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13 de septiembre de 2014

Poesía: Acantilado, de Julián Montesinos Ruiz

Os presento un poema de alguien que fue profesor mío de lengua en allá por los noventa y guardo con especial afecto sus enseñanzas:
 
Imaginad el alma
como una casa con las ventanas abiertas
al borde mismo de un acantilado.
Los pájaros atraviesan los cuartos,
crecen las flores en los jarrones,
la hiedra avanza sin rumbo por las paredes,
las sillas siempre libres
para quienes deseen sentarse y escuchar
las eternas preguntas de los hombres.
Imaginad que a ese lugar llegan los trenes
con sed de encuentros y dolor de ausencias,
y se oyen también
las palabras aún vivas de quienes se marcharon,
una honda letanía
que se funde con el húmedo viento.
Imaginad que en esa casa no existen puertas
y los cuadros proyectan
hasta el infinito los rostros y paisajes
que son la memoria de nuestra vida.
Sabed que para encontrar la paz
bastaría con vivir para siempre
en esa casa abierta
al borde mismo de un acantilado,
entre cielo y vértigo,
y ser pájaro, flor, paisaje y tren.

 

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