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15 de mayo de 2014

Reikwald Alpträume XII: Crónicas de los Hombres-Bestia.

"Nebelsohn y los tres caudillos llegaron a Bangra, el emplazamiento central, y más grande entre los campamentos de los Astados, del bosque de Reikwald. Se les había hecho de día regresando del funeral de Sören: Nebelsohn intuyó que él tembién iba a morir. Normalmente, los caudillos o jefes tribales gor se batían en duelo mayormente letal para suceder y ostentar el poder de guía o cabecilla. Pero en el caso de Nebelsohn, padre de los centigors de Reikwald, hijo de la niebla, era diferente. Probablemente había sido el más inteligente y despiadado de todos los tiempos... y tal leyenda merecía protocolos extraordinarios. Nebelsohn, en compañía de los tres jefes de las tribus cardinales en que se estructuraba la sociedad del bosque encantado, debía elegir un sucesor para los suyos entre los mejores guerreros centigor... y luego irse solo a la espesura de los romeros y la genista a morir en paz. Contrariamente de lo que todos pudieran creer, y haciendo una vez más alarde de su superioridad intelectual, no eligió al más fuerte: Schnittor, sino a uno de sus nietos, que todavía era un adolescente pero que era el único entre los Astados capaz de leer y escribir viejomundano a la perfección: Guteonkel.
Cuando su abuelo pronunció su nombre ante el consejo de chamanes y ancianos, Guteonkel fue el mayor soprendido. Y Schnittor no pudo ocultar su rabia abandonando la reunión en el acto. Nebelsohn no ordenó que lo castigaran por aquella falta de respeto... supuso que ya se le pasaría el enfado y que, como el resto de pobladores de Reikwald, aceptaría por obligación y de mejor o peor grado la decisión del centigor más importante de la Historia... por el momento.
Guteonkel izó, con la zarpa sostenida por la de Nebelsohn, la lanza del poder y se oyeron vítores y rugidos de júbilo por doquier. Mientras los Astados se emborrachaban hasta la pérdida de la consciencia o el vómito; Nebelsohn abandonó Bangra para no regresar...

La noche cubrió Reikwald como una madre a su retoño con un manto eléctrico de estrellas. el azul oscuro casi negro del cielo se dejaba ver entre la variopinta máscara de la foresta. Los cedros, chopos, encinas y acacias levantaban versos fúnebres y endechas lastimeras al aire fresco nocturno. Las hojas se estremecían en suaves escalofríos, y una luna de plata lucía una mirada tritona en los claros donde la zarzamora se vestía del próximo rocío. Una niebla espesa se cernió sobre el bosque, subiendo lenta pero inexorablemente desde las entrañas de la tierra, preñada de hojarasca y restos de fruta madura. Y, cuando un árbol ya no podía ver el rostro del árbol que tenía en frente por la espesura, Nebelsohn se desplomó entre matojos de hierbabuena y nomeolvides, echando al éter su último aliento... regresando a la tierra de la que todos venimos. Polvo al polvo, ceniza a la ceniza. y entre el verde y el azul, el cadáver quieto y gélido del majestuoso centigor.
Nunca antes había visitado Reikwald... de hecho sólo los árboles más viejos lo distinguieron paseándose por allí. Slaanesh se detuvo junto a los restos de su eminente hijo-creación. Respiró profundamente y dejó que los aromas de las hierbas le llenaran los divinos pulmones. Automáticamente las plantas murieron, secándose y apareciendo como quemadas sin fuego. Cuentan que se inclinó sobre él y lo recogió del suelo, que se tornó negro al roce y la presencia del poderoso dios del Caos. Y se lo llevó en brazos allí donde no existe la materia...

Allí donde cuarenta milenios después moraría la disformidad, por al que viajarían aquellos que no son hombres.

Guteonkel se quedó mirando la primera luz del alba, filtrándose ufana aunque resacosa entre el follaje de la tupida flora por el Este. La gran mayoría de los Astados, tras el fiestón montado para despedir a nebelsohn y celebrar la coronación del joven centigor, dormía a pata suelta aquí y allá... con barriles de cerveza rotos y vacíos a su lado, desperdigados entre los matorrales y el lodo de su propio orín. Guteonkel no se había embriagado; de hecho, detestaba el alcohol y que los suyos lo bebieran. Por eso escuchó perfectametne cómo alguien se le acercaba por detrás. Schnittor blandió el hacha describiendo un arco lateral con ella que Guteonkel esquivó, poniéndose luego en posición de alerta. El segundo ataque del traidor fue descendente y las zarpas de Guteonkel agarraron el mango del arma sobre las de su atacante. Quien era más fuerte que él. Pero el adolescente no se dejó amedrentar y comenzó con prisa, pues el filo del hacha mellado y oxidado le rozaría el rostro en breve, a recitar un sortilegio que aprendió de los chamanes.
- Das wird verotten das fleisch in diesem moment, Oh Mächtiger Slaanesh.
Y Schnittor comenzó a temblar como si el más cruel de los fríos se apoderase de su alma. Acto seguido soltó el hacha, que cayó inocua en el suelo. Guteonkel dio un par de pasos atrás. Y su oponente vio cómo la carne se le caía a pedazos, presa de una lepra instantánea y terminal. Cuando fue a rugir de miedo y dolor, la cara se le desprendió del cráneo. Y en cuestión de pocos segundos, sólo trozos de su cuerpo infecto y en etado de putrefacción quedaron amontonados allí de él.

Algunos lo vieron. Y pronto la noticia recorrió todo Reikwald... y más allá. Nadie, nunca jamás, volverái a cuestionar la decisión de Nebelsohn, y el extraordinario poder mágico del enclenque de Guteonkel.

Un mes de Morrslieb, luminaria por al cual se guían los Hombres-Bestia, después Guteonkel tomaría la primera decisión de su reinado... el asedio de Grunburg."

Continuará en... XIII: Enemigo a las puertas. 

Centigor (labibliotecadelviejomundo)

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