con los brebajes.
No obstante, y a pesar de que la primera impresión no le gustó demasiado, el insensato de Goul terminó la garrafa de otro luengo trago. Dando a entender que era más resistente que ningún otro…

Minutos más tarde, y espoleado por sus amigotes, Goul pilló una borrachera épica y comenzó a decir tonterías… estaba haciéndose el chulo, y parloteando de sus bestiales machadas, cuando Thurnot, el Caudillo del rebaño, fue para probar el vino y participar en la fiesta. Al verlo Goul, ebrio de alcohol y animal testosterona, le espetó que él no sería capaz de beberse una de aquellas garrafas de dos tragos como él mismo había hecho puesto que no era lo suficiente fuerte. Thurnot soltó un resoplido y una carcajada; asió la botella casi esférica; y se la pimpló de un solo trago. Goul enfureció al tiempo que le llovían las burlas e, irracional, retó en duelo al Caudillo con furia asesina brillando en su enrojecida mirada…
Se hizo el silencio. Thurnot respiró profundamente. Y asintió con el mentón aceptando el reto: se batirían a hachazos y de inmediato.

Unos “escuderos” los vistieron: con corazas de cuero rebujado y remaches plateados y dorados, sin yelmo ni guanteletes, sin cota de malla debajo del endurecido cuero. Sin escudos. A cada uno le ataron un pañuelo, que era más un mohoso trapo, en el cinto por si, en el caso de querer rendirse, lo desataban dándose por vencidos. Y les dieron un hacha a dos manos de idénticas dimensiones con las que enfrentarse.
Los Astados formaron un gran círculo entre los fresnos sobre un claro de tierra húmeda sin arbustos. Y Goul fue el primero en atacar…
Goul corrió hacia Thurnot y trató un golpe descendente recto en la cabeza de su contrario. Thurnot levantó su hacha justo a tiempo y los metales chocaron; el Caudillo aprovechó y lanzó una patada en el estómago a Goul, haciéndole retroceder unos pasos. En ese momento el aspirante vomitó todo el vino consumido, y se repuso un poco babeando como un becerro en celo. Thurnot tomó pose de defensa, y Goul volvió a atacar… esta vez intentó un golpe lateral describiendo un arco con su imponente hacha robada a los Enanos. El Caudillo fintó, se hizo primero hacia atrás y luego dio un paso adelante, golpeando con el mástil del hacha en la cara a Goul, que se tambaleó. Thurnto volteó su hacha y fue a golpearle de nuevo, esta vez con la intención de decapitarlo; pero Goul se agachó y el metal le pasó por encima. Después, ambos retrocedieron.
Se miraron fijamente y los dos salieron a la carrera contra el otro. En el cruce de sobrepasaron dejando al oponente a su espalda. Una de las hachas estaba ensangrentada. Y el cuerpo de Goul cayó al suelo, partido en dos, con una mueca extraña y macabra en su bovina cara.
Thurnot revalidó de ese letal modo su puesto como Jefe del rebaño. Y los ungors lo celebraron comiéndose a Goul crudo.

Arg, en su infinita sabiduría, prohibió ese mismo día beber “vino de Estalia” a los Astados.

Continuará…

Thurnot, el Caudillo gor de Reikwald

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