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7 de septiembre de 2014

Reikwald Alpträume II: Campaña de invierno.

"Habíamos intentado acercarnos a Grunburg, por el camino que va junto al Arroyo de Auerswald, desde Altdorf, en numerosas ocasiones; pero siempre nos emboscaban antes de llegar. Aquel centígor, el que fue "bendecido" por el Dios del Caos, Nurgle, parecía tener un sexto o séptimo sentido; y saber cuándo íbamos a emprender la misión y hasta cuántos éramos y de qué manera nos armábamos: daba igual la estrategia...
...psaron seis meses y no teníamos ni idea de qué le habái ocurrido a la ciudad. Acercarnos desde Reikwald siemrpe resultó, y lo sigue siendo hoy, imposible: el bosque es suyo. Pero dejar Grungurg en sus manos también significaba aislar Auerswald; y era como perder dos ciudades, además de abandonar y permitir que ellos camparan a sus anchas en la totalidad del bosque y las faldas de las montañas... con todo el suministro de metales cortado quizá para siempre. Las minas de Auerswald nos habían surtido de metal para nuestras armas y nuevos ingenios durante décadas, y las necesitábamos.
Además... estaban las pérdidas humanas... cómo saber cuántos habían perecido, o cuántos permanecían bajo su enfermo poder, como rehenes o esclavos... o juguetes para su lasciva y bestial imaginación animal.
Por eso, en los presupuestos de la campaña invernal, sie fijó como prioridad tomar Grunburg y rescatarla de sus garras y fauces.

Como desconocíamos su número, pero teníamos registros de situaciones anteriores que nos hacían pensar en una cantidad ingente, hicimos marchar por el camino del Arroyo a dos mil hombres a pie, cuatrocientos a caballo y dos regimientos de las nuevas "máquinas de guerra", que llegarían una jornada después de los primeros soldados debido a su tamaño y las características del terreno.

Sentimos que nos observaban justo tras pasar el "codo": era el tramo de camino desde Altdorf que deja el Río y empieza la pendiente hacia Grunburg, subiendo el Arroyo con Reikwald a la derecha. Pero no stragamos el miedo y continuamos, sbienod perfectamente que estábamos a la merced de sus arcos y lanzas... quizá vieron que éramos demasiados y que, obviamente, de nada servirían las emboscadas por parte de uno de sus "regimientoss": normalmente manadas de noi más de cinucenta bestias.

El  cartógrafo que dirigía nuestra Campaña dedujo que nos situábamos a unos cinco kilómetros de Grunburg cuando ya no pudimos avanzar más.
Una empalizada levantada sobre el Arroyo y el Camino, fabricada con madera, ladrillos de adobe y huesos humanos, se izaba de punta a punta del llano, internándose a ambos lados en la sombra del bosque... donde ningún Hombre puede entrar y salir luego de allí de una pieza.
Un silencio de muerte se hizo entre todos nosotros...

...el primer paso para la toma de Grunburg sería, inexorablemente, derribar y traspasar aquel macabro y pestilente muro.
Desconociendo absolutamente cuanto nos esperaba detrás."

Crónicas de Altdorf, tomo XXIV. Primer mes de invierno.
Heinrick van de Nerwe.

El Imperio, Warhammer Fantasy

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