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30 de septiembre de 2014

Reikwald Alpträume II: Agua escarlata.

"Para evitar que los Hombres-Bestia se colasen por el gran hueco sobre elArroyo en el muro abierto, se apostaron desde el primer momento tres vigilias de ocho horas de arcabuceros en ambos flancos del agujero. Así, si algún ungor (peones que las bestias solían usar de cebo como en este caso) asomaba la cabeza, un tirador se la volaba nada más aparecer; y el resto de su ejército no se atrevía a cruzar la frontera ya abierta.
Pronto empezaron los trabajos, cuando las saetas de los gors nos lo permitían, de ensanchamiento del hueco. Aunque cayeron hasta tres de los nuestros, alcanzados por una de esas certeras flechas, en cuestión de dos jornadas; y doblando guardias los arcabuceros; la vera derecha subiendo el Arroyo fue despejada... el siguiente paso sería levantar una empalizda móvil que nos permitiera defendernos y avanzar de las tropas bestia que ya bajaban de Grunburg... pero la primera batalla nos sorprendió cuando aún no habíamos ni talado la suficiente madera que nos sirviera de barreras.

Al alba de la tercera jornada tras la abertura del muro, que se desplomaba al no tener sostén también en el lado izquierdo sobre el agua, los timbales de los Hombres-Bestia que se acercaban por el Camino del Arroyo obligaron a los somnolientos centinelas a dar la voz de alarma, y adelantar el siempre traumático toque de diana.
Franjas de colores subían por Levante cuando los primeros gors y ungors salieron, en posició avanzada para ellos, de las sombras de Reikwald atacando los puestos de hogueras que flanqueaban el alargado campamento. Habían decidido coordinar un ataque simultáneo de dos frentes: el del Camino con el grueso de sus huestes; y el del Bosque con pequeñas pero letales manadas de exploradores y hostigadores. Los primeros centinelas cayeron, desdesperadamente, sin tiempo para la reacción. No obstante, y por la gracia de Sigmar, los ejércitos se movilizaron con prontitud y, tras que los hostigadores crearan algún que otro estrago en la primera línea de tiendas; éstos fueron hallados, acorralados y elimiandos por su escaso número y mala planificación del ataque sorpresa.
Aun así, el frente del Camino estallaba en el fragor del caliente combate cuando el sol subía por las copas de lso árboles al otro lado del río.

Dispusimos a los arcabuceros y lanceros en la vanguardia; que recibieron con valor y temple la fiereza voraz de las bestias, arremetiendo éstas contra nuestros soldados, e incurriendo en nuestras filas a base de hachazos en el peor de los casos.
Sobre el ensordecedor tam tam de sus timbales, se alzó entonces la música de nuestras trompetas, y los sacerdotes arribaron al frente... todos aguardamos con temblorosas esperanzas llevando nuestrso corazones que Sigmar hubiese escuchado, y tuviera a bien, cumplir sus bélicas oraciones.

De repente se abrió la horda de gors y ungors que había formado su vanguardia, y hacía víctima y presa a nuestros valientes lanceros, y una gruesa manada de centígors cargó contra nuestras filas. Formando magistral y sorprendentemtne para nuestra desdicha en perfecta cuña, abrieron hueco en el ejército, deshollando a cuantos pudieron, que caían bien por sus picas, bien por la violencia de sus dientes y garras.
Entonces, y cuando todavái confundía la presteza del desarrollo de los acontecimientos, Hans van Hutten, sacerdote guerrero de Altdorf, se interpuso ante el avance hecatómbico de los centígors y, haciendo aplomo de todo su conocimiento y valentía, invocó la Luz de Sigmar alzando ambas manos al cielo limpio y gélido... el freno de las bestias cuadrúpedas fue en seco al contemplar dos rayos: uno blanco y otro negro, que caían de la bóveda a las mismas palmas de las manos de van Hutten. Temerosos, desconociendo qué terrible consecuencia tendrái aquel hechizo para ellos, tocaron reitrada el tiempo que los soldados trataban de cerrarles el apso por detrás. Entonces, cuando se concentró todo el poder de los rayos en el hechicero, surgió de sus brazos una luz enceguecedora: más blanca y luminosa que el propio sol, formando una onda lumínica trescientos sesenta grados a la redonda que, discriminatoria, ccegó sólo a las bestias.

El grueso del ejército que había bajado el Camino del Arroyo huyó a Reikwald guiándose, a tientas, por su oído y su olfato. pero la unidad de centígors quedó atrapada por los soldados que tenía delante; y los que se habáin replegado a su espalda tras difuminarse el frente en al cuesta de barro.
Lucharon como dos animales zaheridos que eran. Hicieron más bajas de lo que hubimos imaginado tras la explosión de luz. No obstante, conseguimos elimianr hasta el último de ellos... echando sus cadáveres al río, advirtiendo de nuestra primera victoria a propios y ajenos con el arrastre de sus pestilentes pertenencias: armas y harapos, cuernos rotos y agua escarlata.

Sin tiempo que perder, aquel mediodía comenzaron las obras de la eempalizda."

Continuará...

 

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