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3 de octubre de 2014

Filosofía barata: contra la costumbre.


Mariam al Mansuri

            Hablando con un amigo, Guardia Civil de derechas y católico por cierto, me ha enseñado un artículo de Arturo Pérez Reverte con el que ambos estamos totalmente de acuerdo… y que, junto con la escueta pero interesante conversación, me ha inspirado a escribir esta breve entrada en el blog, retomando el índice de filosofía barata que tantos meses duerme abandonado.

            El Fraternalismo está en contra de la costumbre, porque ésta es una de las personificaciones más ilógicas y estúpidas de la doctrina del pasado; enemiga como todos sabéis del verdadero Fraternalismo. No todas las costumbres o, mejor dicho, casi ninguna costumbre tiene sentido real en el presente social que hoy vivimos (me refiero a Europa en el Siglo XXI, que es la sociedad que conozco y en la que habito). Mucho menos, costumbres que nos son ajenas tanto a quienes vivimos en esta sociedad como a la sociedad misma. Es decir, las costumbres, malas costumbres, importadas de otras sociedades más o menos vecinas a la nuestra. Esto no es racismo: he dicho que estoy en contra de mis propias malas costumbres, y lo lógico es estarlo también de las ajenas… de otro modo, me contradeciría. Y, para ejemplificar el doble rasero del acusador, pondré el siguiente ejemplo: en el programa de Cuatro “Palabra de gitano” hay un episodio dedicado al “duende”; como a todo español me gusta Camarón de la Isla y le pongo a mi hija flamenco para que se desate y baile; dicho esto, en ese episodio el manager de un bailaor declara que los gitanos tienen duende y los payos no porque, y es más o menos textual, los payos se entretienen con la tele y otras cosas mientras que los gitanos se ponen a bailar, cantar y dar palmas… no hay nada de racista en el comentario; pero vamos a darle la vuelta: si ese manager fuese un profesor, y ese niño gitano bailaor fuese un niño payo aspirante a una beca de estudios, y el profesor afirmase que los payos tienen estudios porque mientras los gitanos se ponen a cantar y bailar, los payos leen libros; lo tildarían de racista incluso antes de terminar la frase. Pero, para los escépticos, iré más allá copiándome del ejemplo que relata Pérez Reverte: cuando la India estaba ocupada por el Imperio Británico, a un oficial le espantó que quemaran vivas a las viudas en las piras funerarias de sus difuntos maridos y,  al denunciarlo, aquéllos le respondieron que era “su costumbre”; a lo que el oficial inglés contestó que haría formar un patíbulo en cada pira funeraria, y que fusilaría a todo aquel que obligara a una viuda a quemarse viva en la pira: así cada cual continuaría cumpliendo con su propia costumbre. Desde aquello, no se volvió a quemar viva a una viuda en una de esas piras.
            Hay malas costumbres: las que van en contra de los derechos humanos (niqab, quemar viudas, ablación, obligar a ir a misa, etc.); las que van en contra de los derechos animales (toro de la vega, tirar a una cabra de un campanario, la cacería de rinocerontes, etc.); las que se basan en prejuicios insostenibles (los payos no tienen duende, los gitanos no estudian, etc.); y es tarea del ser fraternalista, si realmente desea convertirse en superhombre Tau, abolirlas.
            Primero en uno mismo, luego en su entorno y, finalmente, en el marco del fraternalismo puro. Tampoco digo que nos expongamos a ser apedreados por un pueblo, ni a ser denunciados por una princesa qatarí, o tildados de racistas por esta u otra comunidad religiosa o étnica… obligándoles a dejar sus costumbres, malas costumbres, por al fuerza: nos convertiríamos en fanáticos si así lo hiciéramos. Hay un medio mejor, más eficaz y seguro para nuestra integridad moral y física: la Ley, su modificación bajo la presión social, y el cumplimiento estricto de la misma.

            Estamos hartos de prejuicios; pero también de argumentos irresponsables que convierten todo lo que se opina en un prejuicio… recuerdo a Abdul Haji, el civil musulmán de Nairobi que, en los atentados del West Gate por Al Shabaab, cogió su arma de corto alcance y se enfrentó a los terroristas “islámicos” de forma voluntaria.
            Vamos a dejarnos de acusaciones y tonterías, y abolir de una vez y para siempre las malas costumbres, sean cuales sean y vengan de donde vengan… porque, si no lo hacemos, pronto y con contundencia, no vamos a evolucionar nunca.

Dedicado a Abdul Haji y Mariam al Mansuri.

Abdul Haji

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